Trump por la reelección

INTERNACIONAL

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Foto: The White House

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A sus 74 años de edad, Trump buscará una victoria en las urnas que le permita repetir mandato. Al igual que en 2016, los sondeos no prevén su triunfo, pero el mandatario ha demostrado en los últimos años que es capaz de sobreponerse a las adversidades. Su gestión de la pandemia en los próximos meses podría determinar su futuro político.

Donald J. Trump, el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos y solo el tercero en ser sometido a un juicio político, del cual fue exonerado, busca en estos momentos la reelección para un segundo mandato.

Trump lanzó oficialmente su campaña de reelección en junio de 2019 en Orlando, Florida, con el eslogan de «Mantén EE. UU. grande», una variación del 2016 «Hagamos a EE. UU. grande de nuevo». Allí le dijo a sus simpatizantes: «Lo hicimos una vez y ahora lo haremos de nuevo, y esta vez terminaremos el trabajo».

Antes de convertirse en presidente, Trump era un prominente y controvertido promotor de proyectos de bienes raíces de Nueva York. Poco después de graduarse de la Escuela de Finanzas de Wharton, en la Universidad de Pensilvania, tomó el control del negocio de bienes raíces de su familia, haciéndolo crecer y construyendo hoteles, casinos y campos de golf alrededor del mundo.

A inicios de los 1990, Trump se vio obligado a presentar varias declaraciones de bancarrota en propiedades en Atlantic City y Nueva York. Sin embargo, luego reconstruyó sus negocios y en 2016, la revista Forbes calculó su fortuna en 3.700 millones de dólares.

En el 2004, Trump se convirtió en una ampliamente conocida figura de los medios por producir y protagonizar el programa de telerealidad «El aprendiz», que se convirtió en un éxito para la cadena de televisión NBC. Renunció al programa en el 2015, para prepararse para aspirar a la presidencia.

Durante sus tres años y medio en la Casa Blanca, el presidente Trump ha logrado la aprobación de una significativa reforma de las leyes de impuestos, redujo el número de tropas en Siria y consiguió la confirmación en el Senado de dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los conservadores Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, que ocuparon dos plazas vacantes del total de nueve.

También ganó la aprobación de otros 200 jueces, aproximadamente, para tribunales federales. La nominación de Kavanaugh resultó especialmente complicada, con audiencias públicas enfocadas en sus juveniles días de consumo de cervezas y un alegato de mala conducta sexual. Al final, el Senado aprobó por escaso margen el nombramiento de Kavanaugh para el más alto tribunal del país.

Trump ha promovido políticas para erradicar la inmigración ilegal, incluyendo el logro de que se hayan aprobado 1.400 millones de dólares en el Congreso para la construcción de un muro fronterizo (aunque fue un monto mucho menor de lo que solicitó) y declaró un estado de emergencia para obtener 3.600 millones de dólares adicionales para su proyecto fronterizo estrella.

El presidente ha cumplido con promesas de campaña sobre desmantelar regulaciones gubernamentales y eliminar una buena parte de la ley de servicios de salud del expresidente Barack Obama, popularmente conocida como Obamacare. Aún cuando millones de estadounidenses perdieron sus trabajos y seguros médicos debido al impacto de la pandemia del coronavirus en Estados Unidos este año, Trump apeló a la Corte Suprema de Justicia para que se invalidara totalmente el Obamacare.

El presidente ha expresado frecuentemente su repudio a las políticas de Obama, su antecesor demócrata y el único presidente estadounidense de origen afroamericano.

Durante tres años, Trump presidió con una bonanza económica que incluyó una tasa de desempleo que cayó al 3,5%, la más baja para la mayor economía del mundo en cinco décadas, y los índices financieros volaron alto. Pero ese éxito terminó sin aviso con el avance de la pandemia desde China, a inicios del 2020, con Trump expresando constantemente su escepticismo sobre su letalidad y sus efectos en Estados Unidos.

A finales de febrero, en un vídeo frecuentemente presentado en programas de noticias, Trump predijo «Va a desaparecer, un día será como un milagro, va a desaparecer».

En lugar de eso, el virus se extendió por los 50 estados, causando alteraciones masivas. Pronto el país también estaba hundido en un desastre económico. Más de 48 millones de trabajadores perdieron sus empleos, más de una cuarta parte de la mano de obra de Estados Unidos, mientras los gobernadores estatales ordenaban el cierre de negocios en un intento por evitar el avance del virus.

Escuelas y universidades cerraron sus clases en las aulas en favor del aprendizaje en línea. Los deportes profesionales y universitarios dejaron de realizar sus juegos, mientras los hospitales posponían las cirugías electivas y los restaurantes se limitaban a entregar comida para llevar mientras sus comedores estaban cerrados en la mayoría de Estados Unidos.

Trump realizó conferencias de prensa diarias sobre el coronavirus durante semanas, pero frecuentemente desestimaba la severidad del coronavirus, aparentemente temeroso porque cualquier reconocimiento de sus efectos pudiera afectar sus posibilidades de ser reelegido en la contienda del 3 de noviembre. Insistentemente ha prometido que se encontrará una vacuna en los meses venideros, aún cuando los expertos en salud apuntan que, en el mejor de los casos, no se tendría una hasta comienzos del 2021.

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