Enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán, amenaza para seguridad regional

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Foto: Ministry of defence of the Republic of Azerbaijan

*Escrito por Esmira Jafarova

Lectura: 9 minutos

Las primeras horas de la mañana del 27 de septiembre de 2020 marcaron otra provocación lanzada contra Azerbaiyán por las Fuerzas Armadas de la República de Armenia.

Las Fuerzas Armadas de Armenia, utilizando armamento de gran calibre, morteros y todo tipo de artillería, iniciaron bombardeos intensivos contra las posiciones de las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán a lo largo del frente, así como en las zonas pobladas de la aldea de Qapanli en Terter, Chragli y Orta Garvend en Aldeas de Aghdam, Alkhanli y Shukurbeyli de Fizuli, y aldea de Jojuq Merjanli de los distritos de Jabrayil.

Como resultado de este intenso bombardeo, la parte azerbaiyana dio a conocer una cifra de muertos y heridos entre civiles y militares como resultado preliminar.

El Grupo de Minsk de la OSCE emitió una declaración el 27 de septiembre en la que condena enérgicamente «el uso de la fuerza y lamenta la pérdida de vidas sin sentido, incluidos civiles» y hace un llamamiento «a las partes para que cesen las hostilidades de inmediato y reanuden las negociaciones para encontrar una solución sostenible el conflicto».

Armenia ha declarado la ley marcial y la movilización militar total. Azerbaiyán reaccionó de inmediato a esta embestida de las Fuerzas Armadas de Armenia mediante medidas de contraofensiva y, al momento de redactar este documento, el Ministerio de Defensa de Azerbaiyán anunció la liberación de seis aldeas en la dirección de los distritos de Fizuli y Jabrayil.

La provocación de septiembre fue el paso siguiente a los ataques del 12 al 14 de julio contra Azerbaiyán a lo largo de la frontera internacional en dirección al distrito de Tovuz. En julio, Azerbaiyán replicó que en el ataque armenio se habían perdido decenas de militares, entre ellos un general de división y un civil de 76 años. Sin embargo, dado que el ataque no tuvo lugar a lo largo de la Línea de Contacto, sino a lo largo de la frontera internacional en dirección al distrito de Tovuz que alberga numerosos proyectos de energía e infraestructura en las cercanías, estaba claro que Armenia está lista para ir en busqueda de la materialización de la promesa hecha por el ministro de Defensa, David Tonoyan, a principios de 2019, de librar «nuevas guerras por nuevos territorios».

Desde los enfrentamientos de julio, Azerbaiyán expresó advertencias de que espera provocaciones por parte de Armenia en cualquier momento a lo largo de la frontera. A pesar del respiro transitorio durante un par de meses, la situación siguió siendo tensa con violaciones esporádicas del alto el fuego. Como resultado, el 22 de septiembre Azerbaiyán informó la muerte de otros de sus militares a manos de las Fuerzas Armadas de Armenia.

Además, este período también estuvo plagado de provocaciones deliberadas por parte de Armenia. Este país intensificó sus actividades de reconocimiento y sabotaje a lo largo del frente y el 23 de agosto el Ministerio de Defensa de Azerbaiyán informó la captura del Teniente Primero Gurgin Alberyan, comandante del grupo de asalto armenio. En los últimos meses, el Ministerio de Defensa de Azerbaiyán también informó la destrucción de varios vehículos tácticos aéreos no tripulados de Armenia que intentaban realizar vuelos sobre las posiciones de las unidades del ejército azerbaiyano.

De hecho, los sucesos mencionados se convirtieron en la continuación de previas provocaciones. Esto también es cierto porque las provocaciones en el frente fueron acompañadas de provocaciones políticas, declaraciones nacionalistas y revanchismo cultural que el actual liderazgo de Armenia ha optado como curso de política exterior frente al conflicto entre Armenia y Azerbaiyán.

La lista incluye la infame declaración «Karabaj es Armenia y punto» de Nikol Pashinyan, que también fue acompañada por el rejuvenecimiento de una ideología revanchista de miatsum (unificación) en lo que respecta a la región de Nagorno-Karabaj de Azerbaiyán; la organización de las llamadas «elecciones parlamentarias y presidenciales» en los territorios ocupados de Azerbaiyán; y la visita de Pashinyan a la histórica ciudad azerbaiyana de Shusha en mayo de 2020 para participar en las celebraciones.

Shusha tiene una importancia cultural profundamente emocional, cercana a lo sagrado para Azerbaiyán, y que a lo largo de los siglos fue considerada la «cuna» de la cultura azerbaiyana. Sin embargo, el gobierno de Pashinyan parece importarle poco las repercusiones de sus actos. Aparte de visitar regularmente Shusha y realizar celebraciones, los dirigentes de Armenia decidieron asentar ilegalmente entre 100 y 150 familias armenias del Líbano en los territorios ocupados de Azerbaiyán, incluida Shusha, en contravención de las normas y principios del derecho internacional, y la Cuarta Convencion de Ginebra. Por otra parte, el reciente anuncio de los líderes del régimen ilegal en la región de Nagorno-Karabaj de trasladar el denominado parlamento a Shusha es sumamente provocador y se destaca como un ejemplo de revanchismo cultural empleado por el gobierno pashiniano.

Asimismo, a finales de agosto, Anna Hakobyan, esposa de Nikol Pashinyan, participó en un publicitado entrenamiento militar en los territorios ocupados de Azerbaiyán; su postura, que representa supuestamente a personas azerbaiyanas, se volvió viral en las redes sociales. Esto ocurrió apenas un año después de su famoso llamado a la paz. Desafortunadamente, esta postura militar de Anna Hakobyan no es nada nuevo ya que anteriormente, en 2018, Pashinyan y su esposa enviaron a su hijo a servir en los territorios ocupados de Azerbaiyán.

La lista de provocaciones organizada por la actual dirección de Armenia es bastante larga y no se agota en este escrito. Recientemente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Azerbaiyán emitió una declaración donde cita la lista de provocaciones deliberadas del gobierno pashiniano desde su ascenso al poder. Sin duda, la cadena de provocaciones intencionadas con respecto al conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, instrumentalizada por los dirigentes de Armenia, ya ha significado un duro golpe a las negociaciones de paz.

Esto es aún más evidente, ya que a principios de 2020 Armenia también rechazó la posibilidad de presentar documentación en la mesa de negociación, a pesar de que ambas partes, bajo los auspicios del Grupo de Minsk de la OSCE copresidido por Francia, Rusia y EE. UU., trabajan en «Los Principios de Madrid» para la resolución del conflicto desde hace más de una década.

Lamentablemente, los enfrentamientos de septiembre son una notoria continuación de los choques del 12 al 14 de julio, así como las provocaciones anteriores y subsiguientes por parte de los dirigentes en ejercicio de Armenia. A pesar de la ocupación de sus territorios durante más de tres décadas, Azerbaiyán mantuvo su compromiso con el proceso de paz y con la búsqueda de una solución negociada basada en las normas y principios del derecho internacional y las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad de la ONU (822, 853, 874, 884). Armenia ha estado incumpliendo abiertamente esas resoluciones durante aproximadamente tres decenios y la postura militarista-revanchista perseguida y demostrada rigurosamente por los dirigentes armenios en ejercicio no deja esperanzas de optimismo de que Armenia se comprometa con negociaciones de paz significativas de ahora en más.

Durante su discurso en la 75ª sesión de la Asamblea General de la ONU, el presidente Ilham Aliyev pidió la preparación de un calendario actualizado para la retirada de las fuerzas armadas de Armenia de los territorios ocupados de Azerbaiyán. También señaló que «las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU no son específicas sobre el tiempo. Estas resoluciones son válidas hasta que se implementen. La mala interpretación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU es inaceptable».

Lamentablemente, lo que estamos presenciando hoy en primera línea es una consecuencia directa de la mala interpretación y la falta de aplicación de las resoluciones mencionadas. En lugar de acatar las resoluciones jurídicamente vinculantes del Consejo de Seguridad de la ONU y prestar atención a los numerosos llamamientos y documentos relevantes de la comunidad internacional, los líderes de Armenia, tanto anteriores como, lamentablemente, también los actuales, optaron por explotar las sensibilidades a través de un intensificado nacionalismo, militarismo, populismo y revanchismo. Lamentablemente, este camino conduce a un estancamiento, a una mayor inestabilidad, a hostilidades militares belicistas y mortales, como las que ya hemos visto en julio y también en la actualidad.

*Esmira Jafarova es doctora en ciencias políticas (Phd) de la Universidad de Viena. Magister en relaciones internacionales y estudios europeos de la Universidad Centroeuropea (Hungría). Miembro de la Junta Directiva del Centro de Análisis de Relaciones Internacionales (AIR Center).

@JafarovaEsmira

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