Malvinas, nada de Falkland, por Humberto Toledo

OPINIÓN

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Foto: Ceferino Mazzoleni

*Escribe Humberto Toledo, director general de LaCity.com.ar, especialista en análisis de política internacional.

Lectura: 5 minutos

En 1974 el periodista Juan Carlos Nava del diario Crónica publicó un libro pequeño de gran repercusión bajo el título «Los ingleses no devolverán las Malvinas».

Casi diez años más tarde, el 2 abril 1982, los militares que habían derrocado al gobierno democrático de la presidente Isabel Perón, asfixiados por la incompetencia para administrar el país y presionado por Estados Unidos (presidencia Carter) por violación de los derechos humanos, decidieron embarcarse en una dramática aventura, invadir las islas.

No es el propósito ahora investigar el tema, solo presentar la gravedad de la decisión que dejó 800 soldados argentinos en el campo de batalla, las Islas Malvinas.

Fue una bisagra histórica de enorme repercusión internacional. La derrota a manos de las fuerzas británicas alejó aún más la posibilidad de algún tipo de acuerdo para conseguir la soberanía efectiva. Como triste saldo, la población respiró cuando abandonaron el gobierno desde ocho años violentos trenzados en verdaderas batallas, combatiendo a una guerrilla castrista que perseguía el poder. El  delirio de los militares en el poder fue de tal magnitud que recibieron sin chistar ayuda de la Unión Soviética y se abrazaron con Fiel Castro. Una foto del guerrillero comunista con el canciller Costa Méndez testimonia el acto.

Todos los caminos de acercamiento quedaron clausurados desde aquel tapón diplomático, la Resolución 2065 de la ONU, que reclamaba el diálogo entre las partes.

Hubo escarceos bilaterales, incluso canales no oficiales, hasta que el presidente Menem avanzó en la relación bilateral generando un «paraguas de soberanía» para proponer tareas comunes. En la Antártida, la necesidad crea la comunión. El sector argentino ─el más antiguo─ tiene contacto geográfico con el británico que obliga a ciertas tareas necesariamente comunes. 

Menem comenzó el deshielo soportando severas críticas de la izquierda que buscaba ahondar el conflicto.

Más de cuarenta años después (1982-2026) un memo interno ─confidencial─ del Pentágono deja trascender la posibilidad de un retiro del apoyo del presidente Trump a los países que rechazaron acompañarlo en la guerra ─limitada por ahora─ con Irán. Entre ellos, Gran Bretaña. Luces verdes en algunas oficinas de Buenos Aires.  

Desde el enfrentamiento en las islas ─de soberanía argentina─ un nuevo tercer actor aparece en la pantalla, los isleños.  

Este tercer actor se ha convertido en la llave del conflicto, desde que Londres decidió otorgar un nuevo status a la población que mantenía numerosos canales de vinculación con el continente. La invasión alteró bruscamente los planes. 

Los isleños gozaban de beneficios de salud, educación, provisión de gas y viajes hacia Argentina para todo tipo de urgencia. Para viajar al exterior recibían un suerte de pasaporte firmado por autoridades argentinas. Todo se cortó con la invasión, un daño mayúsculo.

Es posible que Trump avance con su amenaza de retirar apoyo (financiamiento) a los países que lo dejaron solo en el enfrentamiento con Irán. Tiene a España en la mira, gobernada por un socialista de ultraizquierda. 

Trump amenaza con retirar el apoyo a los países con gobiernos que negaron colaborar con EE. UU. en la guerra con Irán. Europa reacciona sin un plan específico, solo protestando por la amenaza pero ninguno fue de la magnitud del enfrentamiento que ha planteado el gobierno de Sánchez. Las bases de EE. UU. en España son de las más importantes del Mediterraneo como Rota en el sector sur-oeste de la península.

El papel del Pentágono filtrado a la prensa ─raro─ tiene un condimento especial para Argentina, el destino de las Islas Malvinas.

Este nuevo capítulo a diferencia de los anteriores encuentra a nuestro país con un presidente aliado a Trump, uno de los pocos de expresión rotunda en América Latina amistoso con la Casa Blanca.

El mayor avance en la relación vidriosa con Gran Bretaña ocurrió en la decada del 90 cuando el presidente Menem puso en marcha la política del «Paraguas de soberanía», un inteligente mecanismo para mantener los vínculos sin debatir la soberanía. Los británicos sospecharon pero aceptaron con la nariz apretada. Los isleños ahora tienen la llave del conflicto. Pierden los beneficios que tenían ─becas de estudio entre otros─ pero ganaron poder en la discusión. Además plantean la hipótesis de independencia para crear un nuevo país.

Entre la cantidad de opciones propuestas para la solución, ninguna tan novedosa como la división de las islas ─dos─ para ambos países. Descabellada. 

El libro de Navas sigue vigente, al menos por ahora.

Otro artículo escrito por Humberto Toledo: ¿¿Quién le teme a Milei??

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