Opina Calabrese: ¿Puede morir la Justicia?

OPINIÓN

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Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

Lectura: 3 minutos

Ha muerto el Juez Bonadío y el hecho natural de su deceso, más allá de los fastos y recuerdos merecidos, nos pone de cara a la realidad argentina y a la indefensión ciudadana.

No importa su biografía para esta reflexión, ni las opiniones de quienes le amaron u odiaron, importan los hechos objetivos que nos dejó como ejemplo.

Cuando el Poder Judicial perdió el respeto de la sociedad, por ser el más cobarde los poderes, con honrosas excepciones, que demostró desenvolverse solo en la impunidad, al perseguir la corrupción administrativa cuando los gobernantes abandonaban el poder; cuando el edificio de Comodoro Py sede de los moralmente devaluados tribunales federales se transformó en un Corso de carnestolendas anuales, por el cual desfilaron como comparsas, subsidiados con bombos y choripanes, aplaudiendo a los imputados, delincuentes y criminales; Cuando en sus Tribunales los procesados eligen el lugar donde sentarse frente al tribunal, fuera del banquillo de los acusados y entre el público adicto, para después desafiarlo con total insolencia y no responder a las requisitorias fiscales; cuando algunos judiciables se creen por encima de la ley, hubo un Juez que los desenmascaró, devolviéndonos la esperanza de que todos somos iguales ante la ley.

No sé cuántos procesos, prisiones preventivas, varios pedidos de desafuero, diversas elevaciones a juicio por múltiples estafas con la obra Pública, con cohechos reiterados, con abusos de autoridad y asociaciones ilícitas, debidamente acreditados dictados por el Juez Bonadío devolvían la credibilidad a la vapuleada justicia.

Hoy ya no está.

El interrogante es quien ocupará ese vacío.

Si es interinamente por sorteo entre los otros jueces federales nada nos indica que continuará la espada de la Justicia cayendo sobre quien sea, cualesquiera fueran las posiciones que ocupen los culpables, a tenor de las tantas causas que por hechos similares duermen irresueltas en otros tribunales.

Lo que es peor aún, vendrá la etapa que tratará de desacreditar al Juez, como ya ocurrió con el Fiscal Nisman, por ejemplo, para justificar al reemplazante a modificar aquellos sanos criterios de condena.

Si es por la designación de un nuevo magistrado reemplazante definitivo, recordamos las amenazas a Bonadío e indirectamente a todos los jueces que profiriera el hoy Presidente de la República cuando apenas era candidato, siendo quien es, el que lo elige de los que le elevará el Consejo de la Magistratura.

Nos queda , por cierto, menguada expectativa.

¿Será que ha muerto la Justicia en Argentina?

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