Dramática situación social en el Líbano

INTERNACIONAL

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Foto: Evan Bench

Lectura: 3 minutos

«No tenemos nada más que perder, porque ya lo hemos perdido todo». Este fue el lema que coreó el miercoles una multitud cada vez más enfurecida, al volcarse a las calles y plazas de varias ciudades libanesas para manifestarse contra el continuo derrumbe de la moneda local y una crisis política que amenaza con hundir el modelo en el que se basa la nación.

En el mercado negro un dólar se cotizaba a la cifra récord de 10.000 libras libanesas, un valor sin precedentes.

Desde Tiro a Akkar, pasando por Nabatiye y Saida, desde la capital a Bekaa, Jbeil, Trípoli y Batrún, se oye el mismo grito desesperado contra una clase política y dirigente considerada cada vez más como el origen y la causa de la crisis que se cierne sobre el País de los Cedros desde hace más de año y medio. En Beirut, los manifestantes cortaron las carreteras y prendieron fuego a neumáticos y contenedores al grito de «El pueblo quiere la caída del régimen».

«No tenemos electricidad desde hace dos semanas, el dólar se cotiza a 10.000 libras, no hay trabajo para los libaneses», dice a L’Orient-Le Jour (OLJ) un manifestante que no quiere dar su nombre, pero dice que viene de Khandak el-Ghamik, feudo del movimiento Amal.

«Estamos en contra de todos», dice, haciéndose eco del lema de las manifestaciones del 17 de octubre de 2019, y luego aclara que el presidente del Parlamento, Nabih Berry, y el líder de Hezbollah, Hasán Nasralá, son «excepciones».

«Cortamos las calles, porque no tenemos electricidad, ni dinero, ni seguridad», grita Omar, de 18 años, del barrio de Aïcha Bakkar. «Aquí», continúa, «todos los manifestantes son chiíes y yo soy suní, pero somos solidarios». Dice que quiere luchar «contra toda la clase política, a excepción del jeque Saad» (Hariri, el primer ministro en funciones).

Un escenario similar se da en la intersección conocida como Chevrolet, en el barrio de Furn el-Chebback. «No tenemos más dinero», grita Antoine, de 20 años, estudiante de la Universidad Saint Joseph, «nuestros padres ya no pueden pagar nuestras tasas universitarias».

Como telón de fondo, la policía vigila, aunque sin intervenir en las manifestaciones callejeras a la deriva, y el aire se hace cada vez más irrespirable por la quema de neumáticos.

«Ya no puedo pagar las tasas universitarias», dice Elías, de 21 años. El joven está convencido de que el levantamiento popular no ha terminado y es sólo el comienzo de un camino mucho más largo. Para Fouad, de 43 años, que lleva un año desempleado, es esencial que los libaneses «se muevan para librarse de una clase política que no deja de ignorarnos».

Otro artículo de interés: Alarma por parálisis política en El Líbano

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