Memoria y olvido del Peronismo (II), por Norberto Zingoni

OPINIÓN

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Presidente Arturo Frondizi camino a Casa Rosada / Foto: getarchive.net

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, exjuez, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

Lectura: 13 minutos

Frondizi e Illía: víctimas de los golpes militares que querían «desperonizar el país»

Desde el golpe de 1955 el peronismo estaba proscripto y no sólo Perón no podía participar en ninguna elección, sino que tampoco el partido peronista podía ser votado por el pueblo (que era mayoritariamente peronista, ganó en todas las elecciones desde 1946 a 1974). A lo que habría que sumar la detención o el exilio de muchos de sus dirigentes. Y los fusilamientos de los generales Valle y Cogorno y otros dirigentes peronistas en 1956. Es decir, una persecución en toda la regla.

Para obviar la proscripción el periodista Ramón Prieto, Rogelio Frigerio y John W. Cooke gestionaron un acuerdo entre Perón y Frondizi para que en las elecciones de 1958 el peronismo votara a Frondizi. Bastó alguna carta de Perón desde el exilio pidiendo el voto para Frondizi para que la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) triunfara en las elecciones. Entre las condiciones del Pacto Perón-Frondizi estaba la legalización del Partido Peronista. Cuando Frondizi lo intentó fue depuesto. Aunque también influyó en su caída la firma de los contratos petroleros con los EE. UU. para la explotación del petróleo, contratos que luego fueron derogados por el presidente Illía.

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Arturo Frondizi (segundo de izquierda a derecha) junto a Juan Domingo Perón / Foto: picryl.com

En marzo de 1962 Frondizi autoriza al peronismo ir a elecciones. El peronista Andrés Framini es elegido gobernador. La victoria peronista en importantes distritos y la nueva debilidad que traía al gobierno constitucional la pérdida del control del Congreso y de más de la mitad de las provincias terminó de desangrar la relación de Frondizi con las Fuerzas Armadas; Frondizi se negó a la anulación de las elecciones, entre otras cosas que le exigían las Fuerzas Armadas. Tan solo diez días después, se produjo el golpe de estado militar que forzó la detención de Frondizi y su separación del cargo.

La decisión de las fuerzas armadas era «desperonizar el país» por lo cual el gobierno de Frondizi (y todos los gobiernos hasta 1973) estaba entrampado entre la violencia golpista de las fuerzas armadas y la rebelión del pueblo peronista proscripto. En esas condiciones poco pudo hacer. Probablemente hubiera podido ser un gran presidente. Al igual que Illia. Pero en condiciones normales y no en ese estado de semi dictadura que existía con la mayoría del pueblo proscripto y los golpistas acechando.

 

Arturo Illia
Luego de otro período de anormalidad democrática, Arturo Illia, presidente del partido Radical, es elegido presidente de la Nación en 1963 con el 25,15% de los votos. El peronismo proscripto dividió sus votos entre el frondizismo declinante (UCRI, 16,42 %) y los votos en blanco (¡19,42%!).

Más allá de la honestidad y calidad humana de Illia, que a no dudar hubiera sido
un gran presidente, los golpes de estados fueron minando la calidad democrática del país.

En 1963, Illia anuló los contratos petroleros que había firmado Frondizi con las compañías extranjeras —la mayoría de los Estados Unidos—, hecho que enfadó a los estadounidenses y a las Fuerzas Armadas, afines a los intereses foráneos. También puso controles de precios para la carne, hecho que descontentó a la Sociedad Rural Argentina.

En agosto de 1964, el comandante en jefe del Ejército, Juan Carlos Onganía,  motoriza ¡otro golpe de estado! La mañana del 28 de junio, tres militares, junto a la Guardia de Infantería de la Policía Federal Argentina, echaron a Illia de la Casa de Gobierno; se produce primero una tensa discusión cuando Arturo Illia enfrenta a los militares sublevados. Que demuestra que el poder no estaba en las Instituciones sino en las FFAA:

General Alsogaray: Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe.

Presidente Illia: El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo; mi autoridad emana de esa Constitución, que nosotros hemos cumplido y que usted ha jurado cumplir. A lo sumo usted es un general sublevado que engaña a sus soldados y se aprovecha de la juventud que no quiere ni siente esto.

General: En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que abandone este despacho. La escolta de granaderos lo acompañará.

Presidente Illia: Usted no representa a las Fuerzas Armadas. Sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted, además, es un usurpador que se vale de las fuerzas de los cañones y de los soldados de la Constitución para desatar la fuerza contra el pueblo. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos que, como los bandidos, aparecen de madrugada.

No hubo caso. Otro presidente derrocado por las Fuerzas Armadas.

Conclusión: Los golpes de estado condicionaron todo el proceso político desde 1955 a 1973. Muchas veces con anuencia ─cuando no participación─ de sectores de la sociedad civil. No tienen derecho aquellos comunicadores que simplifican los hechos históricos a dar a las nuevas generaciones versiones adulteradas de la memoria histórica. Desde los hechos que estamos comentando (1943/1973) han pasado tres o cuatro generaciones. Por tanto, pocos testigos presenciales quedan de esa época que puedan dar fe de los sucesos. Razón de más para acudir a la investigación histórica antes de arrojar acusaciones que no son más que opiniones controversiales de quienes las vierten.

Otro artículo escrito por Norberto Zingoni: Memoria y olvido del Peronismo (I)

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