Si no aprendemos de los errores…estamos condenados a repetirlos

OPINIÓN

Sísifo,_copia_del_original_de_José_de_Ribera_(Museo_del_Prado)
Sísifo / Foto: MediaPhoto.Org

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

 

 

 

Lectura: 4 minutos

La tentación del autoritarismo, la atracción fatal de la clase dirigente argentina hacia la concentración de poder absoluto, la falta de consenso ─contracara de la acumulación de poder─, el recaer en la inflación y en la locura argentina con el dólar, o la pobreza endémica, el engaño a sus votantes, etc., son fenómenos que vuelven. Como una especie de mito de Sísifo criollo vuelven y vuelven, y cuando creíamos que superábamos una de nuestras habituales crisis, ¡Zas!, volvemos al punto de partida.

Nos cuesta despegar, como si tuviéramos una especie de enamoramiento diabólico por el fracaso. El gran Osvaldo Soriano dice: «Como la Argentina, El Morocho (Gardel) cultivó la apariencia y el ocultamiento; llegó a la cumbre […] y cuando iba a entrar a las luces de Hollywood, el destino lo detuvo. Como a la Argentina. No fue una falla del piloto lo que abatió el avión, fue Dios. No son los argentinos quienes han destruido este país, simplemente Dios que no los quiere». O el filósofo español Fernando Zavater luego de la crisis del 2001 cuando le preguntaron sobre sus impresiones acerca de la Argentina: «Las de siempre: un país rico y con gente preparada que, cada vez que parece que va a despegar, tiene un bajón histórico».

Memoria y aprendizaje van de la mano. La facultad de acumulación de experiencias (la memoria histórica) y su consecuencia inmediata, el aprendizaje, son rasgos esenciales del ser humano. El hombre aprovecha la experiencia de siglos. No empieza su vida todos los días, y así como el individuo aprovecha la experiencia anterior también los pueblos procesan su aprendizaje. Es un rasgo de la inteligencia social: la capacidad de no cometer siempre los mismos errores, de acumular experiencias y de repetir lo que fue bien o evitar lo que fracasó.

En los procesos de cambio, la memoria y las tradiciones históricas juegan un papel fundamental, bien como referencias positivas evocando acontecimientos gloriosos, o instituciones que funcionaron bien en el pasado, o bien como referencias negativas evocando hechos vergonzosos, fantasmas de destrucción, o instituciones que fracasaron estrepitosamente y que indican que deben evitarse. Si hacemos un repaso objetivo (cuesta mucho en la Argentina de estos días ser objetivo) por las vicisitudes de los últimos 40 o 50 años nos llevará a una comprobación dolorosa: no aprendemos de nuestros propios errores, y por lo tanto, como dijimos al principio, estaremos condenados a repetirlos. Nos cuesta acumular experiencia, nos cuesta el aprendizaje. Justamente, en una era que será «la era del aprendizaje».

Todos los colores políticos, absolutamente todos, han gobernado desde Perón a Macri. Desde el neo marxismo de Kicillof hasta la extrema derecha (Martínez de Hoz y Cavallo). Y todos, absolutamente todos, han fracasado. Han equivocado el diagnóstico sobre lo que había que hacer y para lo cual la gente los votó, sobre las prioridades, sobre las alianzas. Y con un diagnóstico erróneo… pobre paciente. Moribundo. Macri fue elegido, más allá de hacer puentes, túneles, alumbrado, barrido y limpieza, para:

a) Dejar atrás el kirchnerismo.
b) Empezar un profundo cambio en las instituciones (todas corruptas o ineficientes).
c) Disminuir la pobreza.

Y con una advertencia de la sociedad sobre dos demonios que vuelven a las primeras de cambio: ¡ojo con el dólar y la hiperinflación que desbarajusta todo!

Fracasó ─o peor, ni siquiera lo intentó─ en lograr esos objetivos. El zen no llega a resolver los problemas de un país devastado y saqueado.

¿Qué el «nuevo» Alberto Fernández, si gana en Octubre, pueda hacer algo distinto a lo que ya hicieron los suyos (los que se apuntan como nuevos gobernantes y ya fueron ministros, gobernadores, etc.) y que ya fracasaron cuando les tocó la lotería del poder?

Responda el ciudadano. El que a la corta o a la larga paga los errores de sus dirigentes.

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