Refundar la Nación, es la tarea

OPINIÓN

4631331702_af49eb3192_z
Foto: Leandro Kibisz

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

Todo se inició como Provincias Unidas del Río de la Plata, eran distintas regiones con historia y con sus características que expresaron la voluntad de reunirse en el objetivo de fundar una nación.

Fueron muchos años los que llevó la conformación de la actual organización institucional y muchos enfrentamientos. Se peleaban por intereses concretos, intereses en defensa de producciones locales que buscaban mercados internos y externos.

Casi 160 años después de la consolidación institucional estamos regresando al punto de partida.

El Estado Nacional ha dejado de cumplir con sus objetivos fundamentales y aquellas provincias que han logrado un desarrollo sustentable defendiendo sus intereses intenta que los desbarajustes del Estado Nacional no los arrastre como en anteriores crisis.

El diseño institucional, impositivo y económico que hoy tiene nuestro proyecto de Nación está en crisis. No hace falta desarrollar mucho este preconcepto. La moneda no existe, la justicia nacional en descrédito, el sistema jubilatorio en quiebra, los partidos políticos nacionales no existen, la salud cuestionada por su costo-beneficio, y podríamos seguir enumerando.

Las instituciones intermedias de tercer grado, es decir las nacionales, también en crisis, desde el fútbol hasta las representaciones de empresarios y trabajadores.

La tarea para emprender es la refundación, no intento con un título grandilocuente llamar la atención, lo propongo porque es un momento en el cual muchas naciones mucho más consolidadas que la nuestra se están cuestionando su futuro como tales, nosotros con la debilidad que tenemos, podemos caer fácilmente en la disolución sino tomamos seriamente el camino desde cero.

Si recurrimos a antecedentes de refundaciones debemos recurrir a naciones que resurgían de guerras con pueblos amalgamados en la mística de la reconstrucción.

Claramente no es nuestro caso, aunque cualquiera diría que la realidad que vivimos se asemeja bastante a un territorio en posguerra, nos diferencia el hecho de que en la conciencia colectiva aún seguimos creyendo que los culpables de nuestros males son o los que integran uno u otro sector interno, y no un sistema político que no supo ver el camino que debíamos tomar en la nueva era, y eso dificulta la tarea de la refundación.

El paradigma de la economía mundial cambió en los últimos 60 años, la mayoría cree que fue la tecnología o la ciencia la que generó el nuevo curso de la historia moderna, en realidad lo que determinó a esta nueva etapa de desarrollo fue la paz.

Alemania, Francia, los países del este europeo y España, no teniendo hipótesis de guerra por delante y finalizada la guerra fría con el comunismo emprendieron la refundación de sus naciones, algunas como Francia con la quinta república, España con el Pacto de la Moncloa, Alemania con la unificación y los países del Este incursionando en la democracia.

La creación de la Unión Europea y la caída del comunismo fueron los hechos que generaron las condiciones para que la ciencia y la tecnología en lugar de ocuparse de ganar guerras se ocupen en modificar la vida de la gente.

Durante toda la segunda mitad del siglo pasado y lo que va del actual nuestro país ignoró esta transformación, no rediseñó ni sus instituciones, ni su proyecto educativo, ni su proyecto económico, ni su relación con el mundo.

Esto nos hizo desembocar en la decadencia que no lleva hoy a la necesidad de reorganizar nuevamente todo, basándonos nuevamente, como en los inicios, en la voluntad de las provincias que requieren de una institución nacional que les permita potenciar sus recursos.

Si somos estrictos en los análisis el hecho de que la gran mayoría de las provincias hayan decidido separar sus elecciones de las nacionales reafirman esta aseveración. Lamentablemente con una excepción, todo el territorio de la vieja Buenos Aires, ciudad y provincia, quedaron atrapadas en una pelea que no resuelve su futuro. La pelea por el poder del actual estado nacional no resuelve ninguno de los problemas de sus habitantes, solo los agrava.

Todo proceso de reconstrucción se debe basar en un piso institucional que le de consistencia. Ese piso son aquellas provincias que han logrado estabilizar un proyecto económico, social y productivo pero que requieren de una política exterior consistente y de una moneda de cambio que les permita sostener sus aparatos productivos.

El mundo busca en estos momentos de cambio nuevas formas institucionales, los estados nacionales en su conjunto están pasando un momento de gran debilidad, en contraposición las regiones internas de esos países se consolidan y comienzan a cuestionar los costos en función de los beneficios de las burocracias nacionales.

A nuestro país este momento lo encuentra con una coparticipación federal cuestionada y con una disposición constitucional incumplida desde 1994, con una moneda destruida en su credibilidad, con una política exterior errática y con una estructura impositiva imposible de sostener.

La convocatoria debe surgir desde los poderes políticos de las regiones que hayan logrado sustentabilidad económica y social. No puede ser la fracasada burocracia nacional la convocante.

Restablecer una relación entre lo público, el gobierno y lo privado que tenga como único objetivo el bien general, generando una normativa que impida a los gobiernos adueñarse del estado y a los privados utilizar lo público en su beneficio.

Las hipótesis de conflicto que fundamentaron mucha de las decisiones de inversión en el siglo pasado hoy no tienen sentido. La necesidad de contar con el autoabastecimiento de bienes para lograr la autodeterminación es un concepto perimido.

La única hipótesis que hoy gobierna a las inversiones es la competitividad en el comercio global. Debemos producir aquello que nos permita crecer en presencia e importancia en la economía mundial, dentro de ese concepto debemos asignar los recursos públicos (es decir del público) a subvencionar, proteger y apoyar a las distintas áreas productivas que cumplan con ese objetivo.

La redistribución de la población debería ser una hipótesis para cada proyecto subvencionado. Cada aporte de dinero público para un nuevo proyecto productivo deberá contemplar la relocalización de habitantes en los territorios promovidos.
Las diferentes opiniones e intereses seguirán presentes, pero en el marco de la construcción de una Nación compartida la posibilidad de disenso se convierte en el motor del progreso.

Un comentario

Responder a Mariana Gonzalez Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s