Portugal: socialistas aspiran el domingo a mantener poder

INTERNACIONAL

108th (Centenary) Session of the International Labour Conference. Geneva, 10-21 June 2019
Primer Ministro portugués, António Costa / Foto: International Labour Organization

Lectura: 2 minutos

El Primer Ministro António Costa, jefe del partido Socialista, no quiere a los aliados más radicalizados, el partido Comunista y el Bloque de Izquierda. La prensa en Europa ha convencido a Costa que es el líder indiscutido de un país que pasó del ajuste severo a la admiración por la perfomance económica.

Hubo un «milagro portugués» antes de 2015 que le despejó el camino al actual jefe de gobierno. El centro derecha de Pedro Passos Coelho encontró una situación económica donde sobresalía un déficit fiscal largamente superior al aprobado por los europeos en Maastricht. Las reformas aplicadas con rigor permitieron al país comenzar la recuperación, a costa de un éxodo de la población que alarmó a los vecinos, especialmente España.

La prensa calificó el temporal de migrantes como «portugueses de salarios bajos», al constatar que desparramados por Europa se empleaban por ingresos menores a los que obtenían los nativos.

Costa aspira el domingo a mantener el rumbo político sin interferencias incómodas de sus aliados, comunistas, radicales y ecologistas, en un intento de avanzar en una economía que se sostiene en la exportación y el turismo, pero deja a la mitad de la población cargada de críticas.

Costa gobierna Portugal desde el 2015 con un apoyo parlamentario sostenido. De los 230 diputados mantiene 86 con el apoyo de los aliados, donde sobresale como el más incómodo el BI que la prensa asimila al Podemos español.

Inevitable la comparación de la política portuguesa con el vecino español.

Costa reclama en los discursos preelectorales alejarse de la estrategia que sigue la izquierda en España donde el presidente Pedro Sánchez insiste en el armado de una coalición para las próximas elecciones de noviembre.

«No hagamos como en España» dice Costa, para preparar el terreno a una ruptura de la relación con sus socios más ideologizados, necesaria para avanzar en las reformas económicas y sociales que le permitan superar dos problemas muy candentes en Portugal. Tanto el salario medio que apenas llega a 600 euros mensuales como la falta de viviendas con alquileres por las nubes son los principales desafíos.

Sin embargo el jefe de gobierno luce confiado, en el clima preelectoral como en las encuestas. De hecho en las elecciones del parlamento europeo de junio pasado superó el 37% y dejó atrás largamente al segundo, el partido socialdemócrata que anotó algo más del 23%.

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