La democracia se defiende

OPINIÓN

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Manifestaciones en La Paz, Bolivia en contra el fraude electoral y el gobierno de Evo Morales / Foto: Paulo Fabre

Escribe Roberto Jordan, abogado constitucionalista, colaborador de lacity.com.ar.

 

 

 

 

Lectura: 3 minutos

Escuchamos con estupor a la izquierda marxista y al progresismo «bobo» calificar al proceso sucesorio boliviano como «golpe de estado».

La ridícula calificación responde al movimiento que reúne a los líderes latinoamericanos de facciones apadrinadas por Cuba, aunque algunos pretendan encubrirlo con reclamos de independencia y soberanía.

Ecuador, Venezuela, Bolivia, Chile con violencia callejera monitoreada por estos sectores desde el exterior son la prueba de ello, acompañados por México y ahora lamentablemente, por las futuras autoridades de Argentina, mientras Brasil se convierte, nos guste o no, en un bastión en la lucha por el orden y el progreso tal como indica el lema de su bandera.

Golpe de estado es el que intentó el expresidente Evo Morales, primero rechazando el plebiscito, después no aceptando el impedimento constitucional a la reelección indefinida, siguiendo por la apañada decisión judicial de considerar a la constitución como violatoria de los derechos humanos, porque elegir y ser elegido es uno de ellos (lo cual más allá de error denota una ignorancia elemental pues todos los derechos son limitados incluido el electoral que empieza por la limitación de la edad, de la nacionalidad , de las condenas firmes, etc.), continuando por el fraude vergonzoso con el que pretendió mantenerse en el poder y por último con la decisión de tratar de impedir la sucesión por acefalía, a través de sus representantes en el Congreso.

La Iglesia Boliviana, las organizaciones obreras y el pueblo en la calle le enrostró las actitudes antidemocráticas y le pidió su demorada renuncia.

La comunidad internacional, salvo los satélites de izquierda, lo condenó de manera irrestricta y la OEA dio su veredicto final impugnando la autoproclamada victoria falsa ante el fraude evidente.

Las fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad, se negaron a reprimir al pueblo boliviano y por ende no puede culpárselas de golpistas porque no pretendieron jamás hacerse del poder ni entronizar a nadie en particular en él.

No respondieron a ningún sector, solo al pueblo boliviano que exigía elecciones transparentes, que obviamente a tenor de lo sucedido no podían ser presididas por un dictador que ya había manifestado su desprecio a la Ley y a la Constitución, quien que no representaba ninguna garantía de equidad o igualdad.

Aunque los legisladores de Movimiento al Socialismo, partido de Morales, no dieran quorum, el reglamento del parlamento prevé la situación excepcional y declara que sesionará entonces con el quorum de los presentes.

Por ello la tardía convocatoria de Morales no sirvió.

Dejó un país en llamas, en manos de grupos violentos que responden a los mismo intereses que en Ecuador y Chile.

Ojalá, por el futuro de Bolivia las fuerzas del orden, de la paz, de la Constitución, del estado de derecho, puedan superar los episodios y declarar al mundo que es un país libre de los tentáculos de ese engendro latinoamericano.

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