Gran Hermano Putin

INTERNACIONAL

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Presidente ruso, Vladímir Putin / Foto: Kremlin

Lectura: 3 minutos

Por ahora, las nuevas medidas de control solo aplican a Moscú, el epicentro del brote en Rusia, con la gran mayoría de los casos del país, que aumentaban rápidamente en la primera semana de mayo.

En medio del sombrío escenario epidemiológico, el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, insistía en que la ciudad tiene pocas opciones más allá de usar la tecnología para ayudar a revertir el contagio.

«Cuando hablamos sobre la salud y la vida de un número tan enorme de personas, no hay alternativa», dijo Sobyanin, en una declaración en la que anunciaba las medidas, que entrarán a funcionar la próxima semana.

Pero en una sociedad con dolorosos recuerdos de la vigilancia y el espionaje durante los años más oscuros de la represión soviética, los nuevos controles sociales no son tomados a la ligera, dicen los críticos gubernamentales.

Activistas de la oposición y de los derechos digitales sostienen que en la Rusia de Vladímir Putin, donde el énfasis en la estabilidad nacional muchas veces se ha impuesto a los derechos individuales, las nuevas herramientas de vigilancia ofrecen a los servicios de seguridad nuevas armas con poca, si acaso alguna, supervisión.

En la medida en que el coronavirus ha avanzado desde el epicentro inicial en China al resto del planeta, los gobiernos del mundo se han apresurado a buscar soluciones. Moscú, como Nueva York, Londres y otras grandes ciudades, ha estado al frente de la batalla con una buena parte de las infecciones. Los funcionarios están tomando algunos pasos ya conocidos.

Bajo las medidas de confinamiento anunciadas en marzo, una mayoría de los más de 12 millones de habitantes moscovitas ahora pasan la mayoría del tiempo en sus casas. Las excepciones son permitidas para ir al supermercado, la farmacia, para sacar la basura o para brevemente pasear a la mascota.

Combinado con un cese de las labores con goce de salario decretado por Putin, las restricciones han reducido el usual bullicio de Moscú y lo han convertido en un escalofriante silencio.

Las autoridades no han ocultado su frustración con los residentes que no respetan las normativas, particularmente aquellos en grupos de alto riesgo ante la COVID-19 que están obligados a permanecer en cuarentena.

La policía dice que ha realizado centenares de arrestos y ha emitido multas a los que violan la ley. Aún así, funcionarios locales dicen que medidas más severas harán falta al entrar la primavera y continuar el crecimiento del brote.

Ahí es donde entran en acción la tecnología y la controversia.

Los moscovitas que se sospecha tengan el virus serán rastreados en sus movimientos con una aplicación para teléfonos inteligentes obligatoria. A quienes no tienen celulares, la ciudad les prestará uno.

«El principal objetivo es, junto al paciente, incentivar a no salir a la calle», dijo Eduard Lysenko, el jefe del departamento de tecnología de Moscú, en una entrevista radial con Echo of Moscow.

Sólo que el monitoreo no se detiene ahí.

Los residentes de Moscú también serían obligados a inscribirse para recibir un código QR emitido por el gobierno, es decir un código de barras con su información personal, que los rusos deben mostrar a la policía cuando se les pida, ya sea en sus celulares o impreso.

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