Sesenta años del tristemente célebre Muro de Berlín

INTERNACIONAL

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Caída del Muro de Berlín en 1989 / Foto: Gavin Stewart

Lectura: 6 minutos

El opresivo régimen comunista de la República Democrático Alemana (RDA) sostenido por la Unión Soviética hasta la caída en 1990 quedó en el (mal) recuerdo como se evidencia en el comentario publicado por la DW.

Los berlineses contemplaron atónitos lo que ocurría a primeras horas de la mañana de aquel 13 de agosto de 1961. Fuerzas de seguridad de la República Democrática Alemana (RDA) acordonaron la frontera entre los sectores de las fuerzas de ocupación, tanto de Francia como de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Policías y miembros de grupos de combate arrancaron adoquines y comenzaron a formar barricadas y a montar cercos con alambre de púas. Solo pocos puntos de control permanecieron abiertos, casi todas las líneas del ferrocarril urbano quedaron cortadas. Berlín se dividió, y permanecería así por 28 años. La RDA amuralló a sus ciudadanos bajo el supuesto fallido de controlar los movimientos de la población.

Para el servicio de inteligencia germano oriental, conocido como Stasi, fue una suerte. A esa conclusión llegan Daniel y Jürgen Ast, al igual que Hans-Hermann Hertle, autores de un documental de la cadena de TV alemana ARD, en el que también participó DW.

El Muro de Berlín fue para la Stasi un «garante de poder». Indican que entre el 13 de agosto de 1961 y el 9 de noviembre de 1989, decenas de miles de agentes del servicio de inteligencia germano oriental tuvieron una sola meta: conseguir que el muro fuera inexpugnable.

Con ese fin espiaron a la gente, abrieron las cartas personales y vigilaron incluso a amigos y cónyuges.

El documental relata los mecanismos de la RDA y la importancia creciente del Ministerio de Seguridad del Estado (MfS), marco institucional de la Stasi. «Con el muro, el MfS ganó importancia», dice en el film el ex teniente coronel Harald Jäger, quien afirma que «la vigilancia se volvió cada vez más omnipresente».

El jefe de la Stasi, Erich Mielke, afirmó que «la situación tras el 13 de agosto demostró que erigir un muro protector antifascista para los ciudadanos de la RDA fue bueno y correcto. La clase obrera conquistó el poder para nunca volver a entregarlo».

La frontera interna se volvió cada vez más impermeable, sobre todo gracias al trabajo desembozado o sutil de la maquinaria de control de Mielke. Personas que intentaron escapar murieron bajo la lluvia de balazos de los policías fronterizos.

«Para nosotros eran traidores… Da igual cuales fueran los motivos, políticos o económicos, nada justificaba una huida», dice en el documental Jäger, que fue un hombre de la Stasi.

Quienes querían huir eran detenidos, terminaban en la cárcel o eran canjeados por divisas occidentales. Cuando se descubrían intentos de fuga, se controlaba a viajeros en la frontera o se reclutaba a «colaboradores extraoficiales», siempre estaban involucrados los especialistas del espionaje de la Stasi.

Solo dos meses antes del inicio de las obras, el gobernante de la RDA Walter Ulbricht había asegurado que nadie tenía la intención de construir un muro. Muchos historiadores piensan que, en realidad, quería cerrar la frontera en Berlín ya mucho antes.

El documental de TV ofrece una visión de lo que ocurría en el interior de la RDA. Hablan antiguos responsables de la Stasi y comentan grabaciones originales históricas que rara vez se han mostrado.

En los últimos días de la RDA, cuando el presidente soviético Mijail Gorbachov apostó por la glasnost y la perestroika, también el régimen germano oriental se vio bajo presión. «Todo lo que tuviera que ver con distensión era para nosotros extremadamente peligroso», recuerda el exoficial de la Stasi Günther Enterlein.

Entre 1961 y 1989, al menos 140 personas fueron asesinadas en el Muro de Berlín o murieron por causas vinculadas con el régimen fronterizo de la RDA. Una ironía de la historia: fue un hombre de la Stasi el que, el 9 de noviembre de 1989, abrió la barrera de la calle Bornholm y, con ello, el Muro de Berlín.

La República Democrática de Alemania, también conocida por su acrónimo, RDA, fue el segundo Estado alemán nacido el 7 de octubre de 1949, cuatro años después del final de la Segunda Guerra Mundial.

El primero, la República Federal de Alemania, o RFA, había nacido cuatro meses antes.

La división de Alemania reflejó las tensiones de poder de las potencias vencedoras en 1945. Por un lado, Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Por el otro, la Unión Soviética. Juntas, derrotaron el régimen fascista alemán. Después, los caminos se separaron.

Los aliados occidentales establecieron en RFA una democracia parlamentaria, mientras el líder soviético Yosef Stalin extendió su dictadura a casi toda la Europa del este.

Sus rasgos más característicos: economía planificada e inexistencia de estado de derecho, libertad de prensa y de movimiento. En estas circunstancias vivieron hasta el colapso de la Unión Soviética países como Polonia, Hungría, Rumania y la RDA, ideológicamente «democracias populares», en la práctica feroces dictaduras.

Dentro del llamado «bloque del este», la RDA era un caso especial, porque en su frontera occidental comenzaba la parte libre de Europa. Y, en mitad de su territorio, estaba la ciudad de Berlín, también dividida, el símbolo de la Alemania nazi de la que las cuatro potencias vencedoras reclamaron una parte. El oeste de Berlín era una isla de libertad en mitad de la Alemania comunista.

En la ciudad dividida, la diferencia entre el capitalismo de un lado y el socialismo del otro era especialmente palpable. Hasta 1961, el lado occidental absorbió más de un millón de personas huyeron de la deficiente economía y del clima ideológico opresivo de la RDA.

Con la contrucción del Muro, la vida en ambos lados se volvió cada vez más diferente. Eso cambió a nivel diplomático a partir de la década de los años 60, cuando se dio un acercamiento por la política de distensión iniciada por Willy Brandt, entonces canciller de la RFA. Por esa razón, el político socialdemócrata fue distinguido con el premio Nobel.

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