El gran debate por la educación, la opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: Wokandapix en Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Porque es políticamente correcto, gracias, Soledad Acuña.

Seguramente disentiremos en muchas cosas, pero el disenso suma, nunca resta.

Todos los gobernantes, sindicalistas, técnicos en educación y opinólogos del tema, deben abstenerse sino comienzan su opinión por una verdadera autocrítica.

No hace falta recurrir a estadísticas, ni a test alguno. Nuestra educación en las últimas décadas fue destruida.

Pensar en que la solución estará a cargo de los técnicos o en los docentes es un gran error o una demostración de la complicidad en el mayor daño realizado a nuestro pueblo.

Pensar en que es un tema de recursos materiales, presupuestario, nuevamente es una hipocresía. En las últimas décadas el aporte, respecto del PBI lo único que hizo fue aumentar.

La educación capotó en argentina porque las conducciones políticas de nuestro país convirtieron la administración de la cosa pública en un botín donde se repartían en complicidad los recursos públicos entre los políticos, los sindicalistas, los técnicos, los opinólogos y algunos empresarios amigos del poder.

Una nación sin rumbo no puede tener una educación con objetivos.

Es necesaria y políticamente correcta la discusión de la educación, pero en una primera etapa no deben participar ni los docentes ni los sindicatos, ni lo técnicos (aunque sean de la FLACSO), primero deben los gobernantes determinar un rumbo.

La agenda debe comenzar por trazar objetivos a largo, mediano y corto plazo, en ese orden. Luego determinar cómo se garantiza un salario permanente y super alto a los docentes. Para terminar, definiendo una nueva relación entre la educación privada y la pública.

En el caso de la educación siempre es pública, con gestión estatal o privada, pero es y debe ser regulada en los contenidos y orientada en los precios.

Tenía 9 años en 1958 cuando miraba absorto el alboroto en mi escuela, concurría al primario del Normal Nro. 1. Era la lucha entablada por los jóvenes en contra de la educación privada. No existía en esa fecha. Hoy llegamos a que el objetivo de cualquier familia es sacar a su hijo de la educación estatal.

Esto da para mucho análisis, pero el primero que debemos hacer es tener un diagnóstico común, ese diagnóstico debe ser de los gobernantes no de los actores del espacio.

No debemos cometer el error de Alfonsín. Recordemos lo dicho por el autor de la convocatoria al Congreso Pedagógico «El objetivo del III Congreso Pedagógico será reunir a docentes, estudiantes, padres, gremialistas, funcionarios y Partidos Políticos para debatir y hacer un diagnóstico presente y futuro del estado de la educación actual, con el fin de efectuar propuestas que contribuyan a la elaboración de políticas públicas. Ya es tiempo de que diferentes actores con roles distintos debatamos sobre la educación que nuestros niños, niñas y adolescentes deben tener para afrontar los desafíos del siglo XXI».

Pensar en que los sectores que participan de la educación deben ser parte de la decisión más importante de un país es un gran error conceptual de la gobernanza.

Ese gran error del gobierno, comprensible porque salíamos del autoritarismo de la dictadura, lo seguimos pagando a diario cuando todos quieren tomar parte de la decisión sobre que hacer con la educación.

Hay momentos para que la conducción de una nación tome una decisión y otro para que todos los que participan la enriquezcan y la lleven a la práctica.

Eludir la responsabilidad es casi un acto de traición en el caso de un gobernante. Eso pasa todos los años cuando se votan los presupuestos nacionales y provinciales. Es ahí donde se debe garantizar el salario del docente.

Pretender que un ministro debata todos los años el salario de los docentes es ridículo. No debe haber paritarias salariales en este sector. El estado debe garantizar un salario privilegiado para los docentes cuando se trata el presupuesto anual, y luego no hay más debate. De otra manera estaríamos aceptando que el cantito de todos candidatos es mentira cuando declaman sobre la importancia de la educación.

Eliminado el tema salarial y el tema de los objetivos a largo plazo de la educación se debe convocar a todo el arco educativo a trazar un plan para cumplir con el cometido.

En ninguna actividad se coparticipa de la decisión a aquellos que la practican. Ni a los médicos en la salud, ni a los trabajadores de la construcción en los planes de vivienda, como ejemplo.

En los gobiernos hay especialistas en cada materia, también en los partidos. Se puede recurrir a gabinetes de asesores o a las Universidades como respaldo.

La única posibilidad de desarrollo la tendremos si el Estado en su conjunto se compromete con la educación como objetivo, el siglo pasado los recursos naturales o económicos o de mercado eran los diferenciales. Hoy lo único que marca la diferencia es el recurso humano y el hábitat para el desarrollo de esos recursos.

Romper la complicidad y la hipocresía es el comienzo de la solución. La politización de la educación trajo como resultado que nuestros niños no sepan sumar, restar, comprender textos, asimilar los conocimientos básicos de física, química, geografía e historia, instrucción cívica básica, todos conocimientos en los cuales la política no tiene cabida.

Todos estudiamos en momentos políticos mucho más controvertidos que este, guerras mundiales, enfrentamientos violentos internos, guerra fría, etc. Sin embargo, la educación se desarrollaba aun con maestros de diferente ideología, pero de la misma vocación.

Basta, estas décadas se degradó la moral y la ética de la enseñanza y dejó sin vocación a los maestros.

Les dejo una frase de un amigo, Norberto Zingoni que aplica para la etapa que debemos afrontar, se refiere a la etapa de transición en España del Franquismo a la actual democracia.

«Semejante cambio no pudo ser posible sin dirigentes que pensaran en la próxima generación y no en la próxima elección; e inimaginable sin el aval de la soberanía popular». Norberto Zingoni.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

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