En política nadie regala nada

OPINIÓN

alberto
Candidato a presidente de Argentina, Alberto Fernández / Captura YouTube

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Columnista especial de Lacity.com.ar

 

 

 

Lectura: 6 minutos

En la historia política argentina, desde sus orígenes y hasta la actualidad, ningún jefe o caudillo regaló sus votos, su poder y encarnadura a nadie.

Jamás un líder cedió autoridad a un valido o adlátere. Tampoco se le ocurrió repartir su herencia en vida. En el acontecer mundial menos, ni Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler o Franco por poner los más salvajes obsequiaron algo, ni siquiera los más light, como Roosevelt, De Gaulle, Thatcher o Felipe González. ¿Podría ocurrir en el futuro? Nada es imposible, pero sería extraño y ajeno a la ciencia política.

Sí, me viene a la memoria un extraño caso ocurrido hace muchísimos años en España. Una rareza digna de un relato misterioso. Carlos V, nieto de los Reyes Católicos y Rey de un Imperio donde jamás se ponía el sol un día decidió abdicar y dejar el trono a su hermano. Solemnemente declaró: «No hay más Emperador que mi hermano; en cuanto a mí me basta con el nombre de Carlos, porque ya no soy nada». Y se encerró en el monasterio de Yuste. No veo en la Argentina que viene a algún político con votos, encerrarse a orar en un convento.

En esta línea de pensamiento no creo que Cristina haya regalado o adelantado la herencia. Al igual que Perón y para quedar como una reina podría haber dicho mi único heredero es el pueblo y rajarse a Cuba. Pero no, al igual que Irigoyen con Alvear, Cristina buscó a un sujeto insulso, sin encarnadura, un operador todo servicio, pero cuidado al igual que Irigoyen el tiro le puede salir por la culata. En política la idiosincrasia del dirigente cuenta, pero cuenta más a quienes expresa y vehiculiza. No se necesita ser muy espabilado para comprender que representan realidades ideológicas y sociales diferentes. Veamos algunas.

En una de las presentaciones de su libro, Sinceramente, la expresidente afirmó y no sin razón que el 12 de junio de 1974 cuando Perón salió a la Plaza y verbalizó aquella sentida frase: llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí es la palabra del pueblo argentino, ese día el general estaba enojado, dijo Cristina. Por la mañana se había quejado fuertemente por la falta de productos, el encarecimiento de otros y las demandas obreras. De alguna manera Perón advertía el fracaso del Pacto Social. ¡Y era Perón y era Gelbard, dos colosos! observó la señora. Frente a esa realidad, frente a esa certeza, Cristina propuso algo que a su juicio debía ir más allá. Más fuerte y contundente que un Pacto. Ahora se necesita un Contrato Social, afirmó. Dándole al Contrato Social una densidad superior y más profunda que la de un Pacto.

Sin querer ser alarmista ni forzar la vista bajo el agua, Contrato Social huele a Rousseau y porque no a Robespierre, al menos en sus aspectos económicos. Y hay elementos para sospechar esa dirección pues cree que la inflación esta ocasionada por los formadores de precios a quienes hay que controlar sus excesivas ganancias como en 1793, fijando precios máximos y quizás ¿fortunas máximas? Insinuó una reforma constitucional para que nunca más un gobierno endeude a la Nación. Bueno, todo está por verse. Lo evidente es que Alberto va por el Pacto y no por el Contrato. Y van a tener que convencerlo para aceptar la reforma constitucional. El cree que no lo van a lograr.

La fórmula Fernández-Fernández tiene en sí misma la fragilidad de la fórmula De la Rua-Chacho Álvarez. El agua y el aceite. Alberto asegura ser un liberal progresista, o sea un liberal del siglo XIX, supongo. Cuando el liberalismo aseguraba ser el progreso. Todo es muy raro e inquietante. Alberto no puede ignorar que para el votante de Cristina liberal es ser de derecha y progresista es ser de izquierda. De modo que para un kirchnerista, Alberto, está diciendo pavadas.

Sin embargo y no obstante estas burradas Cristina y Alberto de manera personal pueden compatibilizar y arreglar como lo han hecho. El problema son las fuerzas que están detrás de uno y del otro. Lo que cada uno encarna. Por ejemplo Grabois y Pérsico, dos cristinistas, y su planteo de reforma agraria. Fernanda Vallejos que la emisión monetaria no genera inflación. Horacio González, cristinista paladar negro, exigiendo una reivindicación de la guerrilla, que si bien se mira no es su objetivo, en tal caso será el de máxima, su deseo no explicitado es que el Ejército Argentino termine con los homenajes a la lucha antisubversiva, y se lo dice a Alberto que va a ser Comandante en Jefe del Ejército.

Alberto quiere arreglar el tema de la deuda a la uruguaya. ¡Está bien! Si es así no debe ignorar que los uruguayos que arreglaron con los acreedores fue el Partido Colorado, antítesis del kirchnerismo, eso el mundo lo observa.

Lo puede hacer, está en condiciones de lograrlo. Para eso debe dar señales contundentes como en su momento dio Menem. No es con la UIA y Acevedo. Debe mirar más arriba.

Tampoco con la política exterior que ha esbozado hasta ahora, algo fláccido y poco convincente.

En fin en caso de que esta fórmula triunfe se abren tiempos inciertos y cargados de presagios.

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