Jefe del gobierno británico pierde mayoría parlamentaria

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Primer ministro británico, Boris Johnson / Foto: Number 10

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Mal momento para el primer ministro británico Boris Johnson. Cuando comenzaba a intervenir este martes en la primera sesión del Parlamento tras el receso veraniego, el diputado conservador proeuropeo Phillip Lee cruzó la Cámara para sentarse en la bancada de los liberal demócratas. Con ese gesto, Lee escenificaba su ruptura con el partido «tory» que lidera Johnson y su pase a la oposición, que justificaba por su rechazo a la forma «amoral» en que el actual Gobierno persigue «agresivamente» un «Brexit dañino», «poniendo en riesgo las vidas y el sustento» y «la integridad del Reino Unido» afirmó públicamente.

La deserción de este diputado hace perder al Ejecutivo de Johnson la frágil mayoría operativa de la que gozaba hasta ahora al sumar el apoyo de los unionistas norirlandeses del partido DUP. El «premier» se limitó a desearle suerte a Lee. Sin embargo, esta defección debilita al Ejecutivo en una semana crucial para sus intenciones de cumplir con el Brexit haya o no acuerdo con Bruselas en la fecha prevista, el 31 de octubre.

La antecesora de Johnson al frente de los conservadores, Theresa May, había perdido la mayoría absoluta en las elecciones de 2017 y solo logró mantenerla al alcanzar un acuerdo para obtener el respaldo de los diez parlamentarios del partido unionista norirlandés. Las vicisitudes a lo largo de esta legislatura, en las que distintos diputados han cambiado de filas por su desacuerdo con la línea oficial, han ido reduciendo el escaso margen con que contaba el Gobierno. La diferencia con la oposición se redujo a un solo diputado a comienzos del pasado agosto después de que la candidata liberal democráta Jane Dodds arrebatara a los conservadores, en unas elecciones parciales, una banca por una circunscripción de Gales.

De esta manera el Partido Conservador y el DUP sumaban solo 320 escaños, uno más que la oposición. Con la salida este martes de Phillip Lee de la formación «tory», se quedan ahora por debajo.

Este último episodio se producía en medio de la tensión reinante en la Cámara de los Comunes, donde Boris Johnson mantuvo a lo largo de la jornada un duro enfrentamiento con los diputados que quieren impedir su Brexit duro.

«Esta es la última oportunidad del Parlamento para bloquear una salida sin acuerdo el 31 de octubre», según el conservador Oliver Letwin al presentar, en nombre de una decena de «tories» rebeldes, una solicitud de debate de urgencia sobre el Brexit. En representación del Gobierno, el pro-brexiter Jacob Rees-Mogg atacó al «speaker» (presidente de la Cámara de los Comunes) John Bercow por permitir esta sesión: «Imparcialidad no es lo mismo que infalibilidad», bramó.

El primer ministro, en una intervención inicialmente prevista para que diera cuenta de su participación en la reciente cumbre del G-7 celebrada en Biarritz, defendió este martes la necesidad de mantener viva la amenaza de un Brexit sin acuerdo para poder forzar a Bruselas a alcanzar un pacto. De hecho, aseguró que «las posibilidades de un acuerdo para el Brexit han aumentado» en las últimas semanas, si bien el Reino Unido está «preparado» para salir sin pacto, añadió.

Según Johnson, lo único que podría poner en riesgo lograr una salida pactada sería que el Parlamento aprobara una ley que descartara el «no acuerdo» y forzara a Londres a «suplicar» un retraso. Se trataría de un «proyecto de ley de la rendición de Jeremy Corbyn», en alusión al líder del Partido Laborista. «Nunca entregaré el control de nuestras negociaciones como el líder de la oposición está pidiendo», recalcó el jefe de Gobierno.

Corbyn respondió reprochándole sus burlas. «No nos estamos rindiendo, porque no estamos en guerra con Europa. Son nuestros socios», defendió. En todo caso, Johnson garantizó, en respuesta a la diputada laborista Angela Eagle, que el Gobierno «por supuesto» acataría la ley si finalmente se aprobaba. El ministro Michael Gove, número dos del Gobierno, se había negado el pasado fin de semana, en una entrevista con la BBC, a descartar que el Ejecutivo ignoraría una norma contra el Brexit duro.

Johnson insistió en que existen «alternativas prácticas» a la salvaguarda de la frontera irlandesa, el principal punto por el que se opone al actual Acuerdo de Retirada que alcanzó en su día Theresa May con Bruselas.

En todo caso, el principal desafío que afrontaba este martes el líder conservador era atajar la posible rebelión en sus filas. Los medios británicos manifestaban desde la mañana que una veintena de diputados estaban dispuestos a votar en contra de las intenciones de Johnson. El «premier» obtuvo a finales de agosto el visto bueno de la Reina para la suspensión del Parlamento desde la semana que viene hasta el próximo 14 de octubre, en una maniobra que busca dejar a la Cámara sin margen para oponerse a una eventual salida de la UE sin acuerdo.

Uno de los cabecillas de esta rebelión es el exministro de Finanzas Phillip Hammond, que aseguraba a este martes a la emisora Radio 4 de la BBC que creía que contarían con «los números» suficientes para frenar los planes del primer ministro.

Entre las filas de los conservadores rebeldes se encontraba este martes Nicholas Soames, uno de los nietos del héroe de Johnson, el expremier Winston Churchill, que se enfrentaba a su posible expulsión por su negativa a un Brexit sin acuerdo.

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