Opina Flombaum: Un país anómalo

OPINIÓN

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Foto: Guillaume DELEBARRE

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

Significado de anomalía: Desviación o discrepancia de una regla o de un uso. Defecto de forma o de funcionamiento.

Son muchos los que coinciden con esta caracterización sobre nuestro país, lo importante es determinar cuales son las anomalías para lograr un consenso y poder avanzar.

Nuestro país ni siquiera ha logrado la unidad en la consideración de su historia.

Reconocemos como nuestros máximos próceres a San Martin y Belgrano. El primero luego de sus proezas, al retornar a Buenos Aires, ni siquiera pudo intervenir en la construcción de la patria por la cual luchó, se exilió y murió en el exilio. El segundo murió en el abandono y la pobreza.

Recorramos la historia de otras naciones, difícilmente encontremos algo siquiera parecido a esta historia. Los próceres fueron conductores de las naciones en las que fueron protagonistas.

No es mi intención recorrer la historia, pero si dejar sentado que nuestras bases no ayudan a la conformación de una Nación.

Es anómalo que un país castigue, desde lo económico hasta lo cultural al sector productivo que más aporta a su economía. En lugar de ser el sector premiado en lo económico y presentado como ejemplar en lo cultural, se hace todo lo contrario.

Es anómalo que se premie a los sectores más improductivos, cuya riqueza se basa en protecciones y subsidios aportados por el conjunto del pueblo.

Es anómalo que los sectores con mayor poder en las instituciones sean las que se nutren del aporte del erario público y las que más aportan al mismo sean postergadas e ignoradas.

Es anómalo que lo mismo suceda con las provincias.

Es anómalo que la CGT que representa a los asalariados esté conducida por los sindicatos menos ligados a la producción de bienes y servicios y tengan preeminencia los sindicatos que representan a los trabajadores del estado.

Es anómalo que las familias tengan que recurrir a la educación y salud privada en un país que gasta lo mismo o más que la mayoría de los países que tienen salud y educación pública.

Es anómalo que un país destrate a su moneda al punto de no lograr que exista en la consideración de los consumidores.

Es anómalo que dos expresidentes que han demostrado su fracaso en todas las estadísticas públicas o privadas, sean considerados líderes políticos.

Podría seguir listando anomalías, pero la intención de estas líneas es establecer que la crisis que estamos viviendo y la que se avecina, que se prevé como de las peores de nuestra historia, sólo podrá ser punto de partida si logramos resolver la causa de nuestros fracasos.

El objetivo sería dejar el pasado de lado, todos, aprender a vivir con nuestra historia. Tomar los acontecimientos sucedidos con beneficio de inventario. No buscar culpables, no basar nuestro futuro en las consideraciones del pasado.

Hoy la Federación Rusa nada tiene que ver con el zarismo y menos con el comunismo y ha logrado una unidad hacia el futuro.

Lo mismo podríamos decir de China con la etapa imperial o la maoísta.

La Unión Europea se construyó sobre tendales de muertos en múltiples guerras.

Deberemos recurrir a aquello del «Nunca Más», pero no para desunir sino para unir.

De que sirve recurrir a la historia si en lugar de cimentar nuestro futuro lo dinamita.

Por supuesto que existen y existirán diferencias en cada una de las propuestas, eso fortalece, pero no será negando que el día es día y la noche es noche.

Aquí negamos la producción que produce, aquí hacemos de la hipocresía un modo de gestión.

Valoramos a los docentes y a los médicos cuando estamos en la oposición y cuando estamos al mando no modificamos nada que solucione sus problemas.

Hablamos de la buena administración cuando no administramos.

Hablamos de la defensa del consumidor en la tribuna y protegemos los monopolios y las normas que los perjudican cuando nos toca decidir.

Pregonamos los derechos de los niños y los convertimos en parias. Lo mismo con los ancianos.

Declamamos el derecho a la vivienda y cuando debemos resolverlo regalamos, a costa del conjunto, propiedades insustentables que se construyen sin planes de trabajo y hábitat.

El problema de Argentina es que la dirigencia que surge está divorciada de lo mejor de nuestra comunidad. Los que toman la política como parte de su vida lo hacen para resolver su sustento no el de los que pretende representar.

Los mejores deben tomar la responsabilidad de administrar la cosa pública, si no lo hacen queda en manos de los improvisados y los incapaces. Y esto es lo que ha pasado en nuestro país en los últimos 45 años.

Solo se puede lograr malograr un país como el nuestro si es conducido por ineptos y/o corruptos. De ninguna otra manera se puede lograr.

Es hora de que se aproveche la crisis por llegar para recoger el mazo y dar de nuevo, capitalizando lo bueno y lo malo, con un solo objetivo el bien común.

Hemos vivido décadas en el cual el objetivo de la oligarquía política era lograr el poder para quitárselo al opuesto, y en el transcurso de esa etapa acumular riqueza, mintiendo sobre el objetivo, decían que era para financiar la próximas batallas, pero en realidad era para objetivos personales.

En esa tarea inconfesable siempre tuvieron de cómplices a empresarios que bajo el pretexto de que: «o entregaban la coima o no trabajaban», se convertían en la pieza angular para que los incapaces se hicieran ricos.

Se habla de si los méritos son la base o no de la organización de la sociedad, como si ese concepto en si mismo significara algo.

Si el mérito es la solidaridad, el esfuerzo, la honestidad, la capacitación, el altruismo, el trabajo, es ordenador.

Si el mérito es el poder en si mismo, la arrogancia, la miserabilidad, la corrupción, la viveza no es ordenador es fracaso asegurado. Más allá de la riqueza personal que logren acumular.

Hoy caminamos por un desfiladero a un lado y del otro tenemos dos relatos. Uno de que esta crisis esta creada por los poderosos de siempre, que defienden sus intereses, del otro que el populismo pretende cobrar impuestos para repartirlos en los que no trabajan y los votan.

El objetivo debería ser salir del desfiladero sin ser parte de uno u otro relato y comprender que solo podremos construir una nación con un relato conjunto en el cual las diferencias sumen y no resten y den como en las últimas décadas suma cero.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Tozudez estructural de los políticos en Argentina

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