Poder y Acuerdo, la opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

Poco a poco va creciendo la voluntad de acuerdo, algunos lo harán por especulación, otros porque es el único camino posible y otros por convencimiento, pero el acuerdo cada día está más cercano.

Debemos entender que no tiene la misma gravitación el acuerdo aquí que en otros países con grietas aun más profundas que la nuestra.

Aquí es acuerdo o precipicio.

Las últimas décadas nos enfrentaron a una realidad, gane quien gane el resultado es el mismo, más pobreza, más atraso, menos educación, menos salud pública, menos trabajo, más corrupción, menos esperanza.

Las grietas en el mundo, que son muy profundas debaten sobre cómo encarar el futuro, nosotros si lo tendremos.

Es común escuchar que el tema que define la primacía de un sector sobre el otro es el poder.

Parecería que el concepto de poder fuera algo en sí mismo, el poder por el poder mismo.

El poder es una herramienta, he visto a muchos de mi generación como se convertían en especialistas en consolidar el poder. Estudian los vericuetos en la comunicación, en las leyes electorales, en las triquiñuelas que garanticen más votos, en las alianzas coyunturales, etc. Todo por el poder.

Si uno les pregunta ¿el poder para qué? ¡Miran como no entendiendo, poder para ejercerlo! Es la respuesta más común. Otros con más pragmatismo dicen «es mi trabajo, si queres hablar en serio fuera de horario tomamos un café».

A eso hemos llegado en la generalizada anomia e inmoralidad.

Cuando uno confunde herramientas con el fin en sí mismo, el resultado es malo, con seguridad.

Un lugar común es repetir, «con el peronismo no se puede, ellos saben cómo conservar el poder», entonces intentan copiar. Resultado el mismo.

Lo único que tenemos que definir, y muy pronto, es si logramos sentar a todos los actores políticos, sociales y culturales en una mesa antes de la caída en el precipicio o después.

Será una mesa en donde todos deberán saber que van a perder. Todos aportan es la cara de la perinola de esa mesa. Nadie saldrá de ella con más de lo que llegó.

Insistir para que otros paguen el precio que uno debe pagar lleva al colapso.

No será la justicia la que resuelva la corrupción, ni sus consecuencias, sólo la decisión del conjunto de las instituciones lo puede resolver.

Pedirle a la justicia que encarcele a quien tiene un predicamento enorme sobre la sociedad es irreal.

Pedirle a un ministro de economía que resuelva el mal gasto público es irreal, debe ser una decisión del conjunto para determinar quién gana y quién pierde.

Pedirle a un ministro de educación que resuelva la crisis educativa es inútil, sólo se logrará con un acuerdo que ponga en valor la docencia y en caja al estatuto del docente para garantizar la preminencia de la educación antes que cualquier interés particular.

Pedirle a un ministro de vivienda que solucione el problema de la vivienda es estúpido, sin trabajo y un hábitat razonable no hay vivienda sustentable.

Pedirle a un empresario que pague más impuestos aquí que en otros países por misma actividad es irreal, solo un acuerdo logrará la reforma impositiva.

Pedirles a los sindicatos un orden lógico para que la economía funcione, tanto en los salarios como en las condiciones laborales, es imposible sin un acuerdo que garantice un futuro mejor para todos.

Blanquear la economía, para garantizar una recaudación razonable de impuestos razonables, es parte de un acuerdo que logre la voluntad de todos. El que negrea debe ser marcado como delincuente no como el vivo, para eso todo debe ser parte de un acuerdo que determine tanto los premios como los castigos.

La economía en negro en nuestro país es mucho mayor que la blanca, lo sabemos todos, cada vez que vamos a una verdulería o una carnicería, cada vez que contratamos a un plomero o un electricista. Cada vez que vemos que un monotributista factura como máximo en un año lo que gasta en sus vacaciones.

Todo es hipocresía, un cirujano cobra de la obra social un mínimo que no se corresponde con su trabajo ni con su responsabilidad, el resto lo gana por los proveedores de prótesis, drogas, estudios que realizan privados que le pagan en negro.

Todo se puede solucionar, pero se necesita la fuerza de un acuerdo de todos.

El país que conocí de niño y hasta mi adolescencia era un país normal, pero con una característica que lo diferenciaba, la capacidad de innovación del argentino se destacaba. Ante la corrupción y la inmoralidad de la clase política esa habilidad se utilizó para sobrevivir en el sálvese quien pueda.

Es hora de que la dirigencia pierda, todos juntos en una mesa, todos pierdan el poder por el poder, para ganar el poder para el bien común.

La única duda es, ¿será antes o después de la crisis?

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Preocupación y angustia

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