Repudio al presidente de Bielorrusia por caso del avión de Ryanair

INTERNACIONAL

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Presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko / Foto: Kremlin

Lectura: 7 minutos

El presidente de Bielorrusia Alexandr Lukashenko, para muchos observadores internacionales un títere de Moscú, defendió su rol en el caso del avión de Ryanair al que obligó a regresar a Mink con el propósito ─desmentido─ de detener a un opositor.

«Actué conforme a la ley al defender a las personas de acuerdo con todas la normas internacionales», dijo el miércoles Lukashenko en una intervención ante ambas cámaras del Parlamento y otras autoridades. El mandatario aseguró en el curso de una intervención que no fue retransmitida en directo que las afirmaciones sobre el caso del avión de Ryanair que fue obligado a aterrizar en el aeropuerto de Minsk por un caza MiG-29 es una «total mentira».

El mandatario recalcó que la misión del caza bielorruso era garantizar las comunicaciones y acompañar al avión en caso de situación críticas hasta que aterrizara. «El aviso de que había una bomba en el avión provino de Suiza», dijo Lukashenko. La Aviación civil suiza, ha desmentido, por su parte, tener conocimiento del aviso.

El mandatario insistió en que la tripulación del avión se comunicó con su compañía y con el aeropuerto de Vilna, su punto de destino, pero tomó la decisión de aterrizar en Minsk. En el aeropuerto de la capital bielorrusa, los pasajeros fueron sometidos a un control policial, en el curso del cual fue detenido el periodista opositor Román Protasevich y su pareja, la ciudadana rusa Sofía Sapega.

Los aliados del bloguero dijeron que el aterrizaje forzoso en Minsk tras despegar el avión en Atenas fue una operación de las fuerzas de seguridad bielorrusas para capturarlo. La comunidad internacional exige la liberación inmediata del periodista, incluido en una lista de extremistas por el KGB bielorruso, y de su pareja.

En respuesta a la «piratería» y «secuestro» del avión por parte de Minsk, la Unión Europea ha acordado ampliar las sanciones contra el régimen de Lukashenko, cerrar el espacio aéreo con ese país y recomendar a las aerolíneas europeas evitar el sobrevuelo.

«Nuestros detractores tanto dentro como fuera del país han cambiado los métodos de ataque contra el Estado. Han cruzado numerosas líneas rojas (…). Ya no es una guerra informativa, es una guerra híbrida moderna», dijo el presidente bielorruso.

Agregó que sus adversarios «han pasado de la organización de revueltas a una etapa de estrangulamiento». «Buscan nuevas vulnerabilidades y esto apunta no solo contra nosotros: para ellos somos un polígono de pruebas ante de lanzarse hacia el Este», dijo el mandatario, en alusión a que el próximo objetivo es Rusia.

Por su parte, el Kremlin sostiene que no hay ninguna razón para dudar de las explicaciones dadas por Bielorrusia, cuyas autoridades afirmaron que desviaron el avión de pasajeros hacia Minsk por seguridad, por amenaza de bomba, y no para detener a un disidente.

«El Kremlin no ve razones para no creer las declaraciones de los dirigentes bielorrusos», indicó el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov.

«Ahora hacen falta hechos, no palabras. Los líderes de la Unión Europea, el secretario general de la OTAN, los políticos estadounidenses: todos expresan su indignación por el secuestro del periodista bielorruso Roman Protasevich» analiza un experto europeo.

«Pueden sacudir la cabeza o mostrar su disconformidad en un tuit, pero ese tipo de cosas no impresiona en absoluto a dictadores como Lukashenko o Putin. Más bien, ponen a prueba regularmente hasta dónde pueden llegar en la persecución de disidentes e inocentes antes de que Occidente reaccione» afirma Midrag Soric, reportero jefe de DW.

«Lukashenko secuestró un avión irlandés, hizo despegar aviones de combate MiG y puso en peligro la vida de unos 170 pasajeros occidentales para arrestar a un crítico del régimen. ¿Qué más tiene que pasar para que la UE y Occidente finalmente actúen con determinación? Lukashenko no puede más que reírse de las “sancioncitas” anteriores, como el embargo de armas que Bruselas mantiene hasta ahora, como si Minsk dependiera de la compra de armas a Francia o Inglaterra. Las prohibiciones de viaje para un par de decenas de representantes del gobierno tampoco afectaron al régimen: en lugar de irse de vacaciones a Mallorca, van a Crimea. No, esta vez Occidente tiene que imponer sanciones que realmente duelan», afirma.

El experto continúa de esta manera, «Deben golpear a Minsk y también hacer reflexionar a Moscú. Porque una cosa está clara: Lukashenko no hubiera llevado a cabo este acto criminal sin asegurarse de que contaba con el respaldo ruso. No se atrevería a hacer algo así sin el apoyo de Putin. El régimen de Lukashenko se habría derrumbado hace mucho tiempo sin el apoyo militar, económico y político de Moscú. La clave para permitir que Protasevich y otros miembros de la oposición encarcelados salgan de prisión también está en Moscú. Los líderes de la UE deberían considerar esto cuando se reúnan en Bruselas para decidir sobre las “reacciones”».

El secuestro del avión muestra al presidente estadounidense Joe Biden cómo piensa realmente Moscú. Él puede aspirar, como dijo después de la reciente reunión de los máximos responsables de Relaciones Exteriores de Estados Unidos y Rusia, a unas «relaciones estables y predecibles» con el Kremlin. Mientras Putin continúe en la senda de la confrontación, no es más que un mero deseo. Las aventuras de Lukashenko planean sobre el encuentro planificado entre Biden y Putin. Quizás sería más honesto cancelar esta cumbre ahora o posponerla hasta que el régimen ruso esté realmente interesado en mejorar las relaciones con Occidente. Eso mejoraría la credibilidad de la política exterior occidental después de los años de caos bajo la administración Trump.

Mientras tanto, Occidente puede hacer mucho para mostrar a los que están en el poder en Minsk y Moscú que tienen que pagar un precio por secuestrar o asesinar a sus oponentes políticos. Especialmente cuando se pone en serio peligro a ciudadanos occidentales. Los histéricos gritos de guerra de los medios controlados por el Estado en el este deberían ser descartados por Bruselas por lo que son: una forma de distracción y amenaza. En definitiva, son la admisión de la debilidad de estos regímenes, que sobre todo temen a su propio pueblo.

Occidente tiene la ley de su lado. Es económica, militar y políticamente más fuerte. Ya es hora de que haga uso de esta fuerza, finaliza el experto de la DW.

Otro artículo de interés: Boicot de aerolíneas internacionales a Bielorrusia

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