Opina Flombaum: Ocupaciones, ¿Delito, Derecho, Justicia?

OPINIÓN

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Asentamiento precario en el conurbano bonaerense / Foto: Stevenochs

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

No es nuevo el escenario de ocupaciones de tierras en el conurbano, son muchos los antecedentes, pero muy distintos los disparadores.

Luego de la segunda guerra mundial y con la sustitución de importaciones como necesidad por la posguerra, entre la inmigración externa y la interna se ocuparon las tierras que conformaron el primer cordón de Bs. As.

Pero el disparador fue el trabajo, venían a trabajar, ese fue el ordenador y el que permitió que en cada terreno hubiera una vivienda, construida por las manos de los mismos ocupantes.

El estado, ayudó con créditos a largo plazo, los nuevos habitantes se organizaban en Sociedades de fomento y construían la infraestructura básica (electricidad, pavimento).

El segundo cordón fue producto de la inmigración interna y de los países limítrofes provocado por el descalabro de las provincias que dependían de economías regionales, atacadas por la inflación y las crisis institucionales y económicas de los 60 y 70.

Ya el trabajo que se les ofrecía a los migrantes no era ni de calidad ni estable, las ocupaciones dieron origen a lo que se conoció como «villas miseria». Se ocuparon las tierras que tenían dueños con títulos surgidos de la ley de ocupación veinti y treinta anual, con ocupaciones precarias, muchas de ellas representadas por una casilla con un ocupante.

Surge el estado benefactor y jefes barriales como intermediarios. La iglesia y organizaciones políticas organizaban ocupaciones que terminaban en expropiaciones pagadas por los estados que recompensaban a los viejos dueños de tierras inundables con valores de tierras urbanizadas.

El tercer cordón es el resultado de la pobreza, no hay trabajo solo changas, trabajo en negro, de jefes barriales se pasó a la competencia por la autoridad barrial entre la delincuencia, el narcotráfico y la desesperación por la subsistencia. Solo las organizaciones sociales y los curas villeros penetran con valores comunitarios.

Surgieron lo que se conoce como asentamientos urbanos.

La educación que fue ordenadora e igualadora tanto en el primer como en el segundo cordón, en el tercero, la escuela, se convirtió en una intrusión del estado en un terreno dominado por la anomia y el desconocimiento de las leyes como ordenador social.

Esa ocupación de tierras sin trabajo es una ocupación precaria porque convierte a la familia tipo a la compuesta por abuela, madre y múltiples hijos de distintos padres quienes van cambiando de territorio según el trabajo que consigue dejando a esa presunta familia en el abandono.

En esos territorios lo único permanente es aquello que está fuera de la ley.

Escuchamos el debate entre funcionarios y políticos unos dicen que la ocupación es un delito y debe ser reprimida, otros que es producto del déficit habitacional, tiendo a compartir con aquellos que lo ligan a la falta de trabajo.

Claro que eso no es tan sencillo. Crear trabajo sustentable no es tarea fácil. No se trata de aquella etapa de sustitución de importaciones, de encontrar a un emprendedor con algún capital y con algo de habilidad.

Hoy para generar trabajo se requiere un plan ordenador, una producción competitiva y un mercado que lo sustente. Se requiere un hábitat ordenado que convoque primero a colaboradores de alto nivel técnico que luego de lugar a la generación de empleos con más baja calificación.

Se requiere de infraestructura que permita producir con bajo impacto ambiental y con educación de calidad y salud pública de calidad, no salud para pobres.

Escuché hablar de un proyecto de mil ciudades jóvenes, ese es el camino. No se puede pensar en seguir exprimiendo productividad al actual conurbano. Cuanto más gente se instale en él, menor calidad tendrá el trabajo, por sobre oferta y por baja calidad de hábitat.

Es hora de que la dirigencia tome como objetivo el trabajo, el alto salario y la productividad como ordenadores sociales.

No debemos gastar más en un plan de vivienda sin trabajo, ni una construcción más de infraestructura urbana sin capacidad de repago, todo eso es ilusión momentánea y grave problema a futuro.

Las ciudades que son las que reciben las corrientes migratorias en todo el mundo deben ser sustentables, sino se convierten en generadoras de promiscuidad, enfermedad, delincuencia y anomia generalizada.

La sustentabilidad la otorga el trabajo y la producción.

Argentina desde 1930 entró en un camino de suma cero. A cada gobierno legítimo le seguía uno ilegítimo, luego desde 1983 de uno supuestamente popular le seguía uno supuestamente antipopular.

Lo cierto es que ese empate permanente de dos pensamientos lleva, a este proyecto de nación, a la nada misma, a la decadencia y el empobrecimiento.

Muchos le otorgan responsabilidad a los factores externos, imperialismo, comunismo, populismo, neoliberalismo. En realidad, lo que carecemos es de afecto comunitario. No tuvimos, me atrevo a decir nunca, ese amalgama que da el sentimiento de que la nación está por encima de todo.

Lo tiene Chile con su rara comunidad con la cultura sajona, lo tiene Uruguay con el legado de Artigas, lo recuperó Bolivia con la incorporación de los pueblos originarios al poder, la tuvo siempre Paraguay, por eso la guerra de la triple alianza y sobre todo la tuvo siempre Brasil por ser continuador del Imperio de Portugal.

Argentina necesita urgente de un amalgama que debe surgir de un acuerdo entre los distintos, todos lo dicen, todos lo pregonan pero para que eso se haga realidad se debe partir de un gobierno compartido que se base en una mayoría abrumadora en el Congreso y en el gabinete de coalición.

Que deje las cuentas del pasado en el olvido, con el dolor que eso supone. Si lo lograron naciones que se enfrentaron en guerras que dejaron tendales de muertos, si lo consiguió España luego de una guerra civil tremenda como no poder lograrlo nosotros.

Sin ganadores ni perdedores con una dirigencia que imponga la empatía al odio.

Se que parece imposible, pero como es la única salida posible eso llegará, antes de una nueva y tremenda crisis o después de ella.

Solo deben saber los cultores de la brecha que cuanto más tarden en bajar las banderas de la desunión más grande será el sufrimiento de nuestro pueblo.

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