Suma que Resta, escribe Hugo Flombaum desde Buenos Aires

OPINIÓN

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Foto: Gerd Altmann en Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

Supongamos que las reivindicaciones sectoriales, ya sean empresariales, sindicales y sociales se conceden en su gran mayoría, o simplemente un gobierno elije a un grupo de ellas, ¿que nos pasa a todos en general?

Las retenciones al agro desaparecen, los impuestos al trabajo disminuyen drásticamente, los despidos se prohíben, los alquileres se congelan, las tasas bancarias se subsidian, los docentes ganan el doble y se mantiene el estatuto del docente, se establecen cupos en todas las actividades que garanticen la diversidad social y cultural, y podríamos seguir y seguir.

La dirigencia política administra los reclamos para lograr de esa manera el consenso para gobernar. Elige del conjunto de sectores reclamantes a aquellos que le garanticen los votos para ganar elecciones.

Ahora bien, esos sectores «beneficiados» ¿logran sus objetivos?

Sin un plan general que enmarque un derrotero virtuoso nada parcial logrará su verdadero objetivo.

Los productores se verán acosados por una sociedad con necesidades básicas insatisfechas, los discriminados no obtendrán trabajo y los trabajadores tendrán menos trabajo formal y más trabajo casual o sin trabajo.

En los últimos días circuló una encuesta que mostraba a los productores rurales con una muy baja consideración en la opinión pública. En esa injusticia hay responsabilidades repartidas.

El sector mismo se abstrajo de participar de la vida institucional de la Nación hace mucho tiempo, sólo lo hacía para reclamar. Representan a más del treinta por ciento del PBI nacional y se ausentan de la lucha por el poder. Algo que no sucede en ningún lugar del mundo.

Por otro lado, el sector público tiene en la bioeconomía a las actividades más competitivas y que más mano de obra directa e indirecta ocupa, en el sector privado, la que distribuye la población de forma más racional y con menor costo en infraestructura. Es la actividad que más divisas aporta. Sin embargo, o se la castiga en sus mensajes o se la ignora.

En nuestro país la bioeconomía debería ser materia obligatoria en todos los estamentos educativos, las granjas y las chacras escuelas deberían ser de visita obligada para todos los estudiantes.

Los jóvenes impulsados por las redes sociales globales tienen sus reivindicaciones. Esos sectores sociales embanderados en la antidiscriminación logran conquistas que en países con desarrollo económico y productivo pueden capitalizarse, aquí se convierten en nueva trabas y sobrecostos para una sociedad empobrecida.

Recurro a otro ejemplo. Los camioneros han sido enemigos del tren o del transporte fluvial para mantener sus fuentes laborales, y han impedido que la disposición de la basura sea más racional (en gran parte de los países desarrollados se retira la basura una vez a la semana) para mantener la cantidad de camiones circulando en calle, abultando de esa manera tanto los precios de los productos como la de las tasas municipales.

Las reivindicaciones particulares tienen sentido en un cauce general virtuoso, sino se convierten en suma de contradicciones.

Los partidos políticos tienen una relación de toma y daca con los diversos sectores para de esa manera obtener los votos que necesitan para ganar las elecciones que les garantiza su fuente laboral en el estado.

Tanto los ejecutivos como los legisladores se ocupan de administrar reivindicaciones en lugar de conducir a los gobernados a ser parte de un proceso productivo integrador.

Se habla de planes, de acuerdos, de pactos, todos ellos necesarios. Lo primero que debemos hacer es ganar la voluntad de las parcialidades para un objetivo general.

Solo con una voluntad colectiva puesta en paralelo podremos organizar la puja de los sectores que tienen la legitimidad que les da su propia existencia.

Pero sin un objetivo común ningún sector podrá sobrevivir a la crisis general.

Parece un deseo inocente, pero no lo es, es condición necesaria.

Se avecinan las elecciones parlamentarias, no son una más. En ella se está debatiendo que camino tomaremos en la post pandemia.

El mundo nos muestra una nueva división, después de una etapa de mono comando, los otrora países comunistas hoy representan el paradigma del capitalismo más rabioso, mantuvieron incólume un sistema político centralizado de partido único y se presentan como una alternativa de poder al débil sistema democrático liberal.

Tanto en Rusia como en China la organización institucional no cambió nada. Pero exhiben un cambio muy significativo en lo económico y en lo educacional.

China ha incorporado al consumo y a lo que se conoce como clase media a centenares de millones de habitantes. Ha incorporado a millones de jóvenes a los nuevos trabajos, ha desarrollado una educación de excelencia para sus generaciones de nuevos trabajadores.

Para eso consolidó un gobierno centralizado, super eficiente y controlador, con una corrupción también centralizada y controlada férreamente y con un único objetivo mejorar la calidad de vida de sus habitantes, para eso contaron con un pueblo diciplinado y convencido de su rol en la sociedad, soy un descreído de que más de mil millones de chinos sean sojuzgados.

Este sistema poco comprensible para nosotros tiene como antecedente una historia de seis mil años de gobiernos autoritarios.

Algo parecido pasó en Rusia, del autoritarismo zarista al comunismo y ahora a la autocracia.

Algunos, pocos gobiernos y/o sectores partidarios quieren ir en ese camino ante la crisis de las democracias liberales.

En occidente ese camino es impracticable, por historia y por idiosincrasia. Solo se puede con una población empobrecida y sin voluntad de lucha que avale el latrocinio con el solo requisito de la prebenda para atender la miseria.

Nunca en nuestras sociedades tendrá éxito este tipo de propuestas, para ello es necesario una cultura en los pueblos que no tenemos. Una educación y diciplina, que permitan una delegación del poder en un pequeño grupo de funcionarios, que para lograr el objetivo deberán ser capaces, honestos y eficientes.

Éxito entendido como una sociedad desarrollada con un nivel de vida digno.

Es responsabilidad de los que valoramos la libertad individual como condición de vida que depongamos reivindicaciones parciales para conjugar una fuerza colectiva que aun en el disenso pueda marcar un rumbo hacia el desarrollo de todos.

Hoy se impone que, ante la alternativa, todos los que nos oponemos al unicato de los incapaces le opongamos el acuerdo de los que creemos en la integración social ascendente en libertad.

Acuerdo no significa unidad política, significa acuerdo parlamentario en aquellas cosas que salvaguarden el sistema.

Y en occidente eso es democracia, república y participación.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Malos mensajes

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