BIP-361, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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Foto: DeepAI, Inc.

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 4 minutos

La seguridad de los Bitcoins depende de dos bases criptográficas, SHA‑256 para el minado y ECDSA/Schnorr para firmar transacciones. Frente a computadoras clásicas, estos algoritmos siguen siendo prácticamente inviolables, requeriría más operaciones de las que cualquier computadora clásica existente podría realizar en escalas de tiempo razonables.

    SHA‑256 es una función criptográfica que toma cualquier dato de entrada y lo transforma en una cadena fija de 256 bits, funcionando como una «huella digital» única e irreversible.
    ECDSA es un algoritmo de firma digital basado en criptografía de curvas elípticas que permite verificar que un mensaje fue firmado por quien posee la clave privada correspondiente.
    Schnorr es un esquema de firma digital basado en logaritmos discretos, conocido por su simplicidad, eficiencia y por producir firmas más cortas y agregables que ECDSA.

Sin embargo, existe una situación riesgosa, cada vez que un usuario gasta bitcoin, revela su clave pública, y aunque la computación clásica no puede explotarlo, esa exposición crea un punto débil teórico, que, sí, puede ser explotado por la computación cuántica.

BIP‑361 (Bitcoin Improvement Proposal 361) es una propuesta técnica llamada «Post Quantum Migration and Legacy Signature Sunset» (Migración posterior a lo cuántico y caducidad de firmas heredadas) de abril de 2026, actualmente en borrador, cuyo objetivo es retirar gradualmente las firmas ECDSA y Schnorr, que podrían ser vulnerables ante futuros ordenadores cuánticos, y migrar el ecosistema hacia direcciones poscuánticas.

La amenaza cuántica no es inmediata, pero sí plausible. Investigaciones recientes estiman que un ordenador cuántico suficientemente estable podría romper claves públicas de Bitcoin en minutos, lo que permitiría robar fondos, BIP-361 busca adelantarse a ese escenario.

El BIP-361 que define el estándar para los descriptores de salida, fue redactado principalmente por tres desarrolladores prominentes del ecosistema Bitcoin, Pieter Wuille, cofundador de Blockstream y uno de los contribuyentes más prolíficos al núcleo de Bitcoin; Andrew Chow, desarrollador de Bitcoin Core especializado en el sistema de carteras (wallets) y Ava Chow, desarrolladora de Bitcoin Core que trabaja activamente en la infraestructura de las carteras y la gestión de descriptores.

    Los descriptores son una forma de lenguaje que permite a las carteras de Bitcoin intercambiar información sobre cómo gastar fondos, facilitando que diferentes aplicaciones entiendan qué llaves y condiciones se necesitan sin ambigüedades.

El BIP-361 es un borrador, no está activado ni acordado por la red; requiere coordinación amplia (mineros, wallets, exchanges, custodios) y, dado el historial de Bitcoin, la adopción sería lenta y debatida. Sin embargo, la comunidad técnica está tomando más en serio la amenaza cuántica (y existen trabajos que reducen las estimaciones de recursos teóricos requeridos para romper su criptografía), pero a la fecha no hay pruebas públicas de una computadora cuántica capaz de romper ECDSA/Schnorr a escala práctica. El BIP es una propuesta defensiva basada en escenarios de riesgo.

La cobertura de este tema es amplia y provoca un debate público entre medios cripto y generalistas y mucha discusión en redes, hay quienes apoyan una acción preventiva para reducir incentivos de ataque y quienes la consideran autoritaria o riesgosa si se aplica sin amplio consenso ya que genera un debate intenso y dividido dentro del ecosistema Bitcoin, sin señales de apoyo mayoritario entre desarrolladores, mineros y empresas. El plan podría dejar inmovilizadas cantidades importantes de Bitcoins en direcciones muy antiguas si sus titulares no migran a tiempo. Esa estimación y el posible «congelamiento» son parte del núcleo de la polémica.

El riesgo cuántico pone a Bitcoin en una situación incómoda, su fortaleza depende de algoritmos que podrían volverse vulnerables en un futuro aún incierto, BIP‑361 intenta anticiparse a ese escenario, pero al hacerlo expone la tensión central de su ecosistema que es cómo proteger un sistema diseñado para durar sin alterar los principios que lo hicieron confiable. El debate no está resuelto, y quizá no deba resolverse todavía. Lo importante es reconocer que, por primera vez en mucho tiempo, Bitcoin discute no solo cómo funciona hoy, sino qué necesita para seguir existiendo mañana.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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