Opina Calabrese: Camino a Venezuela sin escalas

OPINIÓN

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Foto: Santiago Sito

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

Lectura: 4 minutos

En los doce años anteriores, la primera etapa, destruyeron definitivamente a las Fuerzas Armadas, nos arrojaron a una espiral inflacionaria imparable de dos dígitos, y desquiciaron a una económica de por sí endeble, a pesar de haber tenido en los primeros años con la inversión de los términos del intercambio y el incremento fabuloso de las commodities, la mayor fuente de ingresos que tuvo el país desde la primera década del siglo pasado.

Ahora transitamos la segunda parte: desarmaron todos los protocolos de seguridad, eliminaron a la secretaría de la lucha contra el narcotráfico, y van camino a destruir a las fuerzas de seguridad, las únicas que quedan, hoy despreciadas por su inoperatividad hasta por gobiernos de su propio signo como el de la Provincia de Buenos Aires.

Pero esto quedaría incompleto si se mantuviera alguna señal de independencia en el más timorato y claudicante de los poderes que es el judicial.

Para contribuir a la erradicación de cualquier atisbo de justicia platean la reforma previsional y la de la organización del Poder Judicial. En la primera apuran la jubilación de los jueces con la ley actual antes de modificarles el elevado porcentaje de movilidad con la próxima, que se verá reducido a partir de su vigencia.

Ya hay decenas de ellos iniciando los tramites.

Cargos que quedaran para ser cubiertos por adictos.

En la segunda se retiraron los pliegos enviados al Senado por el Gobierno anterior con los candidatos seleccionados por el Consejo de la Magistratura, para poder nominar a otros, integrados con los candidatos de Justicia Legitima o que comulguen con la política militante del oficialismo.

Se habla por ejemplo de Ramos Padilla, el juez de Dolores que quería neutralizar la investigación llamada «de los cuadernos», la prueba más evidente de la magnitud de la corrupción kirchnerista, para designarlo en el importantísimo Juzgado número 1 de La Plata que tiene la secretaria electoral a fin de controlar el proceso en la provincia que decide cualquier elección.

Pero también se comenzó con la destrucción de la opositora clase media, con la «licuación jubilatoria», pues hoy han perdido en promedio los jubilados de todas las categorías el 37% según los datos relevados por la consultora «Econométrica». A este paso el achatamiento de la pirámide y la igualación al haber mínimo será uniforme en brevísimo tiempo.

Este es el paso previo a llegada de la «Nueva Clase», a la que hacía referencia en décadas soviéticas Milovan Djlas, es decir a la de los burócratas que se diferenciaban de los proletarios que eran todos los restantes.

Los dichos, sobre la economía, la deuda, y la supuesta persecución judicial, referencias a presos políticos entre otras, desde la Cuba Castrista, de la Jefa reconocida, apoyados y ratificados por un presidente cuya palabra que cambia de un día para otro según le acomode, negando lo que ayer afirmaba y viceversa, devaluando moralmente su figura y a la de la institución, son una prueba concluyente.

Parece mentira, pero con el comercio interior y exterior y el mercado de divisas controlado, con la presión fiscal más alta del mundo, y con la Afip, El Pami, Anses, Banco Nación y cualquier otra caja recaudadora en manos de jóvenes de La Cámpora, ya no lo es tanto.

Por estas razones, la ingenuidad, la indulgencia y la indolencia sobre lo que está ocurriendo nos golpeará de manera certera, como ocurrió en el país hermano, y cuando nos demos cuenta será irremediablemente tarde.

La actitud acomodaticia de los que se asocian, aceptan cargos o simplemente abandonan los puestos de lucha contra el régimen, sometiéndose, son poco menos que traidores a un país que yace inerme ante el atropello sin nadie que lo defienda.

Pero a ellos, los tránsfugas, los aventureros, la ventaja solo les servirá el tiempo que dure su prebenda o privilegio, luego se unirán también a todos nosotros, ya hundidos en la peor de las perspectivas, pero con la mayor de las máculas y la vergüenza de dejar de haber sido.

Así está empedrado el camino a Venezuela.

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