2 de abril: el último vuelo

OPINIÓN

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Foto: Martín Otero

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

El dos de abril no es una fecha del calendario en Argentina.
Es un símbolo. Los símbolos representan expresiones que superan la Babel idiomática y aportan una representación uniforme en todo el mundo, en cualquier país del orbe, hablando acerca de su significado en un idioma común comprendido por todos.

Símbolo es una palabra que deriva de un verbo griego que significar «arrojar juntos» que en su forma sustantiva representa la voluntad que el significado de sus figuras permanezca inalterable a través del tiempo y sea comprendido sin dudas ni excepciones por las generaciones que nos sucedan.

El dos de abril es, en suma, un símbolo argentino que representa el despojo por la violencia, de poderosos ejércitos y armadas, pues solo puede mantenerse ilegítimamente por este medio una porción de territorio propio reclamado por decenas de años de todas las formas posibles.

Un dos de abril, equivocadamente o no, se decidió que un grupo de compatriotas, una fuerza pequeña, comparada con la del adversario, retomara de hecho las islas irredentas.

Por supuesto, la historia recuerda, que la derrota diplomática que siguió condenó al fracaso a aquellos valientes, que a pesar de todo dieron un ejemplo al mundo.

Las tierras fueron regadas con su sangre, con el sello del valor, también el fondo del mar atrapó a nuestros hermanos en la succión del hundimiento del ARA Gral. Belgrano y en los fuselajes de las aviones que transformados en hierros retorcidos oficiaron de tumbas para nuestros pilotos, quienes llenaron con su coraje de asombro al mundo, en sus vuelos rasantes sorteando apenas las olas del mar embravecido.

Fueron solo unos meses, horas, días, eternos, en los que tras cada Exocet rugía la esperanza argentina.

Teníamos experiencias en despojos. Y con los mismos actores. Atrás estaban la sombras de Beresford con Whitelocke y los carruajes con el oro, la plata y los caudales secuestrados a Sobremonte paseándose por las calles de Londres, ante la algarabía de los despojadores.

El 2 de abril es el símbolo de los que quedaron allá para siempre como un ancla de nuestro destino.

Pero el mismo día partió el Super Étendartd imaginario, en un último vuelo, con la insignia celeste y blanca pintada en las alas y ya se ve la estela del también ultimo misil arrojado fantásticamente, tras la bruma y un manto de neblinas, llevando en sus entrañas como único explosivo, el homenaje a aquellos héroes y el deseo inalterable, inclaudicable, de la recuperación.

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