Un país rico en reservas, la opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: Flying Logos

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 8 minutos

Riquísimo en reserva de divisas, esas que los gobiernos y la prensa clama por que crezcan, discuten sobre ellas, pero las reservas están ahí, en los argentinos.

No hablo del viejo y gastado argumento de las reservas por nuestra pampa húmeda, ni por las de gas y petróleo, ni por los minerales, ni por la capacidad de nuestros recursos humanos.

Ellas existen a pesar de nosotros, otras han sido excelentemente desarrolladas por los productores, otras las perdimos por exclusiva responsabilidad de nuestros gobernantes.

Argentina debe ser uno de los pocos países del mundo que tiene dos PBI en ahorros líquidos, por supuesto no en los bancos ni en ahorros públicos. Es una reserva líquida fenomenal que nos permite tener alguna expectativa en un futuro venturoso.

Para comenzar a avizorar un comienzo en ese camino necesitamos imperiosamente que la dirigencia en general, la política en particular y toda la «inteligencia» técnica y profesional asuma que las instituciones argentinas por decenas de años van a tener que asumir que no pueden administrar esas reservas, solo podrán generar un marco para que ellas puedan ser usadas aquí y no en el exterior.

Mientras uno escucha hasta el cansancio que se quiere pesificar la economía, que se quiere encepar al dólar, que se quiere encorsetar al comercio exterior, que se quiere controlar la entrada y salida de divisas, que se quiere cobrar impuestos sobre impuestos, que se quiere generar una economía nacional basada en negar la realidad o peor en querer contradecirla, solo seguiremos retrocediendo.

Debemos acordar que atrás de cada monotributista que tiene un oficio o un comercio o un emprendimiento de cualquier tipo hay un potencial comprador de dólares para protegerse de la estafa del estado cooptado por una oligarquía dirigencial que también se protege de sí misma comprando dólares.

Salvo que pensemos que, un herrero exitoso factura solo el máximo de la mayor categoría del monotributo o el dueño de un comercio o un fletero que empezó con una camioneta y hoy tiene una camioneta mejor y un camión, que por supuesto maneja su hermano o primo.

Todos ellos y muchos más simulan que participan de la economía formal, pero en realidad en ella solo mueven un porcentaje mínimo de su giro total.

Todo es una hipocresía, los gobernantes hablan del peso y se protegen en divisas, los jefes sindicales, los pequeños, medianos y grandes empresarios, los profesionales y hasta los trabajadores que puedan distraer una parte de sus ingresos hacen lo mismo.

Pues bien, gracias a esa economía declarada informal pero que por su tamaño es en definitiva más formal que la supuestamente formal, es que tenemos algún futuro.

Ese futuro depende de que esa «informalidad» en lugar de ser combatida sea premiada, no por un blanqueo, después del último, no habrá otro exitoso, sino por incentivos reales y de largo plazo para que esa informalidad sea la formalidad.

No le pidan a los tenedores de dólares que los cambien a pesos, no los traten de estúpidos.

De esa manera se recuperará la participación de los ciudadanos en la cosa pública, que abandonaron en el mismo momento en que sintieron que ahí en lo público es donde se organizaba el atraco a lo privado.

Se habla del peligro de que el pobrismo, definido como la teoría de que el estado sostenido por los impuestos de los productores está destinado a repartirlos entre los pobres improductivos, se impondrá en nuestro país. Pues eso es imposible porque la «informalidad» se lo impedirá.

A cada avance del pobrismo se le corresponde con un nuevo crecimiento de la «informalidad» que huye del atraco.

Los gobernantes cada día gobiernan menos porque administran cada vez menos, es simple cuanto más crece la economía en negro más se achica la blanca que es la que administran los supuestos estados.

Por eso no tiene ninguna posibilidad de imponerse eso que se auto llama progresismo y que en realidad es lo más retrógrado que se haya conocido.

Ahora, si los aspirantes a dirigentes parten del supuesto que sólo poniendo a la economía informal como formal y a la supuestamente formal como la que hay que reformar para incorpórala a la otra, será el comienzo de un camino virtuoso.

Deberemos reformar desde esa economía «negra» toda la batería de leyes incumplidas en la realidad, o cumplidas por los que viven de lo ajeno.

Los que viven de protecciones, de subsidios, de monopolios y precios exorbitantes, los que viven de ese estado estafador que cada día tiene menos recursos reales para sostenerse y sienten el precipicio a su frente.

Es tan chico el espacio en que se mueven esos integrantes de lo «blanco» que se parecen a las cortes de los reinos en decadencia antes del nacimiento de las democracias occidentales.

Desde el rodrigazo de 1975 en adelante todo fue para peor, el estado pretendió de mil maneras intentar engañar a los que ya fueron estafados, muchos fueron cayendo en las trampas, el plan de Martinez de Hoz, el Austral, la convertibilidad, los cantos de sirena del kirchnerismo y del macrismo.

Si la producción es, por antonomasia, un servicio social, como lo es el comercio, no puede, por culpa del estado, convertirse en lo contrario. Eso es lo que pasó en nuestro país.

Se creó el mercado concentrador de frutas y verduras y a los quinteros les salía más caro venderlo ahí que producirlo, en el precio de los productos de primera necesidad los impuestos participan en más del 40% y los productores mueren.

Si queremos reconstruir nuestra relación entre lo público y lo privado lo primero que debemos hacer es comprender es que, cada acto de nuestra vida en comunidad es para beneficiarla, que el que hace algo que la perjudica es un antisistema.

En Argentina se muestra como modelo, en general, a aquellos que se desenvuelven en la economía blanca, como si pagar impuestos fuera un hecho virtuoso, lo virtuoso es servir a la comunidad con nuestra habilidad.

Resumiendo, y solo como un ejemplo, si las ferias de La Salada son capaces de llevar productos fenomenalmente más baratos a la comunidad, son más virtuosas que aquellos comercios que, abasteciéndose allí, venden tres veces más caro esos productos aduciendo que pagan impuestos.

Impuestos que no garantizan ni educación, ni salud, ni seguridad ni justicia. Casi todos esos servicios esenciales, la mayoría, debemos pagarlos aparte de los impuestos.

Es preferible perfeccionar el sistema de esas ferias que garantizan precios pagables para los que menos ganan, que defender la ineficiencia de los shopping que garantizan clasismo y discriminación.

Los modelos a seguir son aquellos que quieren apostar a la producción, hoy en el mundo la rentabilidad es poca, aquí podemos ofrecer una mayor, pero para eso debemos asegurarles que no administraremos un solo centavo de lo que ellos traigan, porque a las instituciones de nuestro país no se le cree.

La salida no esta ni en los inversores institucionales ni en los de países desarrollados, la salida esta en usar nuestras reservas.

Todo lo demás es relleno.

A todos mis amigos y lectores, felices fiestas, cuidémonos entre todos, en la pandemia solo estamos transitando la mitad de camino.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

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