Una nueva brecha

OPINIÓN

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Foto: walter piedras

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 7 minutos

Argentina se destacaba en América latina por ser una sociedad integrada, la educación pública, la salud pública, la universidad gratuita y los derechos laborales conformaron una comunidad que provocó envidia en la región y que generó una atracción a migrantes de todo el mundo.

Desde 1975 con los prolegómenos de la dictadura y en los 35 años de democracia cada uno de esos diferenciales se fueron degradando. Parece que toda la dirigencia, de todos los ámbitos, se hubieran comprometido fervientemente con la destrucción de esa comunidad.

No es mi intención analizar el descalabro en cada uno de los pilares en los cuales basábamos nuestra integración social.

Me preocupa en esta ocasión la brecha política que se va consolidando elección tras elección.

Sin debatir ni proponer análisis políticos, económicos y sociales que diferencien a unos de otros, está consolidándose la división entre sectores comprometidos con la producción sin subsidio, población de empleos formales consolidados y regiones conformadas por economías sanas con hábitat envidiables por un lado y sectores poblacionales sin sustentabilidad, productores dependientes de subsidios y protecciones, empleados públicos supernumerarios, changuistas de todo tipo que dependen del ocasional trabajo diario.

Seguramente las fronteras no son tan definidas, pero en general así se expresan. No hay ninguna intención de juzgar a nadie, solo de advertir el daño que este tipo de brecha entraña.

El peligro de esta nueva fractura política es mucho más importante que la que ya se había consolidado por mala administración y por políticas corruptas de parte de los diferentes gobiernos.

Si se consolida esta fractura sin duda no podremos dejar de considerar la violencia y la represión como un elemento a tener en cuenta en un futuro próximo.

Cuando los intereses de los poderosos se comprometen con sectores sociales tan definidos en su compromiso con la sociedad en su conjunto nada bueno puede esperarse de lo que pueda suceder.

Las diferencias políticas son necesarias y auspiciosas lo que es negativo es que se consoliden diferentes grupos con intereses tan opuestos.

Argentina con el radicalismo, el peronismo, los conservadores y la izquierda tenía una paleta de oferta política que cruzaba tangencialmente a la comunidad.

Esta última elección va consolidando, si bien aún sin solidificar, una división notoria entre sectores geográficos y sociales ligados a la producción y sectores geográficos y sociales cuya característica es o que dependen de la protección o subsidio del estado, o tienen en perspectiva el apoyo del estado para su sobrevivencia.

Aquellos que proyectan las divisiones de antaño, peronismo, antiperonismo, populares vs. gorilas, derechas e izquierdas, etc. se equivocan, desde ese punto de vista están todos mezclados.

Podemos ver de uno y otro lado a empresarios, trabajadores, sindicalistas, dirigentes, hombres y mujeres de la cultura, del deporte, lo que los diferencia es el rol que le dan al estado en sus expectativas individuales.

Si sus actividades se desarrollan independientemente del estado, su protesta, como en gran parte del mundo, será por la cantidad de impuestos que deben pagar, si la expectativa es la del estado protector, será como extraer más dinero al otro sector para su beneficio.

En el primer caso pagan impuestos que no se ven devueltos en servicios, en el segundo es el sector que deposita en el estado su esperanza de solución a sus problemas.

Si algún peronista distraído quiere justificar la nueva brecha desde un análisis clasista, sería por lo menos injusto con el peronismo que gobernó gran parte de las últimas décadas y que presuntamente auspició la movilidad social como objetivo.

No podemos sostener análisis de la década del 40 del siglo pasado como presentes.

Fueron millones los trabajadores de aquella época y las siguientes que, gracias a los derechos obtenidos, cruzaron la frontera de las clases más bajas para incorporarse a la nueva clase media, compuesta por los hijos de aquellos trabajadores.

Es en la deformación de la política territorial de antaño que generaba dirigentes en las instituciones intermedias, sociedades de fomento o clubes barriales, que devino en los jefes barriales que basan su poder en la obtención de dádivas estatales en donde debemos encontrar la causa de la degradación de la política.

La organización de los barrios para construir con sus esfuerzos la infraestructura que mejorara el hábitat urbano devino en el estado hacedor que todo lo puede y que todo lo debe. Esa es la otra cosa que generó esta relación falsa de dependencia de el «Sr. estado» y de los gobernantes de turno para mejorar nuestras vidas.

Cuando compré mi primera casa en la escritura figuraban, como obligación a la que me comprometía, los planes de pago del asfalto, las luminarias y las cloacas. Las pagábamos en planes a largo plazo los vecinos, porque generaban una mejora de nuestro barrio.

Fue una desgracia que perdiéramos esa relación entre la obra de mejora y nuestro esfuerzo, ahora en manos del gobernante de turno con la intermediación del puntero del barrio.

Si queremos ver el origen de esta nueva y pésima brecha busquémosla entre aquellos que protestan por los impuestos que pagan y aquellos que reclaman más ayuda del estado.

Ya desde las escuelas primarias se comienza a dividir a nuestra comunidad. Lo que antes era integración ahora es disgregación y no es por elitismo es por que el servicio público de enseñanza no cumple con su cometido.

Reafirmar ya en tres elecciones consecutivas que las áreas más progresistas, desde el punto de vista económico se consolidan en un sector y por el contrario las más débiles y cada vez más numerosas en otro, no es para nada deseable.

Lamentablemente el espiral generado por las malas administraciones generó una cantidad importante de empresarios prebendarios, sindicalistas conservadores, docentes sin vocación, servidores públicos sin vocación de servicio, barrios marginales dominados por el tráfico de drogas, servicios de seguridad que dependen de que el delito exista para justificar su propia existencia. Y todo esto coronado por una dirigencia política que los expresa y los apaña.

Por el otro extremo se consolidan empresarios que intentan eludir impuestos, que en lugar de reinvertir utilidades las fugan de los canales normales, preparan a sus hijos para migrar, ahorran fuera del país y cada vez más orientan sus expectativas fuera del territorio nacional.

Son muchos los pensadores que presagian una división geográfica global que exprese a una y otra parte de la grieta. Despreocúpense los nostálgicos del Patria sí Colonia no, el mundo se organizará entre los que aportan y subsisten por su esfuerzo y aquellos que no lo hagan. Una brecha que espanta.

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