¿De la confusión a la claridad?

OPINIÓN

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Senador Pichetto y Presidente Macri / Foto: @mauriciomacri Twitter

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

 

Lectura: 4 minutos

Primera reflexión, ¡cuantas palabras volcadas en las diversas páginas de noticias y redes sociales!

Cuantos esfuerzos de los opinólogos por incidir en la conformación de las alternativas electorales. Cuanta presión de los presuntos poderes económicos, más bien especuladores financieros, por influir en la decisión del presidente. Cuantos análisis periodísticos que querían torcer para uno u otro lado las opciones políticas. Cuantas encuestas con idéntico objetivo.

Lo cierto es que terminado el plazo todo terminó de una manera muy simple, cada uno jugó en función de sus propios intereses, nada de construcción política, nada de debate sobre el futuro del país, nada de alianzas que no puedan ser destruidas a la vuelta de la esquina.

Los argentinos deberemos seguir esperando el surgimiento de dirigentes, hoy solo contamos con ambiciosos operadores que trabajan a mejor postor y de algunos referentes de intereses sectoriales que no demuestran una voluntad de construcción de políticas generales que abarquen a todos, aun defendiendo sus propios intereses.

Existen algunas excepciones que han querido demostrar una voluntad colectiva, pero se han abroquelado en las diversas provincias sin poder aun construir una alternativa nacional.

En realidad, lo que demuestra este proceso es la imposibilidad de reconstruir un gobierno nacional con capacidad de reconstrucción de la nación desde arriba hacia abajo. Creo que el proceso virtuoso deberá nacer desde las provincias y deberá desplazar a todos los círculos que han cooptado el poder nacional en defensa de intereses sectoriales.

El período electoral está en marcha, las cartas están echadas y poco se podrá cambiar, en el armado, quedaron ganadores y perdedores en el escenario de la contienda.

Perdió Peña porque su estrategia de ganar afirmándose en el antiperonismo llevaba al gobierno a una derrota segura. Perdió Lavagna porque su ego lo llevó al aislamiento. Perdió Massa porque su pretensión de proteger su poder territorial lo llevó a navegar en la nada misma (solo podía hacerlo si aceptaba pelear por la gobernación).

Ganó Pichetto porque fue el ariete que permitió derrotar a Peña y su círculo. Ganó Larreta porque pudo consolidar su liderazgo en la Ciudad. Ganó Schiaretti porque consolidó un poder provincial que jugará un rol esencial en el futuro próximo.

Quedará para el análisis cómo quedará Vidal luego de la despiadada acción de desgaste que sufrió por parte de Peña y sus acólitos. Verdadera acción antinacional, aun en contra del supuesto propio proyecto político.
Es de hacer notar la habilidad con la que manejó su imagen, por la cual aun con una improbable derrota en octubre, Vidal puede ser una dirigente de peso en el futuro, ya liberada del corsé de Macri.

Los gobernadores que al anticipar sus elecciones dieron su verdadera opinión sobre lo que piensan del poder nacional, asistirán al show electoral nacional como verdaderos actores de reparto.

Argentina se prepara para un nuevo período gubernamental sin partidos políticos, sin alianzas estructurales que superen la inmediatez y con una agenda muy compleja.

Nótese que en estos primeros días de campaña el único actor que se refiere a los desafíos importantes que tenemos por delante es Miguel Pichetto. Él habla de las reformas fiscales, previsionales, de la política inmigratoria y de planes de promociones inteligentes para la creación de empleos.

No debemos dejar de observar que es rara su participación en la reunión de gabinete del actual gobierno.

Claramente los intereses globales ante la carencia de proyectos políticos serios eligen sus interlocutores en función de su compromiso con la acción que permita reformas estructurales profundas en nuestro país.

De la oposición no hay mucho que podamos analizar, el rejunte de los otrora enemigos a lado de Cristina no nos permite más que decir que aquello que se construye con la sola misión de ganarle a otro no da ninguna esperanza de que pueda construir otra cosa que la suma de intereses parciales sin una visión de conjunto. Lo que llevaría sin remedio a un desbarranco que pagarían las jóvenes con una nueva defraudación y los trabajadores con la profundización de la crisis.

El presente no nos permite avanzar mucho más que estas pequeñas observaciones.

La tarea de construir una nación quedará para adelante.

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