La Génesis del Poder, escribe Hugo Flombaum

OPINIÓN

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Si van a representar intereses mezquinos o de las corporaciones, no los necesitamos, son caros y malignos.

Administrar el estado no es detentar el poder, no seamos ilusos, el poder es tal porque como su nombre lo dice, puede imponer su voluntad en algún espacio y en un determinado momento.

La historia del desarrollo del poder nos enseña que todo comenzó por la imposición de la fuerza, luego la combinación de esa con el poder económico y luego con la aparición de los estados la lucha cotidiana entre esa organización, la fuerza y el poder económico.

Se sucedieron guerras, se dibujaron diferentes fronteras.

La sociedad se fue organizando, los intereses se fueron multiplicando, acompañando la aparición de nuevos bienes y servicios.

Los trabajadores a través de su organizaciónes se convirtieron en un actor imprescindible.

Pero la fuerza y el poder económico se mantuvieron incólumes en el entramado del poder.

En una gran parte de occidente, con la libertad individual como columna vertebral, nacieron las diferentes formas de instituciones representativas que dieron origen a lo que se conoce como democracia representativa.

Hoy está en crisis ese sistema, la causa es la dificultad de organizar la representatividad en sociedades con territorios virtuales crecientes y con territorios geográficos difusos.

Esa crisis en la actualidad ocupa gran parte del debate de occidente.

Los poderes económicos se adaptaron al cambio más rápido que los institucionales, rompieron fronteras y establecieron un poder extraterritorial de gran poder.

Pero nuestro país agrega a ese problema sistémico su particularidad.

Desde 1975 las instituciones representativas por excelencia, los partidos políticos, perdieron toda relación con la representación.

Se dedicaron a buscar alianzas con los viejos y siempre presentes poderes, los que podían ejercer la violencia y los que detentaban el poder económico. Abandonaron a sus presuntos representados.

Las elecciones son una foto y de mal gusto, la realidad es que los gobernados son, en su mayoría, cada día más pobres, menos educados y con menos salud.

Los presuntos gobernantes sólo tratan de paliar la miseria con dádivas y consolidar sus intereses personales con los poderosos.

No son capaces de regular en beneficio de la gente, lo único que se les ocurre es generar barreras para cobrar peajes.
La razón, no representan a nadie.

Debemos definir representación, según Definición ABC «concepto de representación significa actuar en interés o en nombre de alguien. Sin embargo, si nos referimos a la política, la representación implica algo más, pues se trata de que unos gobernantes que representan a unos ciudadanos tienen que velar por el bien común del conjunto de una sociedad. En otras palabras, cuando los miembros de una comunidad seleccionan y eligen a algunos de sus miembros para que se hagan cargo de ciertas responsabilidades de gobierno, estamos hablando de la representación política».

Si los gobernados están cada día peor, los supuestos representantes no lo son.

Los partidos políticos se convirtieron en las organización de una protoclase oligárquica con intereses mezquinos y con el único poder que les da el detentar la lapicera para intermediar y cobrar el diezmo.

No nos confundamos, la crisis del mundo occidental es una realidad y el capitalismo tal como lo conocimos está cuestionado, pero nuestro país está muy lejos de ese debate, solo podremos participar de él cuando los representantes retomen el poder.

Mientras tanto seguiremos en este proceso de desinstitucionalización en el cual estamos inmersos, cada día la «informalidad» crece y la supuesta formalidad va capotando en crisis cada vez más recurrentes.

Estamos tan lejos que en nuestro país, en nombre de los pobres, en lugar de regular a los poderosos se atraca a los productores.

Se asalta económicamente a los únicos que producen sin subsidios, se los desprestigia en la cultura urbana por que se trasladan en una camioneta, mientras reciben con alfombra roja a los que a base de subsidios y de sueldos miserables producen aquí y atesoran en el extranjero.

Este es un año electoral, los encuestadores, sujetos de gran imaginación y mejor bolsillo, inventan nuevos candidatos, los medios los hacen conocidos y el día de las elecciones logran una foto que nada tiene que ver con la imposición del poder institucional de la mayoría.

Poco a poco el poder de la violencia, ya no organizada por el estado, pasa a manos de delincuentes y narcotraficantes, que pelearán el verdadero poder con los dueños del capital, que cada día esconden más, quedando en nuestro territorio sólo aquello que no se puede mudar.

La única ilusión que nos queda es que al igual que en el feudalismo, las bandas se maten entre ellas, y el pueblo mire el enfrentamiento en un sálvese quien pueda.

Sólo para ejemplificar y poner sobre la mesa el drama que vivimos, recuerdo que, mientras el gobierno persigue a empresas a las cuales, por un lado, les impone un precio y por otro las obliga a producir, las farmacéuticas aumentaron en promedio 300% sin que nadie ni un solo diputado diga una palabra.

Recuperar los partidos, incorporando las nuevas formas de representación es el camino. Ignorando a los ideólogos y consultores que viven de lo que roban de los restos de la vieja riqueza en extinción, emulando a los carroñeros.

Volver a recuperar la legítima representación de intereses objetivos para llevarlos a la lucha por el poder, sin perder identidad, es el camino.

Largo, pero seguramente exitoso.

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