Opina Calabrese: Bramuglia (I)

OPINIÓN

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Juan Atilio Bramuglia / Foto: Desconocido

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

*El historiador y abogado Calabrese rescata nuevamente para LaCity.com.ar un período de la historia argentina vinculado con el gobierno de Perón en su primera etapa 1946-52. En este particular caso, se ocupa del rol que cumplió el Ministro de Relaciones Exteriores Juan Bramuglia en la denominada Crisis de Berlín, un dramático suceso que puso otra vez a Europa al borde de una confrontación armada. Con la maestría que caracteriza la exploración historica de Calabrese, este fino intelectual que rechaza integrar la categoría de «historiador» realiza un significativo aporte a un acontecimiento olvidado de la biblioteca oficial de las relaciones internacionales donde la Argentina jugó un papel trascendente. Ofrecemos la primera parte. ¡A disfrutar!

 

 

 

Bramuglia, el cóndor de la paz

 

Lectura: 10 minutos

El Vultur Gryphus o Cóndor, Kuntur en quechua, es el ave terráquea más grande del mundo y la que vuela más alto, siendo natural de los Andes, vive en sus estribaciones, hasta los 5.000 metros de altura, siendo hoy una especie en peligro de extinción.

En toda Sudamérica, de océano a océano, es un ícono de la magnificencia y la grandeza de la región. Para algunos de sus países es un símbolo nacional. Los Incas lo consideraban inmortal.

En su actuación, ejerciendo la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la crisis de Berlín, impidiendo en 1948 una tercera conflagración mundial entre Este y Oeste, el Canciller Argentino, Juan Atilio Bramuglia, tuvo el vuelo de los cóndores, el más alto que se pueda esperar.

 

El personaje

Sus datos biográficos se pierden en el tiempo, pero se sabe que nació en 1903, en Chascomús, Provincia de Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos, su padre de ideas anarquistas, como tantos de sus compatriotas, trabajaba de maquinista de trenes y era militante sindical en la «Unión Ferroviaria».

Huérfano del mismo a temprana edad, comenzó a ayudar a su familia a los 9 años con todo tipo de trabajos remunerados, entre los que se puede mencionar, ya adolescente, la estiba del trigo de exportación en los talleres ferroviarios de Barracas al sur, en la ciudad Capital.

Responsable y voluntarioso, no interrumpiría a pesar de las adversidades sus estudios escolares y después universitarios, graduándose de abogado a los 22 años en la facultad de derecho de la Universidad de La Plata.

Si el mérito es una virtud, todo acredita que él la poseía.

Con ideas socialistas se fue introduciendo en la política desde la vida sindical en la referida «Unión Ferroviaria», siguiendo los pasos paternos.

Entre los antecedentes y papeles personales, recopilados prolijamente durante el transcurso de su vida, que se encuentran archivados, por disposición de sus familiares directos, en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, en la Hoover Institution, resalta una carta dirigida al director del diario nacionalista «La Fronda» en 1941, que le había calificado como comunista, en donde manifiesta su rechazo e indignación al respecto, presentando como respuesta su credo social y político.

Fue primero un estudiante destacado y luego se dedica a la docencia universitaria por su especialización en una rama del derecho en plena evolución, el derecho laboral o del trabajo.

Su cercanía con el Dr. Mario Bravo, a quien admiraba, lo lleva a adquirir en ese mundo académico y profesional, un prestigio que lo consagra, a la postre, como abogado de diversas organizaciones obreras y sindicales, llegando a representar, a su tiempo, hasta la propia Confederación General del Trabajo.

Luego de publicar varias obras sobre el tema, Perón lo incorpora a la recientemente creada Secretaria de Trabajo y Previsión, según se dice, nacida de un decreto redactado por el propio Bramuglia en colaboración con José Figuerola.

Una vez en ella, lleva consigo a dos abogados, considerados en su momento como grandes especialistas en la cuestión, uno proveniente del radicalismo, Carlos Desmarás y otro de origen conservador aunque discípulo dilecto del Dr. Alfredo Palacios, el Dr. Eduardo Stafforini, a quien se le sindica inclusive, como autor de las «veinte verdades», resumen del ideario justicialista.

Para él no importaba el origen, despuntaba un orden nuevo y nada mejor que construirlo con los mejores hombres.

Se recuerda que en solo dos años de creado el organismo, en el aspecto previsional, se habían otorgado más jubilaciones que en los 50 años anteriores por el Congreso de la Nación.

A partir de allí, desde aquella Secretaría de Estado que lleva a Perón al cenit de su popularidad, se organizan los sindicatos y estos dejan de ser según explica Bramuglia, «sociedades de resistencia», para desarrollar además de la lucha por el salario, mejoras de las condiciones de trabajo y en el ámbito cultural que lo rodea, que van desde las mutuales a las educativas, creando bibliotecas propias para desterrar al flagelo del analfabetismo mediante la instrucción para adultos.

Las organizaciones obreras, a partir de aquella época, dejan de ser de izquierdas, entre anarquistas, socialistas y comunistas, para ser peronistas, por detrás de diversas conquistas a las que Bramuglia, Desmarás y Stafforini, le daban forma normativa, siguiendo las ideas de Perón o poniendo en práctica leyes precedentes pero olvidadas.

Nombrado interventor de la Provincia de Buenos Aires, en el proceso previo al triunfo electoral, hace acompañar a la formula Perón-Quijano y basado en su prestigio y honestidad, acuerda más confianza al apoyo dentro de la dirigencia sindical.

Asumido el Poder por Perón, no puede obtener la designación en el poderoso Ministerio del Interior, que era su aspiración, pues es designado Ángel Gabriel Borlenghi a cargo de él, otro socialista, pero a diferencia suya, autodidacta, aunque inteligente y pragmático, con experiencia en su carácter de representante de la poderosa «Confederación General de Empleados de Comercio».

Como compensación y para no irritar a la también importante «Unión Ferroviaria», se designa como Ministro de Relaciones Exteriores a Juan Atilio Bramuglia, un cargo al que por aquella época y a los fines de la política interna se lo consideraba de poco peso o influencia.

Además como recuerda Desmarás, para el cual carecían de preparación, dado que solo conocían de derecho internacional a la materia que habían rendido en la facultad.

 

Los antecedentes inmediatos de la política internacional

La prédica de Spruille Braden, Subsecretario de Estado de Norteamérica para asuntos latinoamericanos desde 1945 a 1947, que había sido con anterioridad el embajador de EE. UU. en el país y gran impulsor de la «Unión Democrática» en su enfrentamiento con Perón, había influido con éxito no solo en su gobierno y en el pueblo norteamericano, sino internacionalmente, señalando al peronismo como un engendro fascista y nazi, que debía ser aislado vedándole el acceso a los organismos internacionales entre otras discriminaciones.

La postura germanófila de las fuerzas armadas argentinas, de evidente formación prusiana, la neutralidad en la guerra y la migración de líderes nazis e italianos después de 1945 a América del Sur, en particular a la Argentina, ayudaban a aquel concepto.

Perón se propuso desde el primer día al asumir, revertir esta opinión a pesar de su retórica nacionalista, del Plan Quinquenal que previa una fuerte intervención estatal en la economía y de la «Tercera Posición» ideologica, ideas equidistantes de ambos extremos en un mundo que se perfilaba claramente bipolar.

La postura del Presidente Harry S. Truman, sucesor de Roosevelt, abiertamente anticomunista, influyó a favor de la inclusión de Argentina en la Naciones unidas junto al trabajo equilibrado del Canciller Bramuglia y al fogoso enfrentamiento en fuertes duelos verbales con el embajador soviético, del argentino José Arce, de notable labor.

Pese a ello había incomprensión ante la «Tercera posición» declamada por Argentina.

En agosto de 1946, el Presidente argentino ya había declarado que siendo su país parte de América se alinearía con los Estados Unidos y los países de la región en cualquier conflicto futuro.

No obstante que Perón había anunciado previamente, el 6 de Junio de 1946 el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, pese a recibir desde allí, múltiples sospechas por esa postura doctrinal.

El historiador Arthur Whitaker decía que la «Tercera Posición» era una búsqueda de «poder de regateo» para negociar, a pesar de lo cual emergía más clara la imagen del Canciller, que se suponía conducía dichas relaciones.

Recuerda Raanan Rein en su biografía, que en aquel momento el reemplazante de Braden como embajador en Argentina, George Messersmith, enviaba un informe secreto al Departamento de Estado con el siguiente contenido: «El Dr. Bramuglia es… el miembro más destacado del gabinete argentino. Es una persona de orígenes humildes y se ha convertido en abogado y estuvo estrechamente vinculado a movimientos sindicales durante varios años antes de la guerra. Es conocido por ser un elemento razonable, comprensivo y constructivo en el movimiento sindical argentino definitivamente anticomunista y durante la guerra fue abiertamente amigable para con los Estados Unidos y las Naciones Unidas… no hay ningún jefe de misión de ningún país en Buenos Aires que no esté convencido de su sinceridad y que no lo respete como persona y como Ministro de Relaciones Exteriores».

Hacia 1948, consolidada la situación internacional del país y su posición y su prestigio como Ministro del área, es que se produce la llamada «Crisis de Berlín», considerada por muchos como la antesala de la tercera guerra mundial.

Berlín, la capital del ex-Reich, enclavada 160 kms. dentro de la llamada zona soviética, estaba ocupada, sin embargo, por los 4 aliados.

Estados Unidos desde 1947 comenzó a hacer esfuerzos para transformar en una zona económicamente fuerte a la ocupada por las fuerzas aliadas, y en esa tesitura reemplazó al devaluado ReichmarK, por el Deutschemark, en una relación de 10-1 como moneda única.

Los rusos, quedaron muy contrariados por ello, dado que la notoria prosperidad de los alemanes bajo la ocupación occidental ponía de manifiesto la gran diferencia con los que habían quedado del lado soviético y adujeron que era violatorio de los acuerdos de Potsdam.

Inmediatamente cercaron la ciudad y el comandante de las fuerzas norteamericanas apostadas allí, Frank Howley, dijo que fue la acción más bárbara de la historia desde Gengis Khan.

Por su parte el General Lucius Clay, comandante en Jefe de todas las fuerzas norteamericanas de ocupación, expresó que si Berlín caía en manos de los rusos, después harían lo mismo con toda Alemania y con posterioridad caería toda Europa.

Tal era el peligro de la situación.

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