Opina Zingoni: 17 de Octubre de 1945 contado por sus protagonistas (II)

OPINIÓN
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Foto: Archivo General de la Nación Argentina

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

*Segunda parte acerca de un hecho trascendente en la vida económica y social de la Argentina a través del relato del historiador y abogado Norberto Zingoni.

 

   

Lectura: 12 minutos

Sábado 13: lo detienen a la mañana temprano (hay distintas versiones, unas que lo detienen en la isla del Tigre y otras en su departamento de la calle Posadas) y lo llevan a Martín García. Perón no quería ser detenido y entregado a la Marina ya que hay riesgo serio de que lo maten. Sobre este peligro existen versiones que los distintos historiadores o testigos dan por ciertas. Es más, parece que se salvó de milagro en dos de ellos. Por esa aversión a la Marina, Perón es acompañado por Mercante al puerto donde lo embarcarían en una cañonera rumbo a la isla de Martín García.

Solicita a sus acompañantes, en especial a Mercante que «cuiden a Eva». Esto es importante ya que ─como vimos─ hay versiones que descreen de la participación de Eva en estos hechos de octubre.

Lo que ocurría es que había peligro cierto para la vida de Perón y Eva. Incluso hay una historia ─aceptada por los grandes historiadores José María Rosa y Vicente Sierra─ que afirma que Evita habría sido agredida en la Avenida Las Heras cuando descendía de un taxi y deformada su cara. El libro de Michelini relata una anécdota que se repetirá luego en la larga historia del peronismo: la excelente relación de Perón con la sub oficialidad de las FF. AA.: «Cuando Perón se trasladó de la cañonera a la lancha, la tripulación de la cañonera que estaba formada en cubierta con la mano baja al costado de las piernas, lo saludaba, moviendo las manos con todo disimulo; Perón les respondía con un saludo mano en alto. Al ver la reciprocidad del saludo el Comandante de la Isla lo hace entrar a Perón a la cabina de la lancha».

Se recibe en la isla la visita del capitán médico Miguel Mazza, visita que se repite el día domingo 14, para una revisión médica de Perón quién alega que tuvo (o tiene) una pleuresía y que el clima húmedo de la isla lo pondría en riesgo. El capitán médico, adherente al grupo de Perón, exhibe unas radiografías falsas e informa al general Ávalos de la necesidad de trasladar a Perón al Hospital Militar lo que así ordena el día lunes.

El propio capitán Mazza trae, secretamente, dos cartas de Perón fechadas ese 13 de octubre. Una dirigida a Eva y la otra a Mercante. La carta a Eva abunda en referencias cariñosas y en la idea de «casarnos y mandarnos a mudar». La reiterada advertencia a Eva es que se cuide. La que es interesante de releer es la que está dirigida a Mercante ya que entre líneas pueden leerse instrucciones de movilizar a los dirigentes sindicales: «Desde que me encanaron no hago sino pensar en lo que puede producirse si los obreros se proponen parar, en contra de lo que les pedí». Si los obreros se proponen parar… Es muy extraña esta reflexión de Perón, más bien parece una directiva que se corresponde con el mensaje a los empleados de la Secretaría de Trabajo cuando se despide, y que había sido repetido por la radio a todo el país, de defender los derechos sociales ya adquiridos y es coherente con la ultraactividad de Mercante (a quién Ávalos hace detener casi inmediatamente a la detención de Perón), y de los dirigentes sindicales adictos. «Le he escrito al General Farell pidiéndole que me acelere al plazo mínimo el retiro del Ejército que solicité y le ruego que usted me haga la gauchada de ocuparse de ello a fin de terminar de una vez con eso». ¡El retiro del Ejército! Dejar nada menos que ¡treinta y cinco años! de pertenencia al Ejército. La decisión con la que le pide a Mercante que se ocupe de su retiro del Ejército no deja dudas: Perón ya estaba decidido a asumir en exclusividad su carrera política. Quizá todavía no imaginaba cómo iba a reaccionar el otro actor del drama, el pueblo trabajador, pero su decisión es previa o al menos contemporánea de lo que se avecinaba por decisión exclusiva de sus protagonistas: el nacimiento de un liderazgo popular. La carta tiene también una referencia interesante referida a su detención. «Ellos olvidan que soy un soldado de verdad y que si no hubiera querido entregarme hubiera sido otro el procedimiento que habría seguido. Con todo, estoy contento de no haber hecho matar un solo hombre por mí y de haber evitado toda violencia». En 1955 Perón repetirá el argumento de evitar muertes por su culpa… lo cual es cierto en parte ya que la violencia desatada por la represión del golpe de 1955 se llevó por delante cualquier previsión de no violencia que hiciera Perón en tal sentido. Por último la carta contiene una curiosa referencia a algo que no había nacido todavía o, al menos, estaba en ciernes: el peronismo: «Salude a todos los amigos y en especial al “peronismo”», dice Perón. (Félix Luna, El 45).

Lunes 15: Hospital Militar: basado en el diagnóstico del capitán Mazza se ordena por Ávalos la internación de Perón en el Hospital Militar a lo cual se opone el almirante Vernengo Lima. El traslado desde Martín García se hace el martes 16.

Martes 16: Se propagan entre los trabajadores tres noticias: 1) Perón está preso y en peligro; 2) No sabemos dónde lo tienen preso a Perón. 3) Hay que rescatar a Perón. ¿Cómo se transmitió esta inquietud, cómo se difuminó este temor fundado de los trabajadores de que el grupo dominante anti Perón terminaría con sus conquistas laborales? Presumiblemente la información, previa a la movilización, circuló por los siguientes conductos:

  • por Eva Perón en sus contactos con la joven oficialidad del Ejército que recibía en su casa de la calle Posadas. Y en sus arengas-pedido-órden a los dirigentes sindicales que había conocido a través de Perón en su accionar desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.

  • por el coronel Mercante: su amigo, su compañero de la primera hora, incansable ladero. Tanto fue así el activismo de Mercante soliviantando a los dirigentes sindicales (a los cuales conocía tanto o mejor que Perón ya que su padre y su hermano eran sindicalistas) que la cúpula militar ordena su detención en Campo de Mayo.

  • por los dirigentes de los sindicatos y de las fábricas: Borlenghi, Bramuglia, y Cipriano Reyes que era segundo y en cierta medida opositor al titular del gremio de la carne, Peters, y que fue quién movilizó a los obreros de la carne por esos días. Cipriano Reyes tiene un papel importante pero no decisivo en la movilización. Moviliza, eso es cierto, a los obreros de la carne. Pero ¿y los demás obreros de los otros gremios? ¿Qué tiene que ver Cipriano Reyes con toda esa otra movilización que da cuenta y relata el excelente libro de Michelini, entre otros?

  • por dirigentes políticos, gente común que se iba sumando al incipiente movimiento peronista.

«Ese día (el 17 de octubre), con la información que se manejaba en todos los sindicatos, en las fábricas, la ciudad era un hervidero y de las vecinas localidades de Ensenada y Berisso llegaban los comentarios de los activistas que había que rescatar al coronel Perón, preso en Martín García y obligado a hacer abandono de sus funciones en el gobierno nacional». Este es el testimonio del jurista Norberto Blanco que ya adhería al naciente peronismo.

Hay algunos testimonios que será muy importante conservar para futuras investigaciones:

«La Comisión Intersindical fue el nervio y motor de la movilización general gestada a partir del sábado 13 de octubre, la que tenía la misión, además, de operar conjuntamente con los distintos comités de huelga constituidos en esos días», cuenta el historiador y político René Orsi. Relata cómo se fueron sumando muchos dirigentes sindicales a la movilización: Panelli y Cantú, María Roldán, del gremio de la carne, Ernesto Clave, telefónico, Manuel Bianchi, petrolero, Cipriano Reyes y algunos más de los Comités de Huelga de la destilería de YPF de Ensenada», cuenta Orsi.

Y José María (Pepe) Rosa relata el testimonio de Ángel Perelman:

-En Avellaneda y Lanús la gente se está viniendo para el centro.

-¿Cómo es eso?

-No sabemos quién lanzó la consigna, pero están marchando desde hace unas horas hacia Buenos Aires.

-¡Pero si la CGT (Confederación General del Trabajo) resolvió anoche que la huelga fuera para mañana! ¿Qué es esa marcha?

-La cosa viene sola. Algunas fábricas que estaban trabajando han debido parar, los hombres en vez de irse a sus casas enfilaban a la Plaza de Mayo. ¿Ustedes saben algo?

El propio Angel Perelman («Cómo hicimos el 17 de octubre») relata la misma historia pero agrega al diálogo antes citado la respuesta de los compañeros que lo iban a ver: «Lo único que sabemos es que Evita está en un auto recorriendo los barrios y difundiendo la orden del paro general».

Miércoles 17 de octubre. Hace su aparición el último actor del drama. El más importante, el sujeto de toda historia popular: el Pueblo.

Abelardo Ramos (político, historiador): Había, sin embargo, más allá de todos los grandes personajes de esta historia, de todos los almirantes, generales, próceres o cuasi próceres, antiguos embajadores y diputados de la Argentina oficial, otro actor del bullente proceso. Nadie lo conocía aún. Carecía de antecedentes y de domicilio preciso. No tenía nombre y su aspecto estaba lejos de ser presentable en una reunión de importancia. Pero este actor era el más importante del drama. Venía de abajo y su marcha era irresistible. Faltaban pocos días para conocerlo. Si había demorado en aparecer, lo cierto es que nadie pudo desde entonces olvidarlo jamás. («La era del peronismo»).

Scalabrini Ortíz (escritor, periodista): Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substracto de nuestra idiosincrasia y de nuestra primordialidad sin recatos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón («Yrigoyen y Perón»).

Leopoldo Marechal (poeta, ensayista): De pronto me llegó desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaba por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en seguida su letra: «Yo te daré / te daré, Patria Hermosa / te daré una cosa, / una cosa que empieza con P / Peróooon». Y aquel «Perón» retumbaba periódicamente como un cañonazo… Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la integraban; no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder…

Desde aquellas horas me hice peronista.

Ese día histórico se forjó la alianza indestructible entre Perón y el pueblo trabajador.

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