Opina Norberto Zingoni: el Estado de Bienestar justicialista

OPINIÓN

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Perón y Evita / Foto: Éamonn Lawlor

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

 

 

Lectura: 4 minutos

En su artículo en esta misma página del 11/11/19 sostiene el historiador Claudio Chávez que: «La confusión en nuestro país por parte de cierta intelectualidad europeizada fue asimilar el Estado de Bienestar europeo con el de Perón. Análogo que en cuanto a leyes sociales pero diferente en lo que hace al corpus doctrinario».

Antes que nada coincido con el resto del artículo. Pero, pese a no entrar en ninguna de las categorías que denuncia («intelectualidad europeizada») sí sostengo que el Estado del Bienestar fue una ¡una más! original creación de Perón muchos años antes de que se instaurara en la Unión Europea. El Estado de Bienestar fue tan revolucionario como la incorporación de los trabajadores a la conducción del estado, la legalización y organización del sindicalismo, la planificación económica plasmada en los Planes quinquenales (traída desde España por el genio de Francisco Figuerola), etc.

Disiento con asimilar el Estado del Bienestar con la social democracia como sostiene el autor. Ni en las fechas ni el contenido pueden asimilarse. El Estado del Bienestar se plasma luego del Plan Marshall (1948) y podría situarse entre 1950 y 1960. Los líderes de esa época, todos de derecha o centro derecha, están lejos de la social democracia: De Gaulle en Francia, Adenauer y Erhard en Alemania, Franco en España, Churchill y Eden en Inglaterra.

El auge de la social democracia llega muchos años después con Miterrand, Olaf Palme, Felipe González. Que, si bien continúan y aprovechan el Estado del Bienestar, ya tienen una ideología socialista.

En las décadas de 1950 y 1960 todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tuvieron niveles cercanos al pleno empleo. Fue un período de gran crecimiento económico y aumento de la productividad y del poder adquisitivo de la población, lo que arrastró también a una mayor demanda de productos de los países menos desarrollados. El incremento de los salarios aumentaba la demanda agregada, complementados éstos por un salario social y un Estado de Bienestar desarrollado que permitía reducir las desigualdades sociales, así como aumentar la calidad de la fuerza del trabajo, a través de la inversión en el capital humano ─tanto en educación como en sanidad─. Este Estado de Bienestar permitía una cohesividad social y un pacto social que facilitaba la productividad y desarrollo económico (Vicenç Navarro, Neoliberalismo y Estado del bienestar).

¡Lo que Europa montaba a partir de la segunda guerra mundial ya era en nuestro país una realidad desde 1943! Las demandas sociales a favor de una intervención del estado procedían de distintos sectores: de las organizaciones de los trabajadores ─partidos y sindicatos─ (…), de la clase empresarial, que quería contratos con el estado y su protección frente a la competencia extrajera; de los segmentos profesionales y administrativos de las clases medias, interesados en ocupar puestos de trabajo en el sector público (incluyendo escuelas, hospitales y otros servicios); y de los campesinos, ansiosos por recibir subsidios estatales y tarifas proteccionistas.

Los logros justicialistas como la protección social, el IAPI, los barrios obreros, los sindicatos, las escuelas, los hospitales, la industrialización con el diferencial de renta agraria, el ascenso social de los trabajadores y las clases medias, la integración social, pueden pasar perfectamente por logros del «Estado de Bienestar» europeo.

El desarrollo económico de esas dos décadas fue acompañado por una política social que mejoraba el nivel de vida de los trabajadores a la vez que promovía la integración social y disminuía la conflictividad entre empresarios y trabajadores.

Hay una situación similar a la que intentó el peronismo de los años 50 sosteniendo que aquellos trabajadores tenían ahora la oportunidad de comprar sus viviendas y adquirir bienes de consumo duraderos como coches, o electrodomésticos; las políticas sociales se diseñaban para que los trabajadores recibieran la protección del estado en dos áreas clave, la de las transferencias sociales (en forma de subsidio al desempleo, ayudas a la adquisición de viviendas, enseñanza, sanidad y seguro social) y la de la regulación del mercado de trabajo con el propósito de proteger la estabilidad en el puesto de trabajo.

Por todo ello creo que el Estado de Bienestar sí fue una genuina creación justicialista.

Truncada como todos los logros en 1955. Pero esa es otra historia.

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