El Peronismo entre la social democracia y la izquierda. Entre Puebla y el foro de San Pablo

OPINIÓN

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Juan Domingo Perón / Foto: Archivo General de la Nación Argentina

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Columnista especial de Lacity.com.ar.

 

 

 

 

Lectura: 3 minutos

Si el infierno tuviera mesa de entradas, otro gallo cantaría. Porque acodado en ella el Doctor Alberto Fernández tomaría el teléfono y con voz aguada le explicaría a San Pedro sus enormes dificultades para salir del pecado. El averno es un pésimo lugar para hablar con el que tiene la potestad de redimir. Y algo parecido a la insensatez es lo que acaba de hacer el recientemente elegido Presidente de la Nación cuando le advirtió al Fondo Monetario Internacional que la Argentina no está en condiciones de pagar, algo que ya se sabe, el problema no es ese, el error es decirlo en el programa que para Rusia tiene el convicto Rafael Correa. Concesión a la izquierda argentina y a Cristina Kirchner y provocación infantil a los factores de poder. Estudiantina berreta de la progresía vernácula.

Alberto debiera entender que los gestos son definiciones más claras que las palabras. ¿Lo sabe? ¡Sí, por supuesto! Pero su imaginario cultural empuja más que la prudencia.

Cuando el doctor Carlos Saúl Menem tomó el poder en el marco de una grave crisis económica no dejó gesto por realizar. Acuerdo con Bunge y Born, la empresa enemiga del peronismo, con la familia Alsogaray vocero político de los grupos liberales de poder, retiró a la Argentina de los países no Alineados, se enemistó con Khadafi, arregló con los EE. UU. y con Inglaterra e intentó pacificar la Argentina, pero cuando se trata de nosotros las cosas se ponen fuleras de modo que con los argentinos no pudo. Abrió el país a las inversiones extranjeras, desreguló la economía y privatizó. Para qué enumerar más si todos saben qué pasó en los 90. Quizás valga, sí, subrayar que la mayor proeza del doctor Menem fue vencer a Antonio Cafiero en la interna. Pues esa hazaña definió un liderazgo político de forma democrática y al mismo tiempo permitió derrotar a la social democracia enquistada en el peronismo, esto es, una especie de centro izquierda, algo extraño al hueso peronista.

EL ESPACIO QUE OCUPO EL PERONISMO EN SU ORIGEN
El bautismo del peronismo ocurrió con las elecciones de febrero de 1946, cuando decidió jugar a cara o cruz su suerte en territorio republicano. ¿Y qué pasó allí? Tan simple que a veces se pierde de vista. Perón venció a la Unión Democrática que era la expresión social demócrata o la izquierda posible en la Argentina de aquellos años. Para los que desconocen detalles de nuestra historia recuerdo que la Unión Democrática era una coalición conformada por sectores del radicalismo, el socialismo, el comunismo y la democracia progresista. Como anécdota el 12 de febrero de 1946, dos semanas antes de las elecciones, la U.D. denunciaba que los comicios serían suspendidos y se le entregaría el poder directamente a Perón, como el rey Víctor Manuel había hecho con Mussolini el 28 de octubre de 1922, al nombrarlo Primer Ministro. Era claro, para los parámetros de la época, Perón no solo era la derecha, sino que era lo peor de la derecha: era fascismo. Cosa que no fue cierta. Claro, lo del fascismo.

Los actuales dirigentes peronistas debieran hacerse la siguiente pregunta ¿si la Unión Democrática era la izquierda y Perón la derrotó, en qué sector o territorio político se hallaba el peronismo? Naturalmente en la vereda de enfrente esto es en el espacio de la derecha. Esto quiere significar que la clase obrera argentina inclinó su voto por la derecha porque este sector político se había hecho cargo de sus problemas. Los trabajos de Perón en el mundo sindical para apartar o atraer a dirigentes socialistas y comunistas forman parte de un capítulo extraordinario de nuestra historia. Silverio Pontieri dirigente ferroviario es muy claro al respecto: «desde hacía más de cincuenta años se venían repitiendo consignas en asambleas obreras disueltas a sablazos pero ahora quien las repetía y prometía concretarlas era un coronel del ejército argentino, ese mismo ejército que habíamos visto actuar contra los trabajadores y ahora se colocaba a su lado». ¿El Ejercito del lado de los trabajadores? No era creíble para la izquierda. La cosa no ha cambiado en la Argentina. ¿Era novedosa esta movida en nuestro país? No, de ningún modo. Fue el general Julio Argentino Roca, militar difícilmente asimilable a la izquierda, quien primero se preocupó de sancionar una Ley que beneficiara al hombre de trabajo y que sin embargo la izquierda y el anarquismo rechazó porque el Estado no debe intervenir en el conflicto entre el capital y el trabajo y «su sanción constituye una gravísima amenaza al desarrollo de la organización obrera».

QUE ES LA SOCIAL DEMOCRACIA
Cuando se habla de social democracia lo que se quiere significar es ese vasto movimiento europeo que habiendo aparecido en el siglo XIX se hizo fuerte luego de la segunda guerra mundial y que al amparo de la Guerra Fría, consolidó en Europa el Estado de Bienestar. La confusión en nuestro país por parte de cierta intelectualidad europeizada fue asimilar el Estado de Bienestar europeo con el de Perón. Análogo que en cuanto a leyes sociales pero diferente en lo que hace al corpus doctrinario. Perón conmemoró el día la lealtad, de 1953 saliendo al balcón de la casa Rosada acompañado de Anastasio Somoza con quien se abrazó frente a la multitud que vivaba al nicaragüense. Fue amigo de Trujillo, Stroessner y Rojas Pinilla, entre otros. En su tercer mandato en 1973 se entrevistó y abrazó con el general Augusto Pinochet, mientras sectores de su partido lo criticaban. Por eso no se entiende que en nombre del peronismo y cantando la marcha, el Presidente Fernández se asocie a la centro izquierda hispanoamericana.

Si el progresismo, la social democracia y la izquierda se han apoderado del peronismo… bueno será que son mejores. En definitiva son una expresión política con arraigo en la Argentina, y por ahora respetan, a veces más a veces menos, la institucionalidad democrática y republicana. El asunto es que no tienen respuesta para los graves problemas argentinos: ausencia de un modelo de desarrollo económico, visión equivocada de los que es el capitalismo del siglo XXI. En la Universidad Nacional de México, Fernández, como prueba de las dificultades que ese sector tiene acerca del moderno capitalismo dijo: «La realidad es que vivimos en un mundo globalizado. No tiene sentido seguir discutiendo la globalización» ¡Bien ahí, Alberto! Ya lo dijo Duhalde en su momento y también Cristina. Se ve que no entra todavía ese espacio.

No tienen proyecto para Hispanoamérica que no sea la integración política, es decir la nada, pues si no hay integración de los mercados, se voltean las aduanas, se establece una política de seguridad social equivalente, de leyes laborales semejantes, moneda única, entre otras cosas, lo que se diga es jarabe de pico. Perón fue claro, si a Brasil, para consolidar la unidad, hay que decirles que son más buenos, son más buenos, si hay que decirles que son más lindos, son más lindos y a Chile les dijo que no tenía problemas que en la unidad, Chile manifestara que se anexionaba a la Argentina. El progresismo ha impedido la unidad porque son proteccionistas. No tienen política de seguridad, ni saben qué hacer con el narcotráfico. En fin son muchas más sus falencias y debilidades. Ya aparecerán a lo largo de su gobierno.

Frente al fracaso que se avecina urge la conformación de un espacio conservador, abierto al mundo y a la economía global. Popular, esto es, capaz de incorporar a las masas de desheredados que en su momento contuvo el peronismo. Que guarde en su arcón más preciado los valores capaces de mantener en pie a la Patria y a la familia. Y hunda sus raíces culturales en la Argentina profunda. Dejando atrás el cosmopolitismo light de los últimos años tanto como la sociología berreta de Bugs Bunny.

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