Otra vuelta del choque de civilizaciones, ahora con China, según la Casa Blanca

INTERNACIONAL

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Kiron Skinner / Foto: School of Media and Public Affairs at GWU

Lectura: 3 minutos

No es común que los altos diplomáticos estadounidenses invoquen públicamente las ideas de los académicos en las torres de marfil. No obstante, a principios de esta semana, la directora de planeación de política del Departamento de Estado, Kiron Skinner, usó un concepto controversial creado por el profesor de Harvard Samuel Huntington para describir la continua rivalidad de Estados Unidos con China.

En un centro de estudios en Washington, Skinner dijo que el auge de China constituye un desafío generacional que requerirá una respuesta generacional. También dijo que la rivalidad representa un enorme «choque de civilizaciones», el término que Huntington, quien murió en 2008, acuñó al predecir lo que pasaría al final de la Guerra Fría.

Sin duda, la administración Trump tiene razón en que la competencia con China será un asunto de décadas. Sin embargo, el modelo del choque de civilizaciones no ayudará a EE. UU. a ganar esa competencia, ya que en realidad apoya mejor la estrategia de Pekín que la de EE. UU.

Huntington presentó la tesis del choque en su famoso ensayo de Foreign Affairs escrito en 1993. Argumentaba que, con el colapso del comunismo, las rivalidades ideológicas ya no serían la motivación de los asuntos globales. En cambio, el conflicto ocurriría entre grupos definidos por cultura, religión e identidad. Entre los grupos que chocarían estarían la civilización occidental en Europa y Norteamérica, y una «Sinocivilización» compuesta por China y muchos de sus vecinos asiáticos.

La tesis del choque ganó popularidad en medio de las sangrientas disputas entre las comunidades musulmanas y cristianas en la antigua Yugoslavia, y particularmente tras la erupción de la guerra contra el terrorismo luego del 9/11. Sin embargo, el gobierno estadounidense siempre rechazó el marco de Huntington: la administración de George W. Bush argumentó que la guerra contra el terrorismo era producto de un choque dentro de una civilización —entre las partes tolerantes e intolerantes del mundo musulmán—, en vez de un choque entre el mundo musulmán y Occidente.

Hoy en día, existen profundas diferencias culturales entre EE. UU. y China, además de miles de presiones económicas y geopolíticas. Pero los críticos de la administración Trump escucharán sobre el conflicto de civilizaciones como un eco de la idea, promovida por el controversial exasesor de Trump Steve Bannon, de que el mundo ha alcanzado la cúspide de la confrontación entre el Occidente cristiano y los demás. E incluso dejando de lado ese asunto cargado, el concepto es ideológica y políticamente contraproducente.

Por una parte, la retórica del «choque» sacrifica la superioridad moral en la competencia entre China y EE. UU. Estados Unidos ha proclamado por mucho tiempo que los valores democráticos y los derechos humanos no son ideas evidentemente occidentales. Por el contrario, son ideas universales que las personas de todo el mundo merecen disfrutar, y de las que ningún gobierno tiene derecho a privar a su pueblo.

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