Opina Miguel Iribarne: Gobierno de coyuntura y poder de reserva

OPINIÓN

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Otras épocas: Fernandéz de Kirchner toma juramento como ministro a Aleberto Fernández / Foto: Víctor Bugge

Escribe Miguel Ángel Iribarne, profesor universitario (UCA), abogado, historiador, colaborador de Lacity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 4 minutos

Las semanas transcurridas entre el 27 de octubre y hoy han estado dominadas por las marchas, contramarchas, dimes y diretes que ocuparon, sin dejar lugar a resquicios más creativos, la mente de los periodistas y analistas políticos en orden a la figura del Gobierno que viene.

De alguna manera, es explicable. La incertidumbre más profunda de la sociedad argentina por estos días se resume en un interrogante: ¿quién mandará? Y es esa inquietud la que comanda los análisis más o menos sofisticados sobre las acciones que suben y bajan de docenas de candidatos o autopostulantes a integrar los equipos de gobierno, así como del significado de esas subas y bajas para determinar cuál, y en qué medida, de los actores mayores está gravitando más eficazmente sobre el desarrollo de los hechos.

Lo que va configurándose es, a nuestro juicio, la existencia de dos estructuras, que no deben ser concebidas rígidamente ni mucho menos suponer incomunicación entre ellas. Simplemente, tales estructuras reflejan los diferentes roles que en la etapa que comienza en estos días asumirán, por un lado, los hombres del núcleo duro de la Vicepresidente y, por otro, el sector aluvional que fue incorporándose a partir de la designación del precandidato presidencial. Este último tendría a su cargo el manejo de las cuestiones gubernativas cotidianas, especialmente aquellas referidas a la macroeconomía, las finanzas y la política exterior, por lo demás estrechamente imbricadas en la presente situación nacional. El primero, en cambio, controlaría el Congreso a través de la unificación de bloques ya operada en el Senado y la presumible ampliación del oficialismo en la Cámara baja, sumados a la colocación en posiciones de significativas de figuras de la familia, o de la confianza, vicepresidenciales.

El primero constituiría el gobierno de coyuntura, encargado de la gestión ordinaria y va de suyo que soportaría el desgaste inherente a la misma. No olvidemos que ─según apunta el analista Lucas Romero─ «hoy simplemente gobernar implica ya un costo político». A este equipo incumbirá la renegociación de la deuda y, naturalmente, la carga de las «condicionalidades» de ella derivadas. Por detrás de él se alistaría el poder de reserva, aposentado, ciertamente, en las Cámaras, pero también en áreas que configuran hoy el verdadero hueso del Estado, como, por ejemplo, la AFIP, la AFI, la UIF, la Procuración del Tesoro, el Ministerio (o Consejo, o Agencia) de Seguridad, entre otras.

En la concepción estratégica del núcleo rector de este poder de reserva los integrantes del gobierno de coyuntura son, hasta un nivel difícil hoy de precisar, constitutivamente fusibles. Respecto de ellos el poder de reserva desempeñaría, básicamente, las siguientes funciones:

a) le derivaría la gestión de las condicionalidades antes referidas;
b) fijaría límites para que las peripecias de la gestión no terminasen desvirtuando el marco ideológico irrenunciable;
c) procuraría prevenir o controlar todas las circunstancias que pudiesen alterar el plan de la reconstrucción dinástica (Máximo 2023).

En esta perspectiva resulta claro que lo que llamamos el poder de reserva está lejos de constituir aquél poder moderador sobre el que se teorizó durante el siglo XIX y que, de alguna manera, encarnaron los monarcas constitucionales y los Jefes de Estado en los regímenes parlamentarios. Más bien al contrario: se trataría ─si se nos permite la expresión─ de un poder radicalizador, siempre atento a corregir los desviacionismos que pudieren ser generados por la acción gubernativa cotidiana y sus impiadosas exigencias.

El devenir de esta estructura dúplice que sumariamente intentamos describir va a caracterizar la escena política del país ya en los meses inmediatos. Habrá que ver como inciden en esa tensión insoslayable los factores sociales (extrapoderes fácticos) que provisoriamente han sido aglutinados en la coalición política dominante. En cualquier caso, será oportuno tener presente la reflexión de Ernesto Palacio en relación al análisis de aquellas situaciones en que parece difícil, prima facie, identificar al titular real del poder: «El mismo, nos decía el ilustre escritor, “se halla donde se encuentra la voluntad más fuerte”».

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