La política en las calles

OPINIÓN

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Foto: @mauriciomacri Twitter

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

Lectura: 3 minutos

En estos días hemos vivido otra demostración de una populosa expresión callejera de apoyo al presidente Macri.

La diferencia con otras manifestaciones similares, del sector contrario, fue la espontaneidad o la falta de incentivos materiales entre sus participantes, no hubo choripanes, ni dádivas de ninguna naturaleza ni transportes gratis a Plaza de Mayo.

La expresión careció de originalidad. Durante la vigencia del Kirchnerismo hubo varias marchas y concentraciones similares, incluida las de la célebre resolución 125, que fue la única que finalmente logró algo, al motivar a los senadores a empatar la votación sobre su rechazo.

Recordemos que esa resolución solo perjudicaba a un sector, el agroganadero, cuya carga fiscal se veía incrementada.

Pero ni estas concentraciones, ni la de los piqueteros interrumpiendo la vida de la ciudad, o provocando caos en el transporte sirven o sirvieron para modificar políticas o resoluciones del oficialismo, y mucho menos para cambiar o consolidar victorias electorales o recuperarse de derrotas aplastantes.

La política callejera solo sirve si es revolucionaria, como lo fue la revolución francesa, o la de la Rusia zarista de 1918, o la del 17 de Octubre de 1945, para no ir tan lejos.

Después, las victorias o los cambios políticos, se construyen en democracia con inteligencia.

Si el Presidente se equivoca, como lo creo muy probable, sepa que con la manifestación pasada no va a cambiar el resultado electoral.

Este solo podrá alterarse, tal vez, con una actitud política más sabia, la que probablemente requiera de algún sacrificio personal.

Es en estas circunstancias en donde aflora el patriotismo de los actores, si es que lo tienen.

La única posibilidad de impedir el suicidio nacional que sería el triunfo kirchnerista es la renuncia de Mauricio Macri a la fórmula presidencial, dejando a Miguel Pichetto como candidato a la presidencia por el sector.

Estos es así porque es la única forma de dividir al peronismo (el sector dialoguista, republicano, renovador o como quiera llamárselo, podría acompañarlo) y de esa forma se forzaría a una segunda vuelta en donde las posibilidades del oficialismo crecerían.

Por supuesto que al no llevar candidato a vicepresidente este podría resolverse con la ocupación de dicho cargo por el presidente provisional del Senado, que también podría ser peronista, según la composición mayoritaria del mismo, pero salvaría las listas de legisladores y aventaría una posible derrota en el ballotage de CABA, o sea que es eso o la posibilidad de nada.

Pero hasta ahora, como ocurrió con la prohibición de desdoblar las elecciones en Provincia de Buenos Aires y en CABA, es temer que la actitud caprichosa, poco inteligente, mezquina y ni hablar de su poco patriotismo, imponga seguir una marcha sin cambios en la fórmula, para llegar al duro final de la derrota.

Es como la del chico que, dueño, de la pelota se la lleva a su casa porque no lo ponen en el equipo, y deja sin jugar a los 21 restantes.

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