Azerbaiyán bajo asedio

AIR Center

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Foto: Ministry of defence of the Republic of Azerbaijan

*Escrito por Farid Shafiyev.

Lectura: 6 minutos

Desde el comienzo del renovado conflicto entre Armenia y Azerbaiyán hace dos semanas, aquellos medios de comunicación que han dado algo de lugar a los sucesos en el sur del Cáucaso, entre las noticias más «importantes» acerca del COVID-19 y la enfermedad de Trump, han repetido los mismos viejos clichés influenciados por estereotipos orientalistas e importantes «influencers» como las celebridades armenias y los pocos académicos occidentales que se especializan en el tema.

Esto no es nada nuevo. Hace casi treinta años, cuando Azerbaiyán estaba perdiendo territorios ante los ataques armenios, y a pesar de cuatro resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas exigiendo la retirada de las tropas de los territorios azerbaiyanos, los medios occidentales permanecieron, en el mejor de los casos, en silencio, o infundidos de sentimientos anti-azerbaiyanos. Lo que el investigador estadounidense Thomas Ambrosio denomina «el ambiente internacional permisivo» permitió a Armenia ocupar esos territorios azerbaiyanos.

Una de las razones de tal sesgo fue un trasfondo islamófobo promulgado por nacionalistas armenios que intentaban retratar el conflicto como religioso. Todos los principales medios de comunicación occidentales repitieron el mismo cliché sobre una lucha entre cristianos armenios y musulmanes azerbaiyanos, aunque los expertos saben perfectamente que la Armenia cristiana disfruta de excelentes relaciones con muchos países musulmanes como Irán. Recientemente, el dictador sirio Bashar Assad expresó su apoyo a Armenia, mientras que la Ucrania cristiana y el Israel judío están del lado azerbaiyano.

El conflicto en sí tiene sus raíces en el proyecto nacionalista armenio «Gran Armenia» del antiguo rey Tigran II, centralmente una ideología expansionista. Sin embargo, a través de una red de cabilderos y personalidades influyentes armenios, este concepto se presenta como una lucha por la autodeterminación. Este proyecto xenófobo ha traído miseria a casi un millón de refugiados azerbaiyanos, así como a miles de armenios desplazados.

Permítanme revelar cómo nos sentimos en Azerbaiyán cuando el presidente francés Emmanuel Macron, el representante (diputado) del Congreso norteamericano Adam Schiff y la celebridad Kim Kardashian cuentan sola versión de los hechos, ignorando no solo los principios fundamentales del derecho internacional (algunos de esos políticos y oradores probablemente no hayan oído acerca de ellos), sino también el destino de los humanos afectados por el conflicto. Probablemente viviendo en la sociedad de mayoría musulmana más secular del mundo, los azerbaiyanos están desilusionados con la idea de justicia de las democracias occidentales, algunas de las cuales han caído bajo la influencia de la islamofobia y el cabildeo étnico. Mientras tanto, los sentimientos de Azerbaiyán se endurecen con la determinación de luchar hasta que se haga justicia, se restablezca la integridad territorial y los refugiados hayan regresado a sus hogares. No hay confianza en los mediadores ─los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE, Francia, Rusia y Estados Unidos─ ya que los tres países tienen influyentes diásporas armenias.

Las noticias sobre el conflicto también se han centrado en la geopolítica, debido a las noticias de actualidad en Rusia y Turquía. Este enfoque ignora el problema real, que se encuentra entre dos países de la región: Azerbaiyán y Armenia. Este último alberga una base militar rusa y recibe cargamentos militares de Moscú, mientras que el primero tiene fuertes vínculos con Ankara. Sin embargo, como saben los expertos, la región estuvo durante dos siglos bajo el dominio ruso, y cualquier nuevo actor debe considerarse una influencia compensadora. En cambio, la discusión intelectual se convierte rápidamente en una imagen primitiva en blanco y negro.

Además, el viejo repertorio sobre la amenaza yihadista de Azerbaiyán perpetúa una «cruzada» narrativa ignorando el hecho de que Azerbaiyán se puso del lado de Estados Unidos y otros aliados occidentales en la lucha contra el terrorismo internacional en Afganistán y Oriente Medio.

Por último, pero no menos importante, el análisis sobre el conflicto también gira en torno a otro cliché bien nutrido: «democracia verus autocracia».

El conflicto, como se mencionó, tiene sus raíces en reclamos territoriales y se remonta por lo menos a la geopolítica imperial del siglo XX de la Rusia zarista. Los nacionalistas armenios y sus partidarios en Occidente han vilipendiado a todos los líderes azerbaiyanos, incluido el presidente Elchibey, quien promovió políticas pro occidentales pero, a cambio, fue castigado en 1992 por el Congreso de los Estados Unidos con la Sección 907 de la Ley de Apoyo a la Libertad, que restringe la ayuda a Azerbaiyán, que, como un hecho comprobado, había perdido territorios frente a Armenia.

Todos los líderes armenios antes del actual primer ministro Nikol Pashinyan tenían problemáticos antecedentes en derechos humanos. En lo que respecta al propio Nikol Pashinyan, sus eslóganes de «Revolución de terciopelo» se degradaron rápidamente al grito jingoísta de «Nagorno-Karabaj es Armenia». Bajo su liderazgo, Armenia ha abandonado el proceso de paz y los Principios de Madrid, elaborados durante más de una docena de años bajo los auspicios de los copresidentes del Grupo de Minsk. En una danza macabra impulsada por los populistas, el ministro de defensa de Pashinyan, David Tonoyan, declaró en marzo de 2019 una nueva doctrina militar: «Nueva guerra por nuevos territorios».

Azerbaiyán ahora está restaurando su integridad territorial, esa fue la demanda muy pública de la manifestación popular del 14 de julio de 2020. Los azerbaiyanos esperan un reportaje objetivo, no otro reality show al estilo de las Kardashian.

*Farid Shafiyev es Presidente del Centro de Análisis de Relaciones Internacionales (AIR Center); Profesor adjunto de la Universidad ADA (Azerbaiyán); Doctorado en Historia (Carleton University), Master en administración pública (Harvard Kennedy School).

@shafiyev_farid

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