Georgia entre Bruselas y Moscú

INTERNACIONAL

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Foto: OSCE Parliamentary Assembly

Lectura: 4 minutos

En medio de la crisis económica y la pandemia, el pequeño país del Cáucaso acude a las urnas. Para los analistas y expertos, está en juego el futuro eje de la nación, que oscila entre Europa y Rusia.

Desde el exilio, reaparece en escena el expresidente Saakashvili y la oposición lucha sin descanso para lograr la unidad. Para los sondeos, sigue a la cabeza el partido gobernante, mayoritario.

El 31 de octubre es la fecha. Los ciudadanos de Georgia, la pequeña nación del Cáucaso con 3,7 millones de habitantes, tendrán que acudir a las urnas para las elecciones generales. La jornada electoral anticipa un resultado incierto, en medio de la zozobra por la crisis económica y la pandemia del nuevo coronavirus.

Los analistas y los observadores internacionales siguen de cerca la votación para entender el rumbo que tomará la nación, si habrá de inclinarse por Europa o Rusia. En los últimos años el gobierno había desplegado un doble juego, si bien mostraba una política occidental, actuaba en función de los intereses de Moscú.

Para el expresidente y líder exiliado del principal partido de la oposición, el Movimiento Nacional Unido (MNU), Mikhail Saakashvili, estas horas son una oportunidad para un último baño virtual de multitudes, con partidarios que intentan agitar banderas nacionales rojas y blancas.

Reunidos en la plaza central de la capital, donde una vez estuvo la estatua de Lenin, intentan dar un empujón final al gobierno y al partido mayoritario Sueño Georgiano, dirigido por el multimillonario Boris «Bidzina» Ivanishvili, ex Primer Ministro en 2012.

En las últimas semanas, las principales encuestas daban el triunfo electoral a la coalición en el poder, gracias a su gestión de la pandemia Covid-19.

Sin embargo, el repentino aumento de los contagios en esta primera temporada de otoño (con 35.000 casos y 273 muertos) y la crisis económica, sumados a la corrupción generalizada y a la hostilidad de Bruselas y Washington, han hecho que las cartas se barajen de nuevo. Por tanto, el resultado de la carrera electoral sigue siendo incierto.

Según el analista político Gia Nodia, el partido gobernante «controla todas las palancas del poder y la justicia» y utilizará esta posición de fuerza «para golpear a la oposición». En caso de una derrota, sería «la primera vez» para el país.

Entre las novedades se destaca el intento de la oposición de estrechar filas y dar vida (por primera vez) a una formación unitaria, después de años de disputas y divisiones que han favorecido al partido mayoritario.

Entre los ciudadanos no faltan las críticas y acusaciones por las numerosas promesas sin cumplir, como el aumento de salarios y pensiones. Un manifestante, tras el anonimato, dice que «no han hecho nada» y que «hasta en la época de la Unión Soviética estábamos mejor», ya que hoy en día la jubilación es de 58 euros. «No podemos soportarlo más ─acusa─ no confiamos en la policía y tampoco en la justicia».

Para Nodar Kharchiladze, del Centro georgiano de Estudios Estratégicos (GSAC) de Tiflis, el partido gobernante dice no tener padrinos, pero en los hechos responde a los lazos con Moscú.

Una prueba de ello es el bloqueo del proyecto del puerto de aguas profundas en Anaklia, que habría reforzado la autonomía del país. El vocero de la réplica oficialista fue Téa Tsouloukiani, un partidario de larga data de Ivanishvili y exministro de justicia: «Hemos garantizado la estabilidad y, por primera vez, hemos logrado que la nación viva en paz».

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