Opina Flombaum: antes del día después

OPINIÓN

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Foto: GoToVan

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 5 minutos

Es un lugar común decir que en los momentos límites es cuando aflora la verdadera cara de cada ser humano.

Creo que podemos, más allá de todas las consideraciones, decir que el mundo está transitando un momento impensado. Se derrumban paradigmas, se derrumban estructuras que parecían incólumes, cosas que antes valían mucho hoy nada, normas legales, morales, de procedimientos instalados casi como dogmas se derrumban ante las consecuencias provocadas por un virus.

En ese marco se puede leer, análisis de todo tipo, reacciones de todo tipo, calificaciones de todo tipo. Gracias a la inmediatez de las redes sociales podemos ver a cada personaje desnudo de filtros e hipocresías.

Todos sabemos que hay dos temas que están en la consideración cotidiana y que estarán en la mesa de todos los debates luego de que se supere la crisis sanitaria. Los sistemas de salud y la reactivación económica.

En la manera, en la forma en que los actores se preparan para ese momento se juega el grado de éxito que tendrá la comunidad global y las nacionales en la superación de las consecuencias de este terremoto político, económico y social.

En mi consideración la crisis provocada por el virus, desde el punto de vista global es muy semejante al que hubiera provocado una de las viejas guerras de ejércitos frente a ejércitos. Seguramente y es el deseo de todos que sea con muchísimas menos pérdidas humanas.

Hoy hay políticos, analistas, economistas, empresarios, sindicalistas que piensan que algo de lo que había antes se puede retomar, como si nada hubiera pasado, creo están equivocados. Pero como desde el sentido común eso no lo puede pensar nadie, me digo que esos son los retardatarios que privilegian lo que tenían a lo que se debe logar hacer para recomponer la vida de miles de millones de personas.

No creo que los sistemas políticos sean iguales, no creo que la relación entre los gobernados y los gobernantes sea la misma, no creo que las otroras monedas fuertes lo sean en el futuro, no creo que los sistemas de educación, salud, justicia y seguridad sean los mismos, en fin, creo que como fue la salida de la segunda guerra mundial deberemos repensar todo.

En ese marco general nuestro pequeño país estaba, en el momento que el virus irrumpió, atravesando su propia tormenta.

La verdad es que ponernos a pensar en esa situación sin ubicarnos en la crisis general que hoy enfrenta el mundo entero, sería una tontería.

Tampoco podemos pensar que, respecto de la deuda, podemos hacer un paga Dios, ni respecto a la confianza tantas y repetida veces perdida se podrá recuperar por arte de magia.

Pero lo cierto es que si los gobiernos en sus tres estamentos, nacional, provincial y municipal, demuestran que estuvieron a la altura de las circunstancias en el aspecto sanitario y que la comunidad en su conjunto fue capaz de reaccionar solidaria y ordenadamente ante la crisis, la consideración del concierto de las naciones habrá mejorado sustancialmente.

También se valorará en que lugar quedarán aquellos que pretendan volver a su anterior situación de preminencia, en cualquiera de los campos sociales, económicos y políticos.

Si logran protagonismo cualquiera de los actores del fracaso del pasado, en cualquiera de los ámbitos, sin la previa autocrítica y la predisposición a poner arriba de la mesa los privilegios, las mezquindades y las miserias que los caracterizaron, esa valoración positiva se caerá en instantes.

Si alguien piensa desde la brecha política, si alguien se sitúa desde el reclamo y no desde la disposición del dar, si alguien cree que no va a tener que ceder para poder ganar, en pocos meses aquello que parecía una más de las crisis repetidas de nuestro país, pasará a ser una hecatombe social mayúscula.

No es momento para personalismos, no es momento para especulaciones, es momento de la verdadera unión, que no es la unión de los iguales, es la unidad de los diferentes.

Si logramos que los diferentes compartan el poder, espacio por espacio en la gobernanza, podremos crear un Estado que sea capaz de generar los planes y las reformas que se necesitan para encausar esta nación en un mundo diferente.

Un mundo que seguramente combinará lo global con lo local como nunca. Será global el comercio, el conocimiento, se avanzará en normativas laborales globales, se organizarán más y mejores organismos sanitarios mundiales y se renovarán totalmente los organismos multilaterales financieros. En lo local cada pueblo-nación deberá organizase y capacitarse para una batalla por el lugar en un mundo super competitivo.

No se podrá sostener a esa casta de ultra ricos que creo una economía deformada que asignaba valores esotéricos a actividades que en definitiva empobrecían al resto de la humanidad.

Todo estará sobre la mesa.

Por eso los argentinos como nunca y ahora, teniendo a nuestro frente la posibilidad de ser o no ser, debemos deponer banderas y sentarnos en una mesa a lograr la unidad de los antiguos opuestos en beneficio del bien común. Ya no es una oportunidad es la oportunidad.

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