Opina Mariana Gonzalez: La ciencia y la tecnología frente a la pandemia

OPINIÓN

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* Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

 

 

Lectura: 5 minutos

La esperanza de la humanidad con respecto al COVID-19 se basa en tres puntos fundamentales: la extinción de la propagación del virus, el descubrimiento de una cura y el desarrollo de una vacuna.

Seguramente, la gran mayoría de los científicos de todo el mundo, relacionados con estos objetivos, están trabajando en sus laboratorios. Nos los imaginamos rodeados de microscopios, tubos de ensayo, pipetas, etc. Sin embargo, hoy, es la tecnología informática la gran herramienta de todos ellos.

Los virus, son partículas más pequeñas que las bacterias; no llegan a ser seres vivos; no se pueden ver a través de los microscopios ópticos; son las entidades biológicas que más se encuentran en el mundo; son parásitos de células vivas, sin ellas no se reproducen; algunos producen enfermedades al ser humano, animales y plantas; otros son inofensivos; no se curan con antibióticos pero si hay antivirales y vacunas.
Están compuestos por un núcleo de ADN (ácido desoxido ribonucleico) o ARN (ácido ribonucleico), rodeados de una capa de proteínas. Algunos tienen, además, una envoltura membranosa de lípidos (grasas), como el COVID-19.

¿Cómo logramos encontrar una vacuna o una cura?

Necesitamos obtener un compuesto químico que destruya al virus, por lo que hay que simular millones de posibles combinaciones y ver cómo actúan al asociarse con el virus.

Los procesos de interacción atómica son muy complejos. Anteriormente, los estudios se basaban en prueba/error, significaban mucho tiempo, sin certeza de llegar a un resultado positivo y muchos recursos (costos).

Actualmente, se utilizan poderosos algoritmos computacionales para realizarlos. Con computadoras tradicionales se resuelve en meses, con las supercomputadoras diseñadas para simulaciones de interacción de átomos (hasta ahora usadas, principalmente, para simular explosiones atómicas sin necesidad de hacer pruebas reales), eso puede tardar solo días.

Si ya tuviéramos una computadora cuántica plenamente desarrollada se tardaría horas.

Las supercomputadoras, además, permiten desarrollar modelos predictivos de análisis de la evolución de enfermedad.

Hace pocos días, Donald Trump, anunció la creación del Consorcio de Computación de altas Prestaciones, organizado por el departamento de Energía de Estados Unidos e IBM, a los que se le suman, Microsoft, Amazon, Google, Hewlett Packard, el MIT, el Instituto politécnico de Rensselaer, la Universidad de California en San Diego, la NASA, cinco laboratorios públicos de Estados Unidos, y muchos más.

Suman dieciséis supercomputadoras enlazadas con una potencia de 330 petaflops (330 mil billones de operaciones de punto flotante por segundo), la mayor potencia computacional de la historia. Están a total disposición, gratis, para aquellos científicos e instituciones científicas que estén desarrollando tratamientos para la cura y la prevención del COVID-19.

En la supercomputadora Summit, de IBM, que forma parte de esta red, desde que comenzó el proyecto, se han analizado 8.000 moléculas y detectado las 77 potenciales para terapias y vacunas.

Según Darío Gil, director de IBM Research «estos sistemas informáticos de alto rendimiento permiten a los investigadores realizar un gran número de cálculos en epidemiología, bioinformática y modelado molecular», son capaces de «ofrecer un poder de supercomputación extraordinario a los científicos, investigadores médicos y agencias gubernamentales» para responder a «esta emergencia global».

¿Cómo más nos ayuda la tecnología en estos casos?

La Oficina de Política Científica y Tecnológica de EE. UU, solicitó la creación de una gran base de datos (que ya cuenta con más de 24.000 informes) sobre todo lo descubierto sobre el COVID-19. La base de datos ya está disponible en el sitio web Semantic Scholar de AI2.

Microsoft proveyó algoritmos de búsqueda para encontrar artículos sobre el tema; el Instituto Allen de Inteligencia Artificial (AI2), tradujo páginas web y archivos PDF a un formato posible de ser procesado por algoritmos computacionales.

TODOS los investigadores tienen a su disposición TODA la información que se cuenta sobre la pandemia.

Otro ejemplo: El MIT y la Universidad de Harvard desarrollaron una aplicación que le avisa si se ha cruzado con algún infectado. Colaboraron investigadores de Facebook y Uber en sus tiempos libres.

Private Kit: Safe Paths es el nombre de la app, comparte información sobre los movimientos de los usuarios de forma anónima preservando la privacidad de los mismos, a través del movimiento de su teléfono celular. Si alguien pasó cerca de una persona que después dio positivo al coronavirus se le avisa. Sirve, también, para informar a las autoridades sobre posibles focos de contagio.

El principal problema de esta aplicación es los recaudos que se tuvieron que tomar para preservar la privacidad de los participantes. Su uso puede ser muy útil si se incorporan la mayoría de los ciudadanos. En China, el gobierno, sacaba esa información de los teléfonos de las personas, sin su consentimiento, cosa imposible, por suerte, de hacer en países democráticos.

La ciencia, la tecnología, solo son herramientas que están al servicio de la sociedad.

 

Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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