La opinión de Flombaum: En dos años volveremos

OPINIÓN

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Foto: Felipe Restrepo Acosta

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

 

 

 

Estimados lectores, no se asusten no me refiero a nadie en particular, volveremos a votar. Eso hace que los gobiernos en todas sus expresiones desde el día cero piensen en como triunfar en las próximas elecciones y así estamos desde 1983.

Propongo, 5 años de gobierno sin reelección para cargos ejecutivos. Una ley de presupuesto quinquenal que proponga un plan con objetivos claros y explícitos. Con una restricción para adjudicaciones de todo tipo, que comprometa al próximo período, en el último año, salvo aprobación de los organismos de contralor que deben estar en manos de la oposición.

Propongo elecciones separadas para los tres estamentos institucionales, Nación, provincias y municipios. Que garanticen representatividad en cada uno de ellos.

No crean que todo esto es producto de mi erudición, para nada, es el régimen que impera en la democracia más creíble de nuestra región, la uruguaya.

Por la necesidad de acciones de corto plazo para garantizar un «triunfo» electoral los gobiernos toman el Estado como un coto de caza y cada vez que cambia el partido gobernante todo lo anterior se tira y se comienza nuevamente.

No tenemos carrera de administradores estatales, con funcionarios que con su firma garanticen la continuidad institucional que una nación requiere.

Así hoy estamos con jueces que cambian el sentido de sus fallos, con ministros que pretenden revisar fallos judiciales, con un cuerpo diplomático que a través de la misma persona debió cambiar 180 grados la posición del país ante conflictos internacionales de vieja data, en los organismos internacionales. Una locura.

Sin una posición internacional firme, permanente y que solo varíe en mínimas orientaciones, como la de la mayoría de los países del mundo, es imposible generar una estrategia que ampare a una política de inversiones, de comercio, de investigación a largo plazo.

Uruguay, para no recurrir a países más desarrollados, ha cambiado de partidos gobernantes en forma permanente en los últimos 35 años, pero su política exterior se puede relatar de memoria porque es absolutamente previsible, gobierne quien gobierne.

Solo con planes acordados por todas las expresiones políticas, económicas y sociales, se puede garantizar la llegada de inversiones, fundamentalmente de los propios argentinos, que ante la inestabilidad se llevan su dinero fuera del país para protegerlos del disloque nacional.

Luego del retorno de esos capitales podremos convocar a los inversores externos virtuosos, que no son los que vienen a apostar a la timba financiera, sino a aquellos que con tasas de retorno razonables canalizan el ahorro global en inversiones de largo plazo en actividades productivas.

La timba financiera no es una consecuencia de un determinado plan económico, ya los probamos a todos con el mismo resultado. Es la estabilidad política, normativa en general, la justicia independiente y una política internacional previsible lo que alejará a los timberos y alentará a los emprendedores.

Pero claramente si un gobierno para lograr su propia estabilidad debe tomar medidas de corto plazo todo el tiempo para poder ganar las elecciones cada dos años, pensar en inversores de largo plazo y tasas razonables es imposible.

Nuestro país ha desarrollado, producto de esta democracia fallida, una relación entre gobernantes y gobernados errónea y muy perjudicial para ambas partes.

Los gobernantes toman como propio lo que no les pertenece y utiliza, por ejemplo, a los servicios públicos, como herramienta de gobierno cuando su tarea se debe limitar a regularlos.

No interesa quien los administra, puede ser el estado o un concesionario, eso no modifica que el servicio, sus bienes y su recaudación es del público, es de los usuarios. Este concepto es común en todo el mundo, menos en nuestro país que toman a la caja de los servicios como propia, tanto los privados como los gobiernos de turno.

Los gobernados es decir el pueblo, también incurren en una relación falsa, pide solución al gobierno de problemas que debe solucionar cada uno, y deja de exigir a los gobernantes que cumplan con su cometido.

Se le exige al estado cosas que no puede ni debe solucionar. El estado debe regular con todo el peso de la ley.

El poder regulatorio bien aplicado, es el arma más poderosa para igualar al débil con el poderoso. La ley de defensa de la competencia está en vigencia desde 1999 (proyecto del diputado Rodolfo Gabrielli) y reformada luego en 2018, nunca fue utilizada como herramienta de gobierno.

Fue más fácil recurrir a facilismos impracticables como precios máximos, cuidados o cualquier nuevo adjetivo que se le ocurra al secretario de comercio de turno.

Nunca se esforzó en utilizar el poder del Estado para garantizar la competencia y garantizar normas antimonopólicas como se utiliza en el mundo entero.

Es fácil pregonar la defensa de la «industria nacional» y de las PYMES, como si la bandera de una industria o el tamaño de una empresa fuera garantía de virtud.

La industria es virtuosa si llega al consumidor con buena calidad y precio justo al consumidor y la PYME es defendible si es una herramienta para garantizar eficiencia y calidad en alguna parte de la cadena de valor de un producto.

Una industria merece ser subsidiada si en un plazo de tiempo es capaz de exportar su producción para dotar al país de los recursos necesarios para su que su balanza comercial sea positiva.

Ahora si la base de su sustento es el subsidio y la protección, no tendrá futuro.

Nuestro país ha desarrollado una institucionalidad muy rara, casi todas las asociaciones de tercer grado, empresarias y sociales están dominadas por sectores subsidiados, o dependientes del estado, es muy difícil salir de la trampa que impide iniciar un proceso virtuoso de esa manera.

Lo virtuoso es producir, lo anti argentino es vivir del subsidio y la protección.

Esa es la escala de valores que debe reinar en un país que pretende desarrollarse.

El comienzo de este nuevo gobierno me deja preocupado, no será extrayendo fondos de la producción como se saldrá de la crisis. Si es necesario hacerlo debe ser por un tiempo determinado desde el comienzo y con un objetivo auditable, sino será el comienzo de una nueva frustración.

Hemos pasado un año para el olvido, el gobierno saliente fue sin duda muy malo en lo económico, de una insensibilidad pocas veces vista con los que menos tienen, y el futuro no parece ir en el camino más virtuoso.

Sino tomamos el toro por las astas y reunimos a todos, pero a todos, para construir un plan con consenso el final de este período será un nuevo capítulo de una serie muy vista.

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