Reina Isabel celebró la paz en Irlanda del Norte, que sigue inestable

INTERNACIONAL

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Foto: Number 10

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La reina Isabel II celebró el lunes la «paz continua» en Irlanda del Norte y llamó a mantener un espíritu de «reconciliación, igualdad y comprensión mutua» en la región británica, conmovida por gravísimos incidentes entre católicos y protestantes, que ha cumplido cien años desde su creación.

«El progreso político en Irlanda del Norte y el proceso de paz se acredita con buen criterio a una generación de líderes que tuvieron la visión y el coraje de poner la reconciliación por delante de la división», señaló la soberana en un comunicado. «Pero, por encima de todo, la paz continua es mérito de su gente, sobre cuyos hombros se apoya el futuro», agregó.

La monarca británica advirtió que el entendimiento «no puede darse por garantizado», y subrayó la necesidad de demostrar «fortaleza y compromiso», una fórmula que los analistas políticos entienden como previsión por nuevos disturbios y atentados.

«En mis numerosas visitas a Irlanda del Norte he visto esas cualidades en abundancia y espero continuar viéndolas en futuras ocasiones», recalcó Isabel II, que agradeció la «importante contribución» por parte de la vecina República de Irlanda.

El primer ministro británico, Boris Johnson, resaltó a su vez que el hito de los cien años desde que entró en vigor la ley que creó la región británica es una ocasión para «continuar construyendo un futuro mejor y aún más brillante para su gente».

El conflicto religioso, con una clara mayoría católica enfrentada al gobierno protestante de Londres, agregó el proceso del Brexit que Irlanda del Norte rechaza, y reclama continuar en la Unión Europea.

La ministra principal de Irlanda del Norte, Arlene Foster, anunció a fines de marzo su renuncia, víctima de una rebelión interna en su partido vinculada a las consecuencias del «Brexit» sobre la provincia británica. Su salida del cargo está prevista para fines de junio, mientras que el próximo 28 de mayo dejará de ser la líder del Partido Democrático Unionista (DUP).

«Es importante dar espacio a los responsables del partido para que en las próximas semanas organicen un proceso para elegir al líder», declaró Foster a través de un comunicado. «En cuanto sea elegido, trabajaré con el nuevo líder sobre la preparación de la transición», precisó la dirigente, de 50 años y partidaria de mantener la unión entre Irlanda del Norte y Reino Unido, uno de los puntos más sensibles de la controversia histórica entre ambas instituciones que al parecer no esta todavia saldada.

Durante las negociaciones sobre el «Brexit», Foster jugó un destacado papel gracias a la posición estratégica del DUP en el Parlamento de Londres, donde la formación garantizaba una frágil mayoría en el gobierno de Theresa May.

El DUP defendía una clara separación de la UE. Sin embargo, tras la aplastante victoria de los conservadores de Boris Johnson en las legislativas de 2019, el DUP perdió influencia y no pudo hacerse oír en las cuestiones que afectaban a su región.

La caída de Foster, la primera mujer en dirigir el DUP, fue causada por la rebelión de una veintena de diputados regionales y cuatro parlamentarios nacionales del partido, mayoritario en Irlanda del Norte, que firmaron una moción de censura contra su líder.

Su renuncia coincide con un período difícil para la región, donde el «Brexit» reavivó las tensiones comunitarias que dieron lugar a los «Troubles», las tres décadas de violencia entre católicos partidarios de la reunificación con Irlanda y protestantes, favorables a la corona británica.

Entre los motivos del descontento de la comunidad protestante-unionista con el liderazgo de Foster se destaca el protocolo norirlandés, incluido en el acuerdo del «Brexit» para mantener abierta la frontera entre las dos Irlandas, clave para sus economías, altamente interconectadas, tanto como para el proceso de paz.

A cambio, este mecanismo impone controles comerciales fronterizos entre Irlanda del Norte, dentro del mercado único comunitario, y el resto del Reino Unido, lo que es percibido como una amenaza a la integridad territorial por parte de los unionistas.

Esta nueva burocracia ha provocado también problemas de suministro de ciertos productos y ha acentuado el malestar de los sectores más radicales de los protestantes norirlandeses leales a la Corona británica, lo que ha desembocado en enfrentamientos con la Policía y la comunidad nacionalista-católica.

La capital Belfast fue protagonista en marzo y abril pasado de nuevas jornadas violentas, aunque de menor intensidad a las conocidas en el pasado trágico de la región.

No obstante, las autoridades se mantienen en alerta por lo que consideran una espiral de violencia que hace muchos años no se veía.

Así lo ha señalado el primer ministro irlandés, Micheál Martin, «tenemos el deber, por la generación del acuerdo y por las generaciones futuras, de no sumirnos en una espiral que nos devuelva a la época oscura de las matanzas sectarias y de las discordias políticas», advirtió en un comunicado.

Los manifestantes se enfrentaron entonces lanzando cócteles molotov y piedras a la Policía antidisturbios. La mayoría de los enfrentamientos se produjeron en la zona probritánica de Tiger’s Bay, al norte de la capital norirlandesa. También se registraron incidentes esporádicos en el área de New Lodge, según los medios norirlandeses.

En Lanark Way, una zona de mayoría unionista donde se han producido los peores choques a fin de abril, se colgaron carteles en la calle que pedían a los manifestantes no participar en protestas «como señal de respeto a la reina y la familia real», debido a la muerte del príncipe Felipe, esposo de Isabel II.

Esos mismos carteles advertían, según la prensa, que los actos de protesta continuarán una vez acabe el luto nacional, que concluirá tras el funeral del duque de Edimburgo.

La violencia se concentra sobre todo en las zonas unionistas de mayoría protestante, donde las consecuencias de la salida de la Unión Europea (UE) alimentan un sentimiento de traición y de amargura.

La violencia callejera comenzó el pasado 29 de marzo en zonas protestantes-unionistas de la capital, pero sus provocaciones han logrado que en los últimos días se extienda a barrios católicos-nacionalistas (partidarios de la reunificación de Irlanda), hasta elevar a 74 el número total de policías heridos, según un recuento oficial.

La Reina recordó al entonces primer ministro irlandés, Bertie Ahern, el exsenador estadounidense George Mitchell, y el ex primer ministro británico Tony Blair, artífices del Acuerdo de Viernes Santo del 10 de abril de 1998.

El pacto siguió a largas negociaciones y puso fin a décadas de violencia que cobraron la vida de más de 3.000 personas.

Otro artículo de interés: Amplio dominio de los conservadores en elecciones de Gran Bretaña

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