Putin pierde aliado con nueva presidencia en Moldavia

INTERNACIONAL

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Presidente ruso, Vladímir Putin / Foto: Kremlin

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El pasado 24 de diciembre, vigilia de Navidad, asumió la presidencia la nueva jefa de Estado de Moldavia, la joven Maia Sandu que logró su victoria sobre el presidente saliente Igor Dodon.

Sandu alimenta las esperanzas no solo de la mayoría de los moldavos, sino también de muchos antiguos súbditos de los países del imperio soviético, con una victoria de inesperadas proporciones con el 58% de los votos.

Para los observadores políticos no fue solo el triunfo de los «proeuropeos» contra los «prorusos», o una revuelta «anti-Putinista» similar a las revoluciones recientes en Ucrania, Bielorrusia, Armenia y Kirguistán, que han sido definidas como «incendios en los bordes de Rusia».

Esa victoria ha sido un verdadero punto de inflexión en la conciencia civil de la sociedad moldava y el comienzo de un cambio que promete ser muy profundo estima la prensa occidental.

De hecho, el verdadero hito en la política moldava no consiste en estar orientada hacia Moscú, o hacia Bruselas o Bucarest, ni en mirar hacia el pasado o el futuro. La verdadera opción ha sido más bien entre dos tipos diferentes de política, entre el «Dodon colectivo» cargado de denuncias de corrupción y la «Sandu individual» que defiende políticas abiertas y transparentes.

Dodon representaba, y sigue representando, un sistema oscuro de gestión totalitaria, una corrupción generalizada en la que todos están unidos en el despilfarro de los dineros públicos.

Los oligarcas de los últimos años, como el más poderoso de todos, Vlad Plakhotnjuk ex presidente del Partido Democrático de Moldavia, siguen apoyando la orientación de Dodon hacia el Kremlin, para asustar a Bruselas con la «amenaza rusa».

La clase dirigente del país a menudo se ha comportado como un clan mafioso, como un grupo de interés donde la torta se reparte entre los parientes más cercanos, incluyendo también a los «parientes» de Transnistria y Odessa, en Ucrania del sur, el vecino moldavo.

Un ejemplo de este comportamiento fue la renuncia del gobierno de Ion Kiku en vísperas de la toma de posesión de Sandu, el 23 de diciembre, resultado de una intriga organizada por el mismo Dodon con Ilan Shor, un político que encabeza un partido personalista, empresario y secretario del Consejo de rescate del Banco de Moldavia.

Se trata de otro personaje bastante oscuro que escapó a los jueces huyendo al exterior sin dejar por eso de liderar su grupo de legisladores.

Sandu se ve obligada ahora a formar rápidamente un nuevo gobierno para evitar nuevas elecciones parlamentarias anticipadas en este convulsionado y pequeño país.

La oposición a Sandu todavía sigue envuelta en el histórico caso Landromat, lo que se ha llamado «la lavandería rusa», un sistema de blanqueo de capitales (más de 30.000 millones de dólares) entre Rusia, Moldavia y los países bálticos que el poder judicial local está investigando desde 2014.

En estos escándalos están involucrados de distintos modos tanto Plakhotnjuk como el mismo Dodon, considerado un títere de Moscú, que emergió del anonimato y entró en escena precisamente para tapar las huellas del escándalo.

Por eso el resultado de las últimas elecciones se atribuye a los «hombres nuevos», los representantes de la clase media urbana ajenos al sistema de corrupción de la última década, una generación de jóvenes enérgicos, sensibles a la reputación de su país, y también a los trabajadores migrantes, aún más interesados por el futuro del país, que votaron por Sandu en más del 90%.

Sin embargo, Dodon y sus secuaces no están dispuestos a abandonar el campo, y en vista de las posibles nuevas elecciones han pasado al contraataque.

El Parlamento, sobre el cual el expresidente todavía ejerce un fuerte control, ha tomado en los últimos días una serie de medidas populistas: transfirió el control de los servicios secretos del presidente al Parlamento, estableció el idioma ruso como «Iengua de comunicación entre naciones», dispuso la difusión de canales de televisión rusos y redujo la edad de jubilación.

De esa manera, Dodon confía en ganar las elecciones parlamentarias y ocupar el cargo de Primer Ministro con el apoyo explícito de Moscú, del que Dodon no parece avergonzarse a pesar de las numerosas críticas.

Pero incluso en Rusia hay muchos que ya no parecen muy entusiasmados con apoyar al impresentable expresidente. Si no estuviera de por medio la delicada situación de Transnistria, controlada por soldados rusos, el Kremlin podría llegar más fácilmente a un acuerdo con la nueva presidenta.

Otro artículo de interés: Moldavia se aleja de Putin

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