Zona euro sufre debilidades estructurales asegura jefe del Banco Central Europeo

INTERNACIONAL

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Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi / Foto: European Central Bank

Lectura: 3 minutos

Si la crisis del euro afectó especialmente a los países periféricos de la UE, los más endeudados, de la actual crisis comercial no se salvan tampoco los países más ahorradores y disciplinados del centro y este de la zona.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha reconocido ayer (22J) en Fráncfort que la desaceleración general ha afectado también y en igual medida a todas las economías de Europa central y oriental, pese a los beneficios del euro y el mercado único.

Aunque hay elementos de debilidad muy concretos como el momento por el que pasa el sector automovilístico alemán, la razón última de la especial vulnerabilidad de la eurozona al retroceso de la coyuntura mundial radica en su propia estructura como economía más abierta del mundo.

El hecho de que el gobierno chino esté tratando de dar prioridad al mercado interior, para superar la fase de economía fundamentalmente exportadora, está llevando a que muchos productos que antes China importaba desde Europa ahora sean producidos por sus propias empresas.

Y muchos otros productos de etiqueta china eran producidos hasta ahora en Europa y la evolución hacia la producción propia está restando también a la UE ese beneficio.

Draghi ha advertido que el modelo de negocio de los países de Europa central y oriental «se ha vuelto vulnerable a los impactos al comercio internacional y a las condiciones financieras». Draghi ha sugerido que los beneficios del mercado único para una convergencia sostenida deben ser consolidados implementando «reformas para conseguir un modelo de crecimiento equilibrado que sea menos vulnerable a los cambios en las condiciones externas como las que han emergido recientemente».

En esta Conferencia de Europa Central, del Este y Sureste, participaba también la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, que insistió en que la línea de actuación de los países de Europa central y del este a reducir la corrupción para mitigar esta amenaza pasa en primer lugar por medidas para «fortalecer los esfuerzos anticorrupción». Lagarde reconoció que «se han hecho progresos pero muy despacio», y analizó cómo afectan las actuales tensiones comerciales a este grupo de países, poniendo énfasis en la necesidad de ocupar puestos delanteros en la carrera de la digitalización y de la inteligencia artificial y recalcando que es necesario «reconstruir la confianza en las instituciones» porque «cuando la corrupción se vuelve institucional envenena la capacidad de atraer inversiones».

La reciente crisis de Huawei es un claro ejemplo de cómo Europa vuelve a quedar en medio de los juegos de guerra comercial de las superpotencias estadounidense y china.

Los Veintiocho asisten al encuentro con desconfianza e impotencia hacia ambos bandos. El Ejecutivo comunitario no ha recibido de su socio transatlántico EE. UU. ninguna prueba técnica o política que demuestre que Huawei representa una amenaza real para la seguridad. Tampoco evidencias de que haya exigido a la compañía china solucionar esa supuesta brecha.

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