Requiem por expresidente Carlos Menem, escribe Antonio Calabrese

OPINIÓN

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Relaciones cercanas: presidente argentino, Carlos Saúl Menem y presidente norteamericano, Bill Clinton / Foto: Presidencia de la Nación

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 3 minutos

Hoy 14 de Febrero de 2021, partió hacia su último destino, la Historia, Carlos Menem.

Sin sus títulos, que los tuvo muchos, enfrenta ahora la muerte, como todos, provisto únicamente de su trascendencia en la memoria de su familia, de su provincia y de una nación que lleva poco mas de doscientos años de construcción independiente.

Un hombre de la democracia, que ostentó todos sus cargos públicos por elecciones populares y que conoció la cárcel, la prisión y el doloroso destierro en «El Impenetrable» durante las dictaduras.

Más allá de los usuales desacuerdos ideológicos o de las criticas políticas que cualquiera en esas circunstancias levanta, tuvo una personalidad relevante con la que dejó su sello en el país y en el momento que le tocó vivir.

Dueño de una personalidad seductora que, en la sencillez del trato, podía recordar el nombre y circunstancias que rodeaban a los demás a pesar de que pasara años sin verlos, haciendo sentir en cada encuentro que era un amigo de toda la vida.

Fue un hombre seguro de sí mismo, por ello se rodeo o eligió colaboradores que en las áreas designadas le podían superar en conocimiento aunque su liderazgo se mantenía intacto por sobre todos ellos.

En su concepción de la grandeza, terminó con la participación Argentina en los movimientos de «no alineados» o «tercermundistas», que según Sauvy eran quienes no estaban con el comunismo ni con el capitalismo occidental, o según Mao en los países de bajo PBI, de escasa relevancia o poder, debido a su pobreza, e intentó integrarla a un primer mundo.

Pero el país no estaba preparado para ello.

Hizo rezar a un Papa el «Padre Nuestro» al fin de una entrevista y en otra solucionó a un Presidente norteamericano un grave conflicto con los rehenes de esa nación secuestrados en Damasco.

Anécdotas que señalan un camino.

Fue el único que intentó cambiar, radical y estructuralmente, a su país después de décadas de control, dirigismo y estatismo, propio de los ideales de principios del siglo XX, lamentablemente sin éxito y con un final poco feliz por no adecuarse a las transiciones necesarias y a un oscuro manto de corrupciones que pareció envolver la tarea de los ejecutores.

Carlos Menen partió, pero dejó una luz que en el tiempo, tal vez, otros intérpretes con mejor fortuna, sepan esparcirla en un país que la merece, pues como siempre decía:

«Los mejores días serán los que vendrán».

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