La venganza de la momia de Franco

OPINIÓN

franco
Bandera republicana frente al Valle de los Caídos / Captura YouTube

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

 

 

 

Lectura: 4 minutos

Hoy estamos en España asistiendo a la exhumación de la momia (el cadáver se momificó poco después de la muerte) de Francisco Franco. Digámoslo de entrada. El hecho forma parte del intento ideológico de una movida socialista y de extrema izquierda: ganar (simbólicamente) la guerra civil que perdieron hace sesenta años. Y cargarse la trabajosa y exitosa Transición y reconciliación que había logrado España; y si hay resto, se proponen acabar con la monarquía; esos son los objetivos declarados de este proceso que empezó Rodríguez Zapatero con la ley de memoria histórica y toda la movida feminista. Y al que contribuyen consciente o inconscientemente la mayoría de los medios.

La exhumación estuvo televisada, con variedad de tertulias y tertulianos, que comentaban cuestiones tan profundas como:

-«¿Y si el que está en el féretro no es Franco? ¿Cómo hacen para identificar el cadáver, eh?», otro: «No, lo identifican con rayos X o escáner», el primero: «El escáner no te muestra la cara del cadáver…hay que abrir un agujero».

-«¿Y si el cajón está deteriorado, cómo lo pasan de un féretro a otro, eh?» Estaba en una de las cinco tertulias que televisaban el espectáculo el que había sido enterrador de Franco. El hombre, ya mayor si tenemos en cuenta que lo enterró hace 44 años, se dormía y entre sueño y sueño trataba de explicar el envoltorio de zinc que hay dentro del féretro. Y que los que hicieron la exhumación de la momia debieron hacer días antes los trabajos para sacar la lápida de una tonelada de peso que cerraba el lugar dónde estaba Franco. Nuevas disquisiciones sobre cómo sacar la lápida.

A todo esto en el cementerio al cual debían llevar a Franco y mientras esperaban el helicóptero que llevaba a la momia se juntaron algunos (deben quedar muy pocos ya) viejos franquistas y, entre vítores, apareció el coronel Tejero aquel que había dado el golpe fallido en 1981.

Infinidad de cámaras iban siguiendo al vehículo que debía llevar al féretro, luego enfocaban a los familiares de Franco que estaban convocados para llevar a pulso el féretro desde la entrada del Valle de los Caídos hasta otro vehículo que debía llevar la momia hasta un helicóptero que, a su vez, llevaría los restos de Franco hasta un cementerio en El Pardo. Hubo un momento de tensión cuando el féretro no entraba en el helicóptero. Todos forzando el féretro y sacándolo y poniéndolo. Hasta que el caudillo decidió entrar. Como un espectáculo macabro y de comedia italiana

En suma, si lo que persiguió el presidente Sánchez fue una movida electoral a pocos días de una elección nacional creo que no le salió bien.

Los españoles hicieron un gran esfuerzo para lograr dejar atrás la guerra civil y construir una democracia moderna y un país desarrollado. Lo lograron. Depusieron rencores y odios.

Todo aquello que ponga en riesgo lo obtenido es, si no rechazado, mirado con desconfianza. Por eso este tipo de espectáculos son en general cuestionados por la mayoría del pueblo español.

Eso sin descartar que la diabólica habilidad de Franco no les juegue un pase final. Desde la leyenda de la momia de Tutankamón (accidentes en circunstancias extrañas de varios de los descubridores de la tumba) hay en el inconsciente colectivo un rechazo a manipular momias.

«Deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mat. 8-22).

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