Opina Flombaum: Argentina no tiene margen

OPINIÓN

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Foto: Santiago Sito

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

Lectura: 6 minutos

Son muchos los países que a fines de este año o en el curso del próximo tendrán que enfrentar procesos electorales.

Alguno de ellos realmente trascendentes para sus países y para el mundo. Los EE. UU. en noviembre de este año, Alemania antes de octubre del próximo.

Sin duda dos potencias mundiales, ambas han sufrido la pandemia tanto en lo referente a las pérdidas de vida como en la caída de sus economías, pero aun con diferencias y ambos con grandes desafíos por delante, tanto los sistemas como el estado de las naciones no corren peligro.

El mundo deberá repensarse, las relaciones financieras, comerciales, industriales, serán diferentes, casi todos los países de Europa y América tienen un recorrido difícil, pero con cierta certidumbre, porque sus bases institucionales previas ayudan.

Argentina tiene debilidades estructurales, el estado no cumple con su cometido, no tenemos una moneda que permita una política monetaria creíble, los que tienen capacidad de ahorro solo mirar al exterior para canalizarlo, la pobreza que era enorme respecto de la capacidad de sus recursos, se agravó.

Pero todo esto que ya es conocido y con una economía arrasada por la pandemia lo enfrentamos con un año electoral por delante.

Muchos piensan en 2001 como antecedente, no es útil desarrollar las diferencias que son muy fáciles de recordar, quiero sí pensar en las coincidencias, para no volver a cometer los errores que llevaron a que la decadencia siguiera su curso.

En aquel momento se recurrió con inteligencia y altruismo a un gobierno con acuerdos sociales, económicos y políticos, porque, si bien era un gobierno presidencialista por nuestra conformación constitucional, su poder era parlamentario por su origen.

Lamentablemente al remedio para sobrellevar la crisis no le sucedió un acuerdo político a largo plazo que garantizara una reconstrucción sustentable y duradera.

Todo terminó acosado por organizaciones marginales que electoralmente nunca representaron más del 5% del electorado y por ambiciones desubicadas de exfuncionarios y de oportunistas del momento que viendo la debilidad institucional del gobierno, a cargo, pensaron en el asalto al poder como oportunidad.

Si ese proceso de acuerdos hubiera garantizado una continuidad de dos mandatos para adelante hoy la historia de nuestro país sería otra, porque la necesidad de mantenerlo hubiera garantizado el consenso y la fortaleza de los gobiernos sucesores.

Pero no nos detengamos en el pasado, quise solo diferenciarme de aquellos que piensan que repitiendo aquella experiencia alcanza para afrontar esta nueva y más profunda crisis.

Argentina no tiene margen para el error. Por delante tenemos dos abismos, uno el del conflicto social desmadrado e incontrolable y el otro la emigración ya no solo de los ahorros sino de la reserva de conocimiento que tenemos en los jóvenes más preparados, que en este mundo interconectado encontraran oportunidades que nuestro país no les dará.

Nunca en mi vida he escuchado con tanta insistencia y convicción en los jóvenes profesionales surgidos de nuestra clase media y de los trabajadores formales, decir, «me voy, aquí no tengo futuro».

En 2001 se siguió una hoja de ruta correcta, primero se conformó y se consolidó un acuerdo político, que le dio al gobierno una mayoría en ambas cámaras, pero una mayoría pluripartidaria, no absolutista.

Luego se conformó un gabinete que representaba a esa mayoría parlamentaria, recién después se convocó la Mesa del Diálogo Argentino en la cual participaban todos los sectores económicos, sociales y culturales.

Se tomaron las medidas que le permitió al país retomar una senda de crecimiento económico, pero no se pudo proyectar porque el acuerdo político que dio origen a este gobierno de transición fue de corto plazo.

Ese error es el que hoy debemos tomar como experiencia. Argentina necesita un acuerdo político que le de al gobierno que administre esta enorme crisis un consenso que le permita tomar las medidas que el país necesita. Pero ese acuerdo debe consolidarse con la firma de presupuestos que empiecen por el de 2030 para ir armando los anteriores hasta llegar al de 2021.

Esos presupuestos deben tener como origen el compromiso de que solo pueden ser modificados por una mayoría especial de los dos tercios de ambas cámaras, a los dos años de cumplir ese acuerdo Argentina recobrará la credibilidad para, en ese momento, hacer un blanqueo que permita que retornen por lo menos la mitad del dinero que los argentinos ahorraron fuera del país.

La estructura productiva de Argentina no estaba bien antes de la pandemia, la decadencia era el destino, para el futuro deberá haber incentivos para algunos y desincentivos para otros.

Con ese acuerdo se puede convocar a la Mesa del Diálogo Argentino para lograr el compromisos de todos los sectores a participar en los distintos organismos multisectoriales que deberán controlar el desarrollo de los planes expresados.

Convocar a los distintos sectores previo al acuerdo político es someter al gobierno a la puja distributiva antes de que el país tenga algo para distribuir, cosa que sucedió en 2001.

Es imprescindible incorporar en esta nueva convocatoria a los nuevos actores de la vida social. Los organismos que luchan por los nuevos derechos, el cuidado del ambiente, la no discriminación, la integración de una política de género que integre a todos.

Es imprescindible incorporar a esos sectores que son lo más movilizados en todo el mundo occidental, esa será condición para convocar a los más jóvenes a participar del proceso de reconstrucción.

Argentina no tiene margen para el error, por eso es necesario que en este proceso se incorpore a la sociedad en su conjunto, condición para poder recuperar la educación de calidad, potenciar la cultura del trabajo y romper con la anomia generalizada que la corrupción, la inflación y la especulación ha impuesto en nuestra comunidad.

Cuando las crisis llegan a los niveles como el que enfrentamos, con pobreza e indigencia récord y con la juventud sin horizonte, es cuando debemos ser muy indulgentes con el pasado para que no sea obstáculo para el reencuentro, con el dolor, pero con la grandeza que eso supone.

«La mentalidad de venganza destruye estados. La de reconciliación construye naciones». (Nelson Mandela)

¡¡ARGENTINOS A LAS COSAS!!

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