Acuerdo o Balcanización, escribe Hugo Flombaum desde Buenos Aires

OPINIÓN

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Foto: pxhere.com

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Argentina tiene certezas, aunque no lo creamos. Seguro que vamos camino a una nueva crisis, no tenemos moneda nacional, no tenemos un consenso respecto del camino que debemos seguir, los jóvenes menores de 25 años tienen un solo horizonte Ezeiza.

El fracaso de la generación que asomó a la política en los años 70 no es discutible, nacimos en aquel momento con un país con debilidad institucional, con inflación, sin unidad política, pero sin pobreza, sin deuda, con educación y salud pública. Luego de 45 años lo que teníamos lo perdimos, lo demás lo agravamos.

Tenemos debilidad institucional porque, aunque vamos a votar religiosamente cada dos años, no tenemos partidos políticos, tenemos una casta dirigencial que se maneja por los medios de comunicación y abusando de los recursos públicos. Las relaciones entre Nación y Provincias se basan en remesas de dinero, no en planes de desarrollo y educación.

A todo eso lo llamo debilidad institucional. Nos quedan algunas provincias que independientes del curso nacional han acordado, internamente, un plan y un horizonte, solo como ejemplo cito a Córdoba, San Luis, San Juan, Mendoza, Neuquén y Salta. Todas diferentes, pero con identidad y un derrotero.

Nuestro presente como proyecto de nación tiene un problema estructural de difícil solución, la dirigencia nacional en todos los órdenes expresa más a un grupo de administradores de negocios que a conductores de un colectivo social.

La dirigencia provincial y la municipal, cuanto más cerca está de la problemática cotidiana de la gente, más se obliga a relacionar su acción a la respuesta a las necesidades de la ciudadanía.

Por supuesto que hay de todo, están aquellos que se la pasan en las oficinas buscando regalías y aquellos que se dedican a desarrollar y fortalecer la comunidad que deben conducir.

Si a esta situación le sumamos el creciente desarrollo de economías informales que resuelven las necesidades básicas de los vecinos, evadiendo impuestos y normas nacionales, se torna la realidad mucho más compleja. Los intendentes y gobernadores deben cabalgar sobre la informalidad creciente y la formalidad necesaria para el desarrollo de sus comunidades.

El quiebre de nuestro país es profundo, sin un nuevo pacto que garantice una nueva arquitectura institucional que resuelva inconsistencias políticas, educativas, económicas y poblacionales no hay plan de desarrollo posible y sin plan no habrá Nación.

Cuando escucho a la dirigencia que nos llevó hasta aquí hablar de acuerdos de cinco o diez puntos para romper la grieta, pienso que eso es como dar una aspirina para curar una gangrena.

Creo que el camino será tortuoso, el marco internacional en el cual nos movemos es complicado, occidente se bate en una guerra tecnológica y comercial crucial, enfrenta a países que tomaron el capitalismo como modelo de desarrollo, pero con regímenes políticos autoritarios, ya no se puede debatir como en la guerra fría entre dos ideologías.

Hoy el diferencial pasa por la libertad individual, la integración de la raza humana en todos sus órdenes, género, valores, humanidad. La defensa del medio ambiente y la felicidad como meta.

Ya no es económica la pelea, China y Rusia están resolviendo el problema de la especialización y la integración económica de sus pueblos, pero sin libertad individual.

En ese marco Argentina tiene un solo camino, aunque hay algunos acostumbrados a vivir sin trabajar que piensen distinto, el camino es la alianza con occidente, es impensable una comunidad sin libertad en nuestro país, no tenemos ni la dirigencia ni la disciplina para lograr «éxito» en un marco autoritario.

Para reconstruir una dirigencia nacional hay dos caminos, uno es el desde el círculo del poder hacia abajo, otro es desarrollar una nueva dirigencia desde los territorios que tienen un acuerdo interno que plantee un futuro organizado e integrador.

Una alianza entre la dirigencia de las provincias y municipios con un sentido productivo y con comunidades comprometidas con ese presente y ese futuro, es posible.

El otro camino es imposible, porque está basado en individuos y no en procesos sustentables. No quiero aplicar subjetividades, no digo son buenos o malos, simplemente no son sólidos, dependen de la suerte que individualmente tengan.

Un proceso es virtuoso porque implica acuerdos entre diferentes para un objetivo común, el otro es vicioso porque a esa cúpula los une la complicidad de un grupo de intereses.

Muchas veces he sostenido que Argentina sin la Provincia de Buenos Aires desarrollada, no tiene futuro, ahora más que nunca es necesario que se logre la independencia política de la hermana mayor de nuestra nación.

La Provincia puede ser locomotora del desarrollo o salvavida de plomo. Hoy y hace mucho tiempo es esto último.

Toda la dirigencia de las provincias e intendencias, comprometidas con el desarrollo deben entender que de la independencia política de Buenos Aires depende su propio futuro.

Hace años que los vividores del erario ya sea funcionarios, empresarios y toda la dirigencia política y social improductiva se apoyan en la intervención política del conurbano para lograr junto con las provincias improductivas subsistir y dominar institucionalmente a nuestro fracasado proyecto nacional.

Todos los parásitos, hasta los medios de comunicación que viven de ellos, se inscribieron en ese proceso. Pero entre la «informalidad» y la autonomía de los más productivos se ven acorralados. Les queda poco para succionar y por agotamiento empezaran a comerse entre ellos.

Lograr la independencia de la Provincia de Buenos Aires debe ser el objetivo de los cordobeses, santafesinos, mendocinos, puntanos, salteños y neuquinos. O se logra, o se quedarán sin proyecto nacional que los contenga.

ARGENTINOS A LAS COSAS

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