Argentina y el peronismo, análisis de Norberto Zingoni desde Madrid

OPINIÓN

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Foto: Hernán Piñera

Por *Norberto Zingoni, escritor, abogado, exjuez, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

 

 

Lectura: 6 minutos

Argentina y el Peronismo: dos destinos paralelos que llegan a su fin

Creo que el destino del peronismo corre paralelo al destino del país: un país sin terminar, un país inacabado, en suma, un país fallido. Una frustración difícil de entender para propios y extraños. Aunque quizá ambas frustraciones ─la del país y la del peronismo─ no sean más que una sola y única frustración nacional de un destino que no fue. Pese a lo mucho que ambos, la Argentina y el peronismo, prometían.

 

El peronismo que no fue

Junto con el país siempre promesa tuvimos un movimiento nacional y popular prometente que forjó 13 años de realizaciones, en especial para la clase trabajadora, sufrió 17 años de ostracismo y proscripción; y, a partir de 1983 empezó una decadencia que se arrastra hasta nuestros días. Los peronistas transformamos (hay distintas gradaciones en la responsabilidad según el poder que haya tenido cada uno) un movimiento nacional y popular en una maquinaria de poder despiadada y amoral. Nacimos por una decisión de un pueblo que quería ser protagonista y un líder que aceptó guiar esa decisión popular. El 17 de octubre de 1945 hubo un pacto tácito con el ciudadano: mientras defiendas mis intereses apoyaré al peronismo. El pacto se rompió hace ya muchos años. Y está a punto de consumarse el divorcio definitivo dentro de pocos días y en las elecciones generales de 2023. Si el pueblo deja de votar y apoyar al peronismo quedará solo una cáscara vacía. Llena de arrogantes y fatuos mariscales de la derrota.

Cegados por el poder olvidamos, entre tanta amnesia, lo que decía Scalabrini Ortiz cuando la reforma constitucional de 1949: «El peronismo gobierna y legisla prioritariamente para los que no tienen protección. Los poderosos tienen su propia fuerza en su dinero y su poder, no necesitan gobierno ni legislación que los ampare». Gobierna y legisla prioritariamente para los pobres… Diez millones de pobres es la respuesta del peronismo actual a uno de los fundadores del peronismo.

En los últimos años (desde 1983 es más evidente) hubo alejamiento, olvido, y muchas veces transgresión del peronismo original o de algunas de sus características constituyentes. Sólo un «parecido de familia», una liturgia vacía. Solo algunos rasgos hacían recordar al peronismo original de 1943/1955. Pero la «marchita» cantada a viva voz y con los deditos en V por dirigentes desprestigiados ya no alcanzaba. La gesta del peronismo original había quedado muy atrás. Sin este olvido de los peronistas de su origen, de sus luchas primeras a favor de los pobres, de sus proscripciones y persecuciones antidemocráticas (1955/1973 – 1976/1983), sin esa amnesia selectiva no se podría explicar que gobiernos llamados peronistas toleren la pobreza extrema, el desamparo de los niños, el aumento de la deuda externa, la venta del patrimonio nacional, la corrupción, etc.

 

El país que no fue

Ortega y Gasset volvió a la Argentina en 1928 y a través de dos ensayos, La Pampa… Promesas y El hombre a la defensiva, intentó descender a las profundidades del alma argentina. Una de sus conclusiones era que quizá lo esencial de la vida argentina sea ser promesa. Vio antes ─mucho antes─ lo que iba a pasar con aquella Argentina promitente: que se iba aquedar en promesa. Y que cuando las promesas no se cumplen, queda el hombre argentino inerte e inerme. Sin armas, y lo peor, sin alma. Así entonces, el alma argentina se llena de promesas y sufre de un descontento radical. y es por eso que en el argentino predomina, como acaso en ningún otro hombre, esa sensación de una vida evaporada sin que sea advertida. Y para la misma época, quizá como vislumbrando lo que iba a pasar, Eduardo Mallea dijo aquello de: Argentina, una pasión inútil. Es lo que sentimos los que pertenecimos a la generación de los años 70. Nosotros vimos pasar nuestra vida entre golpes de estado, la soberbia armada, locos del poder, demagogos y autoritarios que «van por todo», o inútiles que no saben para que llegan al poder. Todo ello espolvoreado con corrupción y muerte. En suma: un viaje hacia la nada.

Cualquiera sea el resultado de la elección de noviembre Acta est fabula (la función ha terminado) como decían los romanos al final de la obra.

Al día siguiente de la elección la pobreza, la corrupción, la inseguridad seguirá igual. No va a ser fácil para esta última camada de dirigentes hundir más a la Argentina de los diez millones de pobres o de la inflación tipo alemana de la preguerra. Con lo que se ve alcanza. Por eso hay una sensación ─una certeza para otros, entre los que me cuento─ de que «la festa é finita», como decían los italianos cuando comenzó el mani pulite que metió en galera una generación de políticos y empresarios. O dicho en argentino: esta partida está terminada, hay que barajar y dar de nuevo. No hay parches que valgan. Una o dos generaciones hemos fracasado. Dejamos un país peor del que recibimos. Sólo una férrea decisión de la sociedad puede empezar a cambiar las cosas.

Difícilmente el peronismo pueda recomponerse de un vacío popular. Sin Partido organizado, con un Movimiento errático y sin líder, sin elecciones internas que legitimen a sus dirigentes, sin Tribunal de Disciplina que sancione a los corruptos y, lo más importante, sin el voto de la gente y sin la mística de los primeros tiempos, será difícil, casi imposible recomponer al peronismo. Solo quedará un ocaso digno.

Hay peronistas en el gobierno y en la oposición, en los gobernadores y en los opositores a los gobernadores, en los intendentes y en la oposición a los intendentes, en los demandados y en los que demandan. Hay dirigentes peronistas en todos lados. Eso no se extinguirá fácilmente de la escena pública. Lo que está a punto de extinguirse es el peronismo… si el pueblo deja de seguirnos y votarnos.

 

*Norberto Zingoni es autor de: El peronismo y el enigma del país inacabado.

Otro artículo escrito por Norberto Zingoni: La función ha terminado

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