INTERNACIONAL

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El Parlamento de Polonia eligió a Donald Tusk, líder de Coalición Cívica, como nuevo primer ministro para liderar un gobierno europeísta, que releva al conservador y nacionalista PiS.
Donald Tusk, recién nombrado primer ministro, planea presentar el martes un programa de Gobierno y un consejo de ministros que, tras superar el voto de confianza de la Cámara Baja, asumirá plenos poderes en cuanto preste juramento ante el presidente, Andzej Duda, lo que previsiblemente ocurrirá este miércoles 12 de diciembre por la mañana.
Włodzimierz Czarzasty, líder de Nueva Izquierda, que forma y parte de la coalición que asumirá el Gobierno, justificó su apoyo a Tusk al explicar que «todos teníamos miedo de seguir bajo un gobierno antidemocrático».
Afirmó que Tusk es «quien conoce mejor la Unión Europea», pues fue expresidente del Consejo Europeo (2014-2019), y ello mejorará la posición internacional de un país sumido en varios enfrentamientos con Bruselas. En su intervención, Tusk prometió «devolver a los polacos lo que les pertenece: la democracia», y señaló al expresidente Lech Walesa, presente en el hemiciclo, al recordar cómo juntos «preparamos una de las manifestaciones de solidaridad cerca del astillero (de Gdansk) y entendimos que la política puede ser una hermosa vocación».
El relevo en el Gobierno polaco augura un nuevo rumbo en las relaciones internacionales de Varsovia, con un mayor acercamiento a sus socios europeos y más sintonía con las grandes democracias occidentales, al tiempo que se implementará un programa económico liberal y se pondrá en práctica una política social en favor de las minorías.
Por último, el Tribunal Constitucional de Polonia, aún bajo influencia del gobierno ultra conservador según los críticos, sentenció el lunes que la multas impuestas por la justicia europea contra Varsovia por no respetar las decisiones provisionales de la Corte europea eran «inconstitucionales».
El tribunal juzgó que todas las multas impuestas por la Unión Europea eran «incompatibles» con la Carta Magna, incluido las que se aplicaron por una controvertida reforma judicial y el rechaza a cerrar una mina de carbón.
La Unión Europea ya se había enfrentado con el tribunal polaco y considera que está bajo control del conservador partido Ley y Justicia (PiS), en el poder en este país de Europa del este.
Según la UE, las reformas del PiS van en contra de las libertades democráticas. Bruselas había condenado a Varsovia a pagar multas diarias de un millón de euros ─reducida después a la mitad─ por no aplicar una sentencia del TJUE que exigía cambios en los procedimientos disciplinarios de los jueces.
El país recibió también otra multa del mismo tribunal en 2021, por negarse a cerrar la mina de lignito de Torów.
«Por fin hay alguna esperanza de cambio», dice la polaca Wanda Kaczor, de Varsovia. Ella votó por la Nueva Izquierda en las elecciones parlamentarias celebradas en Polonia el 15 de octubre. Dicho partido quiere formar una alianza con la opositora Coalición Cívica (KO) y la agrupación Tercera Vía (TD). Dicha coalición tendría mayoría en la Cámara Baja polaca (Sejm) y relevaría al gobierno liderado por el partido Ley y Justicia (PiS) como finalmente ocurrió.
Mujeres como Kaczor, una experta en cultura de 30 años, esperan que el nuevo gobierno haga más para promover los derechos de las mujeres. Entre otras cosas, presionan para que se liberalice la ley del aborto. Desde que el PiS la endureció hace tres años, un embarazo sólo puede interrumpirse en caso de violación y peligro para la vida o la salud de la mujer. El endurecimiento de la ley provocó en ese momento una gran ola de protestas.
«Soy cristiana y, sin embargo, estoy a favor de la libertad de elección», dijo Kaczor a DW. En su entorno se la considera de extrema izquierda, también porque participó en las manifestaciones de mujeres contra la ley del aborto en 2020. Entre otras cosas, trabaja como editora en la revista católica Magazyn Kontakt y desde hace años colabora con el progresista Club de la Intelectualidad Católica (KIK).
Pero aunque se siente vinculada a la Iglesia católica, apoya el derecho al aborto hasta la duodécima semana de embarazo. «Esto no llevará a que todas las mujeres aborten repentinamente. La ley restrictiva causa mucho más daño que la legalización del aborto», subraya.
Kinga Jurek, que participa desde hace varios años en la organización juvenil del partido de extrema derecha Confederación, tiene una opinión completamente diferente, y está de acuerdo con una ley de aborto más estricta. «Confederación se centra en los derechos del individuo, por lo que también hay que proteger al feto», argumenta esta estudiante de Derecho de 20 años. El aborto, según ella, no es un asunto exclusivo de la mujer en cuestión: «Si una mujer quiere abortar, el padre del bebé también debe tener derecho a expresar su opinión».
Con su apoyo a la normativa restrictiva, Jurek está del lado de la minoría. Según una encuesta del portal de investigación OKO.Press, el 75 por ciento de los polacos apoya la legalización del aborto hasta la duodécima semana de embarazo.
El endurecimiento de la ley sobre el aborto es una de las razones de la derrota del PiS en las elecciones parlamentarias del 15 de octubre, afirma a DW el politólogo polaco Bartlomiej Biskup. El apoyo al partido habría caído del 43,6 por ciento en 2019 al 35,4 por ciento actual. «La Nueva Izquierda, que fue elegida en gran medida por mujeres, y la Coalición Cívica, que también ha girado más hacia la izquierda en los últimos años, se benefician ahora de esto», explica.
La liberal Coalición Cívica, encabezada por Donald Tusk, debe «hacer finalmente algo en el próximo período electoral para no volver a traicionar a sus votantes», sostiene el académico Biskup, de la Universidad de Varsovia. «Durante su administración anterior de 2007 a 2015, no se hizo nada en la cuestión del aborto», recuerda.
Aunque la coalición promete legalizar el aborto hasta la duodécima semana de embarazo, Biskup no ve una mayoría a favor en el nuevo Sejm. El socio de coalición Tercera Vía, un grupo conservador cristiano, «muy probablemente no lo aceptará». Por lo tanto, la Coalición Cívica y la Izquierda no tendrían mayoría para cambiar la ley del aborto.
El hecho de que la política esté dirigida por hombres, que las grandes protestas de las mujeres no hayan logrado nada y que los programas electorales de los partidos apenas hayan tenido en cuenta los derechos de las mujeres, ha provocado un creciente desinterés de las mujeres por la política en los últimos años. Pocas semanas antes de las elecciones, apenas la mitad de las mujeres polacas quería votar.
Sin embargo, numerosos llamamientos y campañas en las que activistas y personalidades conocidas instaban a las mujeres a participar en las elecciones revirtieron esta tendencia casi en el último minuto. Al final, el 74,7 por ciento de las mujeres emitieron su voto (hombres: 73,1 por ciento). La participación electoral general fue del 74,4 por ciento, la más alta desde que Polonia se convirtió en democracia tras la caída del comunismo en 1989.
El partido gobernante PiS, que obtuvo en total el 36,1 por ciento de todos los votos, obtuvo el primer lugar en las elecciones. Este fue elegido por un 35,9 por ciento de mujeres. De esa cifra, el mayor apoyo provino de mujeres mayores de 60 años (52,8 por ciento) y de mujeres jóvenes entre 18 y 29 años (14,4 por ciento). En segundo lugar quedó la alianza electoral Coalición Cívica, por la que votó el 32,5 por ciento de las mujeres.
Sin embargo, los partidos más pequeños fueron decisivos en las elecciones. Especialmente la Nueva Izquierda y la Tercera Vía se beneficiaron del voto de las mujeres jóvenes. Los extremistas de derecha, en cambio, encontraron poca aprobación entre ellas.
En el próximo período electoral, 136 mujeres ocuparán escaños en el Sejm, una cifra récord. Sin embargo, sólo representan cerca del 30 por ciento de los 460 diputados. Aunque las votantes polacas han fortalecido en general al campo liberal de izquierdas y sus votos fueron decisivos para la derrota del PiS, sus demandas aún podrían quedar en el camino.
Las votantes a favor del cambio podrían sentirse decepcionadas pues, según el politólogo Biskup, ni los derechos de las mujeres ni los programas sociales están entre las prioridades del futuro gobierno de izquierda liberal-cristiano. Quizá se puedan decidir algunas cuestiones menos controvertidas, como mejores regulaciones para los padres de niños discapacitados o la promesa electoral de Tusk de apoyar a las madres que regresan al mercado laboral.
Pero, por ahora, la política seguirá en modo campaña electoral. «Las cuestiones más difíciles vendrán después de las elecciones locales y las europeas en primavera. Hasta entonces, los partidos intentarán presentarse como un frente unido. Pero a medida que pase el tiempo, las diferencias entre los partidos serán cada vez más evidentes», pronostica Biskup. Y el tema del aborto sería sólo un ejemplo.
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