Protestas por ley de seguridad en Francia

INTERNACIONAL

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Foto: Jeanne Menjoulet

Lectura: 3 minutos

Cientos de miles de personas tomaron las calles de casi 90 ciudades francesas para expresar rechazo al controvertido artículo 24 del proyecto de ley de seguridad global, que prohíbe la difusión de imágenes de miembros de las fuerzas de seguridad.

Bajo eslóganes como Basta, Macrón o ¿Quién nos protege del estado policial?, entre otros, los activistas —entre ellos miembros del movimiento antigubernamental Chalecos amarillos— y periodistas salieron a las calles en todo el territorio del país. Los manifestantes sugieren que el polémico documento viola la libertad de información y fomenta el racismo sistemático y la brutalidad policial, los desafíos que enfrenta actualmente el Gobierno de Macron.

Las protestas pacíficas que tuvieron lugar por primera vez el 28 de noviembre derivaron en disturbios y violentos enfrentamientos entre los activistas y los agentes de Policía.

«Francia está enferma de inseguridad». Así lo reconoce el ministro del Interior del gobierno de Emmanuel Macron, Gerald Darmanin, tras un verano sangriento salpicado con actos de barbarie y violencia.

Conductor de autobús masacrado por exigir el uso de la mascarilla en su vehículo, joven enfermera muerta después de ser arrastrada durante 800 metros por un automóvil, gendarme atropellada y muerta en un control, ciudadanos apaleados o acuchillados por una mirada, por negarse a dar un cigarrillo o por cruzar un paso de peatones «demasiado lentamente»…

En Francia, es mejor mantener la boca cerrada y no hacer reproches a nadie si uno quiere conservar la vida. El término ensauvagement de la sociedad, que en español podría traducirse como barbarización o vandalización se ha convertido en la palabra más utilizada por unos medios de comunicación hasta hoy mismo reticentes a hacerse eco de «simples sucesos».

El nuevo ministro del Interior se ha subido a la ola de la denuncia y rompe así un tabú de décadas sobre la inseguridad ciudadana, un asunto que tanto la izquierda como la derecha tradicional siempre prefirieron dejar en manos del Frente Nacional de la familia Le Pen.

Darmanin sigue el paso de los que denuncian que el término «incivilidad» es demasiado suave para reflejar lo que está ocurriendo en el país. No se trata ya de falta de educación, de desprecio a las normas básicas de convivencia, es un fenómeno que incluso los sociólogos especializados en delincuencia ya empiezan a dejar de banalizar.

El filósofo Michel Onfray, que se declara de izquierdas, reprocha al Estado ser tolerante con la delincuencia salvaje: «por mantener la paz social, se llegará a la guerra civil», asegura el editor de la publicación «Frente Popular» y uno de los más comprometidos defensores del movimiento de los chalecos amarillos.

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