Opina Claudio Chaves: El Covid-19 va a pasar y la historia continuará su derrotero…

OPINIÓN

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Epidemia de la Peste Negra, ilustración de Pierart dou Tielt (fl. 1340-1360)

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Columnista especial de Lacity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 5 minutos

Abordar el tema apelando a la ciencia histórica no es sencillo pues su estudio no sirve para predecir el futuro, pues ella no se repite, sin embargo puede contribuir a dar una visión más amplia de lo que nos está pasando corriéndonos del lugar en el cual estamos parados.

En principio mi intención no es adivinar el tiempo que vendrá, que como hemos dicho resulta imposible hacerlo, sino poner en orden ciertas incertezas escritas y publicadas con tal ligereza que asombra provenga de intelectuales cargados de latines y de griegos.

Entiendo que voy a ingresar en un tema dificultoso para el lector común que no tiene por qué conocer hechos históricos pero tampoco hay derecho que se le mienta.

Se lee y escucha con cierta frecuencia, en los últimos días menos, acerca de que el corona virus puede cambiar los destinos de la historia tal cual venían dándose, como la Peste Negra lo hizo en el siglo XIV. ¿Será posible esto?

Hay en esta extrapolación histórica un grave error de conocimiento. La Peste Negra no torció la historia ni generó nada novedoso. El sistema feudal imperante, ya en crisis, no se alteró por la epidemia. Veamos.

¿En qué consistía el sistema feudal? Para decirlo fácil y entendible y el principiante no se pierda, en el vasallaje de un artesano o campesino a un Señor que por la fuerza o la tradición lo sometía a la servidumbre, que consistía en retribuir con su trabajo, en especies o en labores realizadas. El vasallo se hallaba en posesión de la tierra o el taller, sin poder ser echado de allí por el Señor pero tampoco podía abandonar su lugar. En caso de hacerlo era pasible de horrendos castigos. El Señor velaba por la seguridad de sus vasallos y administraba justicia. Cuanto más extenso fuera el feudo y más campesinos habitaran en él, la riqueza del Señor crecía en proyección a sus bienes. Las guerras entre Señores para robarse campesinos cubrieron un tiempo extenso de esta historia.

Ahora bien, a partir del 1100 de nuestra era dos fuerzas se entremezclaron para apurar la crisis del modelo feudal. Por un lado la sobreexplotación del siervo para elevar las ganancias del Señor, lo que provocaba un enorme descontento que hacía huir al campesinado a los bosques a vivir de los robos generando la inseguridad característica de esos años o a huir a las ciudades que habían comenzado a aparecer, promovida por la otra fuerza: el desarrollo del comercio.

El historiador Henri Pirenne ha sido quien con más cuidado y detalles investigó la influencia de este comercio mundial cuyo centro era el mar Mediterráneo, como responsable directo de esta crisis. Sin entrar en el debate de cuán cierto es esta opinión, su argumento central es que el Mediterráneo vinculaba el comercio del Índico con el mar Báltico. Ciudades como Venecia, Génova, Amalfi, Barcelona o Florencia alcanzaban los puertos de Alejandría o San Juan de Acre trayendo a Europa las especies y la seda. Luego desde estas ciudades, comerciantes o simples buhoneros atravesaban los Alpes y distribuían la pimienta, la canela, el clavo de olor, el azafrán o la seda por todo el centro de Europa, dando origen a pequeños poblados donde ofrecían sus productos. Estos poblados devenidos en ciudades, a veces eran protegidas por los Señores feudales y a veces no. No había una regla universal. Lo cierto que su existencia generaba un espacio que lentamente se fue independizando del poder de los grandes Señores, donde se refugiaban campesinos y artesanos.

El sistema feudal lentamente comenzó a quebrarse. Desde arriba porque la pelea entre los Señores hizo que alguno de ellos se impusiera al resto consolidando un poder real, por encima de los iguales, que culminaría en las Monarquías Absolutistas y por abajo a consecuencia de la sobre explotación del siervo de la gleba y la aparición de las ciudades.

Llegados a este punto el lector se preguntará que tiene que ver lo narrado con la Peste Negra o mejor dicho que cambio produjo la peste bubónica en el sistema. ¿Qué divisoria de agua? ¿Por qué se habla con impunidad de un antes y un después de la peste? Y con mayor ligereza asimilarla al presente.

Seguramente por desconocimiento y también para apurar opiniones de lo que no se sabe que pasará después del Covid-19.

Volviendo al medioevo cuando la Peste apareció el sistema feudal crujía. Los millones de muertos no cambiaron la historia. Maurice Dobb en su libro sobre el desarrollo del capitalismo cita a un autor (Lipson) y hace suya su opinión: «la peste solo intensificó pero no originó la crisis económica, puesto que ya el alterado equilibrio del mercado de trabajo había empezado a producir sus efectos».

En síntesis sería correcto no referenciarse más con la Peste Negra como promotora de un cambio de época e igualarla con la actualidad. Con cierto atrevimiento lo que sí podría hacerse al comparar las pandemias es descubrir que no hacen mella en el derrotero de la historia, la que siempre se halla en manos de los hombres.

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